Luis G. Morera
El Paso (La Palma), 1 ago (EFE).- El pinar de La Palma vuelve a cubrir de verde gran parte de las casi 4.900 hectáreas arrasadas por el incendio forestal de agosto de 2016, una recuperación que evidencia la capacidad de regeneración del pino canario, aunque los científicos advierten de que el ecosistema puede tardar décadas en recuperar toda su biodiversidad.
El fuego, que se inició el 3 de agosto de 2016 en la zona de Jedey, permaneció activo durante nueve días y afectó a 4.864 hectáreas, un 7 % de la superficie insular, repartidas entre los municipios de El Paso, Fuencaliente, Villa de Mazo y Los Llanos de Aridane.
El incendio obligó a evacuar a cerca de 3.000 personas y durante las labores de extinción falleció el agente forestal Francisco José Santana.
El biólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Manuel Nogales ha explicado en declaraciones a EFE que el pino canario (Pinus canariensis) reúne en una sola especie una combinación de adaptaciones excepcional entre las coníferas.
Entre ellas ha destacado una corteza que puede alcanzar ocho centímetros de grosor y protege los tejidos internos frente a las altas temperaturas de incendios e incluso de erupciones volcánicas, como ocurrió con el Tajogaite en 2021.
A ello se suma la presencia del denominado parénquima axial, un tejido distribuido por el tronco y las ramas principales que permite emitir nuevos brotes tras sufrir graves daños por el fuego.
Durante la erupción del Tajogaite llegaron a observarse ejemplares calcinados que rebrotaron hasta en cuatro ocasiones antes de morir, probablemente porque sus raíces habían quedado demasiado dañadas.
Otra adaptación es la apertura de las piñas bajo altas temperaturas, un mecanismo que actúa como un banco de semillas en altura y favorece la recolonización de las zonas afectadas.
Esta capacidad de regeneración condiciona también la gestión forestal tras un gran incendio.
El jefe del Servicio de Medio Ambiente y Emergencias del Cabildo de La Palma, Francisco Prieto, señala que, a diferencia de otros territorios, en Canarias no suelen acometerse grandes labores de repoblación, ya que el pino canario comienza a rebrotar apenas un mes después del fuego.
Las actuaciones se centran, por ello, en evitar la erosión del suelo mediante fajinadas elaboradas con madera quemada, que ayudan a frenar la escorrentía y estabilizar los taludes de un terreno volcánico especialmente vulnerable.
Prieto también ha coincidido en que la recurrencia de los incendios y los periodos de sequía posteriores dificultan el rebrote y elevan la mortalidad de los árboles.
Mientras en los incendios de superficie apenas mueren ejemplares, en los fuegos de copas puede perderse entre un 10 y un 20 % de los pinos, en función del régimen de lluvias posterior.
El biólogo del CSIC Manuel Nogales defiende que estas adaptaciones están ligadas a la evolución del pino canario durante millones de años en un archipiélago volcánico, aunque ha insistido en que la recuperación del pinar no equivale a la del ecosistema.
"Un ecosistema lleva décadas en recuperarse", ha resumido, al advertir que muchas especies vegetales y animales necesitan mucho más tiempo para recolonizar el monte y que los pinares actuales presentan una biodiversidad inferior a la que tendrían sin la alteración humana.
Nogales ha añadido que el cambio climático supone un nuevo desafío para la regeneración de la especie, pues la prolongación de las sequías pone a prueba unos mecanismos de adaptación que han permitido al pino canario sobrevivir durante millones de años en un territorio modelado por el fuego y los volcanes. EFE
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