El mundial de fútbol me ha permitido ganar dinero comprando entradas apenas salieron a la venta y revendiéndolas a precios de usura. He ganado más dinero como revendedor que como escritor. Algún espíritu sensible diría que soy un especulador, un carroñero, un mercader del fútbol. Compré bastantes entradas para todos los partidos a disputarse en Miami, ciudad en la que vivo hace tres décadas.
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