Damasco/Tartús, 31 ago (EFE).- El murmullo de los viajeros resuena nuevamente en las calles del casco antiguo de Damasco desde la caída del anterior presidente, Bachar al Asad, tras años de silencio y la desaparición del país de los mapas turísticos a causa de las sanciones y la guerra civil.
En el primer semestre de este año, el sector turístico sirio ha registrado su mayor crecimiento en más de una década, con 3,52 millones de visitantes, más del doble que en el mismo periodo del año anterior.
A las puertas del zoco Al Hamidiyah -el más grande de Siria, ubicado en la antigua ciudad amurallada de Damasco- y en los alrededores de la Mezquita de los Omeyas, la más importante del país y una de las más importantes para la tradición islámica, las imágenes de pasillos vacíos han dado paso al trasiego constante de grupos internacionales.
Según la Autoridad de Estadística del Ministerio de Turismo, las llegadas totales aumentaron un 111 % respecto a 2025.
El repunte lo lidera el turismo extranjero, que se disparó un 448 % hasta alcanzar las 719.000 personas, con Turquía como principal emisor, seguida de Alemania, Suecia, Estados Unidos y el Reino Unido.
El cambio de perfil se percibe sobre el terreno no solo en Damasco, sino también en destinos costeros como Tartús, donde los viajeros occidentales comienzan ya a ser una estampa habitual.
"Hace un año nunca hubiera imaginado que estaría paseando por Tartús; ni siquiera aparecía en el mapa turístico", comenta a EFE Nick, un turista estadounidense que decidió sumar Siria a su itinerario tras enterarse de la nueva coyuntura política del país.
Junto a los visitantes internacionales, el sector se apoya en los 2,13 millones de expatriados sirios que han regresado de visita -un 75 % más que en 2025- y en los 664.000 viajeros procedentes de países vecinos como Jordania, Líbano e Irak, cuyas llegadas se han duplicado con creces.
Para los guías locales, la metamorfosis de la capital es más que palpable.
"El verano pasado solía ver uno o dos grupos de extranjeros a la semana. Ahora es casi diario, a veces tengo dos o tres grupos en una sola tarde", explicó a EFE un guía que lleva más de una década recorriendo la ciudad vieja.
"Antes trabajaba sobre todo en árabe, muy poco en inglés. Ahora estoy desempolvando el alemán y recibiendo peticiones que antes nunca me hacían: la gente me pregunta por la historia de la mezquita o la arquitectura del zoco, no solo quiere fotos", añade el guía, quien destaca que las reservas de agosto ya no se cancelan por el calor ni por el miedo.
La reactivación ha propiciado el nacimiento de nuevos negocios. Entre ellos, el de Fayez Nseir, quien fundó a principios de año Famille Travel, una agencia con sede en Damasco que diseña circuitos por el país y la costa de Latakia -al noroeste de Siria, a orillas del mar Mediterráneo-.
"Hace seis meses esto habría sido impensable", asegura Nseir. "Ahora observamos una curiosidad genuina por parte de viajeros que habían descartado por completo el país. Ese cambio hizo que emprender pareciera un riesgo que merecía la pena", añadió.
Para formalizar este crecimiento, las autoridades turísticas ultiman acuerdos de inversión orientados a resolver los problemas de infraestructura y la escasez de plazas hoteleras que aún condicionan al sector fuera de las grandes ciudades.
Ahora la meta a corto plazo es consolidar la confianza de los operadores internacionales y garantizar que el retorno de los viajeros, lejos de ser un fenómeno puntual, marque el inicio de una fase de estabilización duradera para la industria del viaje en el país.
Ghadi George Bagdhadi
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