‘El ser querido’ está llamando bastante la atención en su estreno, meses después de una recepción particular y oscilante en el festival de Cannes. Un éxito de taquilla que ya apunta a los dos millones de euros de recaudación, y pre-candidata a ser la elegida para representar a España en los próximos Premios Oscars (aunque ‘La bola negra’ parte como favorita), y también una de esas películas que abren pie a la conversación una vez acaba.
Había riesgo a que la película de Rodrigo Sorogoyen acabase ensimismada en su relato de metacine, con una historia donde un padre (Javier Bardem) escoge a su hija (Victoria Luengo) para un papel en su próxima película intentando reparar lazos destrozados en el pasado. Peor aún, podría haber llegado demasiado tarde tras el caso de la noruega ‘Valor sentimental’ el año pasado, con una historia con pulsiones similares. Al final, el discurrir ha sido distinto y el peso familiar ha contribuido a diferenciarla.
No deja de haber, eso sí, puntos de fricción en las decisiones creativas que decide tomar para contarla. Algo que le permite a ‘El ser querido’ tener carácter diferencial, pero también causar cierta confusión en un espectador casual. La película va alternando entre varios formatos, incluyendo diferentes tipos de película (35mm, 16mm, 65mm, e incluso Super 8) o el controvertido digital MiniDV. El cambio más notorio, por evidente, es el cambio de el color a el blanco y negro.
Hablando con Cinemanía, para Sorogoyen era de cajón moverse entre formatos. “¿Por qué voy a rodar el cine solo en celuloide? ¿El cine es solo 35mm?” explica el director que, contando una historia tan intricada donde lo familiar y el cine se entremezclan, era conveniente saltar entre texturas. Al final, ‘El ser querido’ trata “sobre que no hay un solo relato sino varios, me vino a la cabeza contarlo de todas las maneras posibles”. Qué intención hay detrás de cada formato es algo que queda a interpretación del público… con una notable excepción.
El cambio al blanco y negro es el más directo y con el que más se va a quedar el espectador. Para el cineasta, la falta de color era toda una “interferencia emocional” que actuaba cuando “dejan de ser el director y la actriz y son el padre y la hija”. Sorogoyen marca puntos de especial vulnerabilidad emocional donde lo profesional desaparece y esas barreras colocadas muestran grietas por donde se filtran intenciones de los personajes de Bardem y Luengo.
En la misma entrevista, Sorogoyen concluye que “a pesar de esos cambios bruscos, [la intención es que] el espectador se sienta a ver la película y se deje llevar”. Es difícil, eso sí, cuando los cambios son tan notorios y están obligando a pensar la escena en otros términos distintos. El director tiene necesidad de conducir a la audiencia a rincones muy concretos del relato.
Es, por supuesto, una decisión muy válida. Si Christopher Nolan remarca sus discursos para que queden claro al espectador más despistado (cosa que, por otro lado, explica cómo sus películas son tan populares), también tiene derecho a hacerlo Sorogoyen desde su dirección. No obstante, es cuestionable hasta que punto la decisión rema tanto en favor de la inmersión en la historia, o si no logra su objetivo por otros métodos.
‘El ser querido’, desde mi punto de vista, es más interesante cuando deja que las líneas se difuminen y se compliquen, marcando esa dificultad para mantener una vida personal dedicándose con tanta intensidad a lo creativo. Además, el trabajo actoral de Bardem y Luengo es totalmente espectacular y consigue reflejar esas sensaciones encontradas y confusas que entroncan su relación, además de que el punto de vista consigue estar bien fijado desde el guion.
El uso del blanco y negro remarca, pero también entorpece más que contribuye a la hora de dejar interpretar al escena. Los momentos donde se usan son meridianamente sensibles y vulnerables, y cambiando el formato elimina posibles ambigüedades que enriquecerían cómo leemos la historia. Dejándonos claro cómo leerlas, nos detenemos de más en su significado y no en “dejarnos llevar” como aspira. La película sigue siendo notable y rica, aunque su director tenga demasiado impulso por dejarnos claro que está ahí para tomar decisiones (irónico, dado lo que acaba contando).
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‘El ser querido’ cambia de formatos, aunque el blanco y negro es el más claro e intencionado. Creo que va en contra de lo que pretende su director
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Espinof
por
Pedro Gallego
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