En El arte de Sarah, una joven se hace rica vendiendo bolsos de una marca de súper lujo, Boudoir, reservados, a priori, para clientes VIP y la realeza europea. Los presenta como un producto exclusivo, pero en realidad se fabrican a bajo coste en una fábrica de Corea. Para hacer más creíble su…
Artículo original publicado en SensaCine
completa toda los campos para contáctarnos