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El resto son metáforas

“La tarea número uno es generar empleo, el resto es música”, aseveró el presidente Kast cuando presentó su reforma tributaria. Y ha sido fiel a ese mantra.

Es que hay una sola materia en que este gobierno tiene una convicción profunda, un plan para concretarla, y la decisión para avanzar en ella sin importar nada más (porque, sí, “el resto es música”): el plan económico.

Una tijera de dos hojas paralelas: una corta todos los impuestos que puedan cortarse a quienes, en la terminología oficial, “dan empleo”; la otra corta todo lo que se pueda cortar en gasto estatal.

Lo relevante es que quienes transan en la bolsa ya no deban pagar impuestos por sus ganancias, aunque para ello se desarticule el presupuesto y la estructura de la investigación científica.

Lo relevante es que todos los mayores de 65 años, sin importar su nivel de riqueza, dejen de pagar contribuciones, aunque para ello haya que desfinanciar los municipios, especialmente los más pobres.

Lo relevante es que los dueños de grandes empresas dejen de pagar impuestos personales, aunque para ello Cultura deba sufrir un corte del 10%, que hiere a las bibliotecas públicas, centros culturales, museos y al plan de lectura infantil (¿por lo demás, a quién le importan esos “libros preciosos”?)

Hasta ahí llega la convicción y el plan del gobierno.

¿Y el resto? El resto es música. O, como nos enteramos ahora, son metáforas.

Lo ocurrido esta semana en el tema de delincuencia y migración, la principal razón por la que los chilenos votaron por el presidente Kast, lo evidencia.

La ministra Steinert fue convocada por el Congreso, con la solemnidad de una sesión especial, para presentar su Plan de Seguridad. Fue un espectáculo difícil de ver. Con enorme dificultad, la ministra navegó por un documento lleno de generalidades que no manejaba ni entendía. Confundía palabras, trastabillaba con los conceptos.

“Yo no me esperaba esta exigencia de un plan de seguridad estructurado, concreto”, admitió la ministra de Seguridad.

El ministro de Interior intentó explicar el bochorno. “Hay algunos que dicen, ‘¿dónde está el plan?’ Pero aquí lo que importa es que se realicen acciones", dijo Claudio Alvarado, quien citó como evidencia algunos operativos policiales de rutina. Y remató: “los planes de seguridad de los gobiernos de Bachelet y Piñera tardaron entre 4 y 6 meses. Y en el caso de Boric fueron casi 14 meses”.

A confesión de partes, relevo de pruebas. El gobierno elegido para dar seguridad, en verdad no tenía un plan de seguridad. Y a más de 60 días de asumir, sigue sin tenerlo.

El sincericidio llegó entonces en palabras del presidente. “Algunos dicen ‘oiga, llevan 60 días, y usted dijo que el primer día iba a expulsar a 300 mil migrantes’. Es una metáfora”.

Esa “metáfora” fue la promesa más repetida y discutida de la campaña. Las pocas veces que periodistas tuvieron un espacio, en entrevistas y debates, se le interrogó por ella.

Kast la mantuvo. Dijo que los migrantes se irían voluntariamente, y repitió una cuenta regresiva que llegaba a cero el 11 de marzo; que saldrían por un corredor humanitario; que se los llevaría en cientos de vuelos a Venezuela; que se pagarían sus propios pasajes. El “cómo” se improvisaba en cada ocasión, pero el “qué” era prístino: votar por Kast significaba la salida de los 300 mil migrantes irregulares.

Millones de votantes le creyeron. Pero, tal como en seguridad, ese plan no existía. O, como sinceró el presidente, no era un plan sino “una metáfora”.

Luego, Kast dijo que “quizás la palabra era hipérbole, no metáfora”, lo que significa confesar una falsedad distinta: que “solo” exageró (¿tal vez no iba a sacar a 300 mil migrantes, sino a 30 mil? ¿O a 3 mil? ¿O a trescientos?).

En paralelo a las palabras de Kast, el ministerio del Interior presentó una indicación legal que obligaría a hospitales, consultorios, colegios o jardines infantiles a entregar “el domicilio, teléfono, correo electrónico y demás datos pertinentes” de extranjeros con “procedimientos migratorios en tramitación”.

La ministra de Salud se declaró en rebeldía. “Esa información está resguardada por el Código Sanitario y por la Ley de Deberes y Derechos de los Pacientes, y eso lo vamos a defender absolutamente”, desafió May Chomalí.

Entonces, de nuevo, habló el presidente, y sacó del sombrero una nueva idea: “una presencia policial en cada uno de los servicios de salud para que las personas se vayan identificando antes de entrar”.

En resumen; Interior presenta un proyecto sin que nadie le avise a Salud, ni advierta que es ilegal, ni sus obvias consecuencias: es evidente que lo que se lograría sería sacar a los niños del sistema de educación (el narco se frota las manos), impedir que mujeres embarazadas puedan tener sus controles y partos dentro del sistema de salud (todo muy pro-vida), y afectar severamente planes de vacunación y control de enfermedades infecciosas.

Entonces Kast lanza una ocurrencia aun más extravagante: que, en vez de patrullar las calles, miles de carabineros deban estar de punto fijo en los más de 600 centros de salud públicos, empadronando uno a uno a cada persona que se acerque a ellos.

¿Tal como en los “libros preciosos” o en los “campos húmedos que son humedales”, hay que tomarse en serio lo que dice el presidente? ¿Ese es el plan? ¿Es pensamiento hablado? ¿Es otra metáfora? ¿Una hipérbole, tal vez?

Y en la atención de salud, ¿a quién le creemos? ¿Al candidato que prometía no tocar los beneficios sociales, o al gobierno que firma un decreto recortando miles de millones de pesos a los hospitales públicos?

“A veces uno con menos recursos hace más”, fue la “explicación” del ministro Quiroz. ¿Cómo?, le insistieron. No hubo respuesta: “cada uno de los recortes que se hacen o ajustes queda en manos de cada ministerio”, indicó.

Porque, de nuevo, ¿qué importa cortarle el presupuesto a hospitales que ya enfrentan listas de espera, falta de insumos y escasez de especialistas, si en paralelo las grandes fortunas del país podrán pagar menos cuando hereden, y las grandes tecnológicas podrán hacerse los larrys con el derecho a la propiedad intelectual?

La agenda es una, clara y simple: menos impuestos, menos Estado. Todo el resto (la seguridad, la migración, la salud, la cultura, la ciencia, los humedales, los niños que no necesitan colación porque llevan un sándwich al colegio) son metáforas.

Bueno, o hipérboles, a estas alturas quién sabe.

Mayo 16, 2026 • 1 hora atrás por: LaTercera.com 70 visitas 2101439

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