"No sabes lo fuerte que es la bolsita de té hasta que la metes en agua", en 'El sinuoso camino del derecho', el último k-drama de éxito de Netflix, una voz en off nos lanza, sin previo aviso, este poética reflexión para hablarnos sobre la resistencia del amor. Y todo ello, mientras la protagonista está obnubilada mirando su taza, en una escena tan relevante para la trama, como cotidiana en la forma.
"No puedes saber lo fuerte que es con solo mirarla. En el momento en que el agua caliente la toca, aparece una flor color naranja intenso. Es ahí cuando demuestra su fuerza. Con el amor pasa lo mismo, no sabes lo fuerte que es hasta que lo metes en agua hirviendo", concluye. Sí, tiene muchas florituras o quizá es algo enrevesado, pero si quieres ver una serie coreana tienes que acostumbrarte a este choque cultural porque es el pan de cada día para los seguidores de los doramas o k-dramas.
Este estilo narrativo tan propio e inconfundible de las producciones surcoreanas, en el que los protagonistas hablan como si estuvieran en un concurso de poesía perpetuo, no para de conquistar al público. La creciente fascinación por la cultura coreana no solo se extiende al imaginario global gracias al k-pop o a creadores de contenido que exploran los productos de las convenience store del país. De hecho, en pantalla, hay vida más allá de 'El juego del calamar', los zombis y los monstruos demoníacos.
Más allá de lo que le pasa a los protagonistas, o lo inesperado de cierto giro dramático, la clave del éxito de estas series ha de buscarse en cuestiones de formato y estilo. La figura persistente de la voz en off que articula las tribulaciones del protagonista, las emociones contenidas, unas manos que se tocan a cámara lenta o una conexión delatada a través de miradas son la clave de los doramas y lo que tiene a la audiencia completamente hipnotizada.
Que algo se convierta en un fenómeno y tome por asalto el mainstream (o el top de lo más visto de Netflix, que viene a ser lo mismo) bien se debe a la curiosidad por lo diametralmente opuesto o por las semejanzas y empatía que suscita en nosotros. Lo que resulta llamativo es que, con esta nueva versión de las tradicionales telenovelas, conseguimos la unión de los dos factores.
Los paisajes, la realidad laboral coreana, su gastronomía o tradiciones son, ante nuestros ojos, algo foráneo pero el resultado es que el drama y el amor engancha de manera global. Es cierto que las diferencias culturales propician que eso permee a los temas tratados, como demuestra la presencia en muchos de ellos del concepto del honor, los deberes familiares o el marcado culto a la belleza en la cultura coreana.
Incluso pueden destacar asuntos que para el público extranjero no resultan tan llamativos, como una relación entre una mujer mayor y un hombre más joven. Sin embargo, ya sea bajo cerezos en flor o en una encantadora cafetería de Hongdae los conflictos familiares, de pareja o laborales son universales.
Las series coreanas beben del aspecto visual y narrativo lento, donde el entorno refuerza el ritmo pausado del desarrollo emocional y, a veces, parece que “no pasa nada”. Algo que nos aproxima al slow cinema, donde las declaraciones visuales, el silencio, las tomas largas o el particular uso del tiempo son la base de la estructura narrativa. Eso sí, nadie como los guionistas surcoreanos para usar los tropos más famosos y jugar con ellos hasta darles por completo la vuelta, haciéndonos pasar por todo tipo de emociones durante cada uno de sus episodios.
“Los coreanos son conocidos por ser muy expresivos y estar en contacto con sus emociones. Los dramas coreanos reflejan eso, exploran todo el espectro de emociones en sus historias. Llevan a los espectadores en una montaña rusa de emociones, haciéndoles reír, llorar, sentir ira y todo lo demás.” Jung Duk-hyun, crítico de cultura pop.
Hemos hablado en varias ocasiones del éxito de la literatura romántica y, si hay un cliché que cautiva a los lectores ese es el slow burn: esas historias y relaciones que se cuecen a fuego lento, sin prisas. Las que te tienen al borde del asiento, sin aliento y terminan sacándote una sonrisa boba cuando todo encaja y los protagonistas encuentran su “felices para siempre”. En la anticipación está la clave y pocos ejemplos más claros de este slow burn en pantalla que los doramas.
En la gran mayoría de ellos contamos con una estructura de, por lo menos, 17 episodios de 70 minutos donde vemos como los protagonistas recorren un arduo y largo camino para encontrarse a través de diversidad de géneros: fantasía, comedia, thriller, drama… Leñe, si la última serie que he visto ha ocupado unas 14 horas de mi vida, y me da vergüenza reconocer que los protagonistas ni siquiera se han dado la mano.
Hay para todos los gustos: si te gusta la literatura y el mundo editorial empieza ya ‘Romance is a Bonus Book’. Si quieres algo más político con crítica social y sin perder la esencia romántica ‘Crash Landing On You’ se centra en la historia de una heredera surcoreana que, tras sufrir un accidente, acaba en Corea del Norte, allí un oficial del ejército norcoreano la ayuda a esconderse.
Para fans del misterio ‘Una maleta’ desvela poco a poco los secretos de una agencia matrimonial muy particular. Por otro lado, ‘Something in the Rain’ aborda de lleno los conflictos sociales y familiares que surgen a partir de una relación con diferencia de edad. Y si lo tuyo son los amores que trascienden el paso de los años y las generaciones, o un buen drama de fantasía, ‘Si la vida te da mandarinas’ o ‘Alquimia de almas’ te va a atrapar. Pues si sumamos toda esta retahíla, seguramente me sobren dedos en las manos para contar todos los besos que hay en ellas.
Algo que llama la atención y que resulta curioso de este país, paradigma de ese estilo de producciones donde el silencio y la pausa son la clave, es lo poco que refleja la realidad de la vida diaria de su población. Con jornadas laborales eternas y el ritmo de vida frenético, incluso para muchos coreanos puede resultar complicado encontrar tiempo para ver sus propias producciones, teniendo en cuenta el nivel de compromiso que exige.
Lo cierto, es que este formato extenso, donde la tensión y las resoluciones a conflictos se dilatan y enmarañan, han existido en la parrilla televisa desde hace muchos años en el formato de telenovelas, pero hasta eso ha cambiado. La hegemonía de las telenovelas de tarde persiste y persistirá, pero el éxito del producto nacional como 'Valle Salvaje' o 'La Promesa' es ahora compartido con las telenovelas turcas.
Donde hace unos años triunfaban telenovelas como 'Pasión de Gavilanes' o 'Amarte así , Frijolito', ahora ese hueco televisivo lo ocupan 'Hermanos' o 'Karagul: Tierra de secretos'. Lo que inició Can Yamán ya no se puede parar (¿os acordáis cuando, hasta el embajador de Turquía en España, participó en el anuncio de Navidad de Antena3?).
Y, una vez más, pese a las diferencias culturales, ese concepto tan arraigado del deber familiar y ese cierto regusto conservador y retrógrado no son factores que consigan reducir su éxito, si no que vuelve a reafirmar el gusto por el ritmo pausado, el fuego lento. Más allá de esas técnicas narrativas, por supuesto que en las telenovelas y en los dramas coreanos, así como en literatura, también encontramos ese cliché instalove (flechazo instantáneo). Lo que tenemos que saber es que, hasta que se resuelva, prepárate, por lo menos, hasta el episodio 70.
Todas estas producciones turcas y coreanas, siempre bajo una factura impecable, se han convertido por derecho propio en los reyes del slow burn. Esa tensión sostenida es clave, pero lo que realmente ofrecen es un desarrollo de personajes completo. Al igual que en las páginas de un libro, se van revelando poco a poco facetas, deseos y anhelos; cada pequeño gesto o logro cobra un valor mayor y deja un mejor sabor de boca, precisamente, por el tiempo y desarrollo narrativo que ha requerido.
Esta búsqueda y conexión con ese tipo de productos no es más que el resultado de esa necesidad del espectador o lector de encontrar un espacio pausado y emocional, sin sobresaltos, convirtiéndose en refugio directo de la prisa y ritmo frenético de la vida real.
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La noticia
El truco de las series turcas y coreanas para conquistarnos ha sido simple: cocerse a "fuego lento" como la tele de antaño
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Lara Ben-Ameur
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