David Ramiro
Madrid, 24 may (EFE).- El Rayo Vallecano afronta en Leipzig (Alemania) una final histórica de la Liga Conferencia que supone un auténtico milagro para un club atípico y que, pese a la buena marcha del primer equipo en los últimos años, tanto con Andoni Iraola como ahora con Íñigo Pérez de entrenador, está en ebullición permanente por el enfrentamiento permanente que se vive entre afición y la directiva que preside Raúl Martín Presa.
A nivel deportivo, el Rayo Vallecano vive el mejor momento deportivo de sus 102 años de historia. Esta temporada ha logrado la permanencia en Primera de manera holgada, finalizando en la octava posición y peleando por Europa hasta el último segundo, y el próximo curso disputará su sexta campaña consecutiva en la máxima categoría, algo que nunca había logrado. A ese logro se une el buen rendimiento que está ofreciendo en la Liga Conferencia con la clasificación para la final.
Sin embargo, todas esas luces contrastan con las sombras que, como club, tiene la entidad que preside Raúl Martín Presa, al que en cada partido en casa la afición pide su dimisión. De hecho, ‘Presa, vete ya’ es un cántico recurrente desde hace años que se escucha en cada partido que juega el equipo.
El enfado de la afición con Presa es por su poca empatía con la afición y con los valores que se transmiten desde el barrio y con la gestión del club. Este descontento puede resumirse en los continuos descensos de los filiales, el abandono de la sección femenina, el poco mantenimiento del estadio y la Ciudad Deportiva, el precio de los abonos, la compra de entradas sólo de forma presencial, lo que obliga a tener que hacer largas colas en la calle, incluso haciendo noches o frente al calor o el frío, según la estación del año, el descuido con la fundación o las trabas que pone a cada iniciativa que parte desde la afición, como los tradicionales 'Días del rayismo'.
Esta temporada, uno de los asuntos más candentes ha sido el del estadio. Presa quiere uno nuevo, más grande, en otra ubicación, y la afición lo que quiere es una reforma pero que se mantenga en el mismo emplazamiento, en el corazón del barrio. Al final, la Comunidad de Madrid, su propietaria, ha asegurado que el estadio no se moverá pero que debe sufrir una profunda renovación. Aun así, el problema parece encallado.
Ese desgaste por el clima social y tanto asunto extradeportivo ha propiciado que hasta el propio Íñigo Pérez, que aún no ha renovado y acaba contrato el 30 de junio, sea consciente de que este es un club especial que día a día te va consumiendo.
“Para ser entrenador del Rayo hacen falta muchas cosas. Aquí necesitas un tipo de energía diferente que necesitas que se regenere de manera urgente y rápida”, declaró Pérez al término del último partido contra el Villarreal en el estadio de Vallecas, donde esta temporada tuvo que aplazarse un encuentro por el estado del césped, motivo de continuas quejas de jugadores y cuerpo técnico en la primera mitad de curso.
El milagro del Rayo es mayúsculo. Cuenta con el cuarto presupuesto más bajo de la Primera División española aunque lleva años codeándose entre los más grandes para llevar el nombre de Vallecas por toda Europa.
La afición vallecana está muy arraigada con su club y su principal característica es la solidaridad que muestra con todas las causas sociales para no dejar a nadie atrás. La última prueba es la organización y rápida respuesta que han tenido para ayudar a los aficionados estafados con el viaje a Leipzig. Se pusieron en marcha por medio de las redes sociales para dar a conocer el problema y hasta algunos jugadores contribuyeron donando dinero para poder cumplir ese sueño de llegar a Alemania de los afectados.
Más de once mil aficionados del Rayo estarán en las gradas del Red Bull Arena de Leipzig, dónde es probable que suene 'La vida pirata' más especial. De Vallecas a Alemania. Un barrio humilde que nunca para de soñar. EFE
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