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El submarino nuclear Komsomolets se hundió en aguas europeas hace casi 40 años. El asunto está en lo que aún libera al mar

El submarino nuclear Komsomolets se hundió en aguas europeas hace casi 40 años. El asunto está en lo que aún libera al mar

A casi 1.700 metros bajo el mar de Noruega descansa algo más que un submarino hundido. Dentro del Komsomolets siguen el reactor nuclear que impulsó la nave y dos torpedos armados con ojivas nucleares, encerrados en un pecio sometido desde hace décadas al agua salada, la presión y la corrosión. No llegaron hasta allí por una misión secreta ni por una prueba fallida, sino tras un accidente que convirtió una de las grandes proezas navales de la Unión Soviética en un problema que aún seguimos intentando comprender.

La historia del Komsomolets no terminó cuando el casco tocó fondo. El reactor libera radionúclidos en episodios esporádicos, un comportamiento que los estudios actuales han podido observar y medir con mucha más precisión que en los años noventa. Esas emisiones no han provocado hasta ahora un impacto amplio en el ecosistema marino, pero la incógnita sigue abierta.

Antes de convertirse en un pecio, como se denomina a los restos de una nave hundida, el Komsomolets había sido una de las apuestas más ambiciosas de la ingeniería naval soviética. Entró en servicio en 1983 con un casco resistente de titanio y capacidad para operar a más de 1.000 metros de profundidad, una cota excepcional para un submarino militar de su tiempo. Según la reconstrucción histórica de la BBC, la OTAN esperaba que aquel modelo inaugurara una nueva clase de submarinos de ataque, pero la Unión Soviética nunca construyó una segunda unidad.

El submarino soviético que acabó convertido en un problema a 1.700 metros de profundidad

El 7 de abril de 1989, un incendio comenzó en uno de sus compartimentos mientras navegaba por el mar de Noruega. La tripulación consiguió llevar la nave hasta la superficie, pero el fuego continuó propagándose e inutilizó varios sistemas. Unas cinco horas después, el submarino se hundió. Cinco marineros intentaron escapar en una cápsula que salió a la superficie, pero solo uno consiguió abandonarla antes de que se llenara de agua. En total, murieron 42 de los 69 tripulantes.

Lo que permaneció a bordo puede llevarnos a imaginar una explosión nuclear, pero las evaluaciones actuales no identifican una detonación espontánea como el riesgo relevante. Una explosión de ese tipo exige que funcionen mecanismos de armado e iniciación con una sincronización muy concreta. La preocupación documentada apunta a que la corrosión termine permitiendo la salida de material radiactivo del reactor o, en el futuro, de las armas.

Komsomolets 2

La intervención de contención elegida años después no consistió en reflotar el submarino, sino en aislar sus zonas más sensibles. En 1994, una expedición rusa utilizó sumergibles tripulados para sellar con placas de titanio los seis tubos lanzatorpedos y algunos orificios de la sección de proa. El objetivo era reducir la circulación de agua por el compartimento donde permanecían las ojivas y limitar una eventual liberación de plutonio. No fue un cierre completo del casco, sino una medida de contención que seguía aparentemente intacta cuando el pecio fue inspeccionado en 2019.

Décadas después, el regreso al Komsomolets tuvo un objetivo distinto: observar y medir, no volver a sellarlo. En 2019, una expedición científica envió hasta el submarino el Ægir 6000, un vehículo operado a distancia equipado con cámaras, brazos manipuladores e instrumentos de muestreo. El robot recorrió distintas zonas del casco y recogió agua, sedimentos y organismos cerca del reactor y del compartimento de torpedos. Así fue posible estudiar el estado del naufragio sin exponer a una tripulación humana a aquellas condiciones.

Komsomolets 3

Los resultados publicados este año en PNAS concluyeron que los conjuntos que contienen el combustible nuclear están dañados y que el agua de mar ha alcanzado el material del reactor. Los análisis vinculan ese deterioro con emisiones intermitentes de radionúclidos, aunque los investigadores todavía tratan de determinar los mecanismos exactos que las originan. Las concentraciones más elevadas aparecieron junto a un conducto de ventilación y una rejilla próxima, pero el material se diluye rápidamente y existe poca evidencia de acumulación en el entorno del pecio. Tampoco se encontraron indicios de plutonio de grado militar procedente de las ojivas en la zona de la proa.

Llegar hasta el Komsomolets no es imposible: los sumergibles de los años noventa y las expediciones posteriores ya demostraron que se puede trabajar a esa profundidad. La dificultad está en determinar qué actuación aportaría una mejora real y qué riesgos implicaría intervenir sobre una estructura nuclear dañada. Según explicó la autoridad noruega de seguridad nuclear a la BBC, por ahora no existen planes para una nueva operación de contención. La respuesta sigue siendo volver, medir y vigilar cómo cambia un submarino que lleva casi cuatro décadas bajo el mar.

Imágenes | Instituto Noruego de Investigación Marina

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La noticia El submarino nuclear Komsomolets se hundió en aguas europeas hace casi 40 años. El asunto está en lo que aún libera al mar fue publicada originalmente en Xataka por Javier Marquez .

Julio 21, 2026 • 3 horas atrás por: Xataka.com 42 visitas 2310143

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