El tono del neogremialismo

La primera Cuenta Pública de José Antonio Kast llega demasiado temprano para evaluar resultados, pero no para intentar comprender la naturaleza del proyecto político que busca encarnar. El desafío consiste menos en rendir cuentas que en dotar de mayor claridad a un gobierno cuyo perfil ideológico aún aparece difuso.

La tarea resulta relevante después de un período marcado por vacilaciones y señales a veces difíciles de conciliar entre sí. Lo que ha estado en juego es la inteligibilidad del proyecto gubernamental. Precisamente por ello, la Cuenta Pública ofrece una oportunidad para reducir la distancia entre las contingencias de la instalación y la definición de un horizonte político más claro.

Toda Cuenta Pública posee una dimensión performativa. No sólo comunica decisiones: también contribuye a definir cómo se interpreta la realidad política y quién aparece legitimado para conducirla. La teoría clásica de la retórica ofrece una clave útil. Desde la tríada aristotélica de ethos, logos y pathos, una Cuenta Pública puede leerse como un esfuerzo simultáneo por construir autoridad y credibilidad, articular un relato coherente sobre la acción gubernamental y movilizar determinadas emociones colectivas.

En términos de ethos, el desafío consiste en completar la transición desde el líder opositor hacia el jefe de Estado. La pregunta es si se verá un Presidente todavía anclado en el registro de la confrontación o capaz de ejercer autoridad ordenadora. Esa transformación implica también un desplazamiento del pathos: de la alarma frente al declive del país que marcó la campaña a la confianza y la proyección de futuro.

El logos probablemente se estructure en torno a la eficacia como fuente de legitimidad, en ámbitos como seguridad, migración, crecimiento económico y fortalecimiento estatal. Pero la eficacia, por sí sola, no define un proyecto político: los resultados necesitan ser articulados en una visión de la sociedad que se busca construir.

Es aquí donde aparece el segundo gran desafío: hacer más inteligible el horizonte político. La pregunta es si el “kastismo” pretende ser simplemente una variante chilena de las nuevas derechas internacionales o si actualiza una tradición política más específicamente nacional. Diversos indicios sugieren que se inscribe en una matriz neogremialista, marcada por la centralidad del orden, la autoridad y los cuerpos intermedios. Sin embargo, hasta ahora ha predominado una visión de la subsidiariedad centrada en los límites de la acción estatal y la protección de la iniciativa privada, mientras su dimensión asociada al fortalecimiento de las autonomías sociales permanece menos visible.

En suma, la Cuenta Pública ofrece una oportunidad para mostrar que detrás de las prioridades del gobierno existe una concepción más amplia de la comunidad política. La pregunta es si Kast logrará alinear una visión de sociedad y un horizonte emocional en una narrativa capaz de dar sentido a su acción de gobierno.

Por Stéphanie Alenda, directora de Investigación Fac. de C.Sociales de la U. Andrés Bello y directora Crispol

Mayo 31, 2026 • 2 horas atrás por: LaTercera.com 37 visitas 2157492

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