“El mejor programa social es un empleo”, emplazaba el candidato republicano a la presidencia de EEUU, Ronald Reagan, en una frase que lo hizo famoso el año 1980. Un énfasis que se transformó en mantra fue configurando una convicción y sustento que fue dando forma a uno de los gobiernos más exitosos de la historia contemporánea. Ayer y hoy, la clave para los gobiernos está en priorizar al empleo como la mejor palanca de mejora en la calidad de vida de las personas, pero la clave no está en el discurso, sino en el cómo crear las condiciones básicas para que el empleo se convierta en el motor de transformación social deseado.
Hace unos días, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) entregó una preocupante señal en donde emplazaba un desempleo de un 9,4% y una informalidad de un 27%. Las cifras son alarmantes en un contexto en donde seguir con más de lo mismo sin darle sentido de urgencia podría incluso hacer que el desempleo llegue a los dos dígitos, ante lo cual debemos actuar. Es más, anticipándose al informe del INE, en la Cuenta Anual, la presidenta de Sofofa, Rosario Navarro, cerró con un llamado a que “el mayor riesgo no es una crisis repentina. Es acostumbrarnos”.
Porque lo que está pasando en el mercado laboral chileno no es una estadística abstracta. Es una emergencia con nombre y apellido en Chile y nuestras regiones. La Radiografía Laboral recientemente publicada por Sofofa lo dice con datos duros: en el trimestre febrero-abril de 2026, el empleo formal privado cayó en 39.000 personas a nivel nacional. Segmentando el número, los jóvenes de entre 20 y 34 años acumulan una caída de empleo formal cinco veces más rápida que los adultos. En paralelo, el Observatorio de Contexto Económico (Ocec) de la UDP señala que, mientras los empleos que derivan de aplicaciones de plataformas digitales aumentan en 70.772, los empleos que no vienen de aplicaciones digitales retroceden en 612 año a año.
En un contexto de cambio de IA y requerimiento de capacidades afines, la clave está en cómo contribuir con propuestas concretas y de alto valor ahora. En Sofofa ya tenemos un diagnóstico que está disponible para contribuir con una propuesta laboral de ”Trabajo 3x3”: tres años, tres ejes, compromisos concretos y verificables.
El primer eje es educación y reconversión: queremos que un millón de trabajadores desarrollen habilidades para el mundo de la inteligencia artificial en tres años. No está dirigido a aquellos que ya están bien posicionados, sino a aquellos que quieren capturar las oportunidades de mejora en la IA. Ya vamos en 133.000 personas capacitadas con “Hazlo con IA”.
El segundo eje es inversión. Nuestro “Monitor de Ineficiencia Permisológica” muestra que los atrasos cuestan hoy US$289 millones al país, en donde el compromiso es simple: Hay 214.000 empleos paralizados en proyectos por más de U$100 mil millones, donde, focalizando 100 iniciativas, se moviliza el 87% de esa inversión.
El tercer eje es regulación pro-empleo con reglas que promuevan la contratación formal. Propuestas concretas: indemnización a todo evento para eliminar la incertidumbre que paraliza las contrataciones; eliminación del umbral de 20 trabajadoras para sala cuna; contratos por hora para incorporar a quienes hoy trabajan en la informalidad porque el sistema formal no les ofrece opciones. No es flexibilidad para precarizar: es modernizar para fortalecer e incluir.
La convicción de Reagan no le permitió ganar una elección, sino promoviendo el rol fundamental de la empresa en la sociedad; pudo incluir a millones de personas para que fueran parte de lo que probablemente ha sido el ciclo de crecimiento y mejora en la calidad de vida más grande de la historia contemporánea. Este desafío no se desarrolla haciendo más de lo mismo, sino creando la urgencia, promoviendo el crecimiento y articulando propuestas concretas que estén alineadas con el fundamental rol del sector privado como motor social de los empleos de calidad que Chile puede generar.
*El autor de la columna es consejero de la Sofofa
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