El consumo de tabaco y de cigarrillos es un hábito muy común en una gran parte de la población mundial.
Fumar se popularizó hace años, específicamente, a finales del siglo XIX o comienzos del siglo XX, por lo tanto, la ciencia y la comunidad médica ha tenido bastantes años para explorar los efectos que esto tiene sobre la salud.
Algunas de las enfermedades más comunes que se desprenden del consumo de nicotina se encuentran: cáncer de pulmón, enfermedad pulmonar obstructiva, accidente cerebrovascular e infarto al miocardio.
Sin embargo, entre 2006 y 2010 una nueva alternativa de cigarrillo cobró una gran popularidad, sobre todo dentro de la población joven: los vapers o cigarrillos electrónicos.

¿Qué es un vaper? Es un dispositivo a batería que calienta un líquido que contiene nicotina y saborizante (puede ser de una amplia gama de sabores) para convertirlo en vapor inhalable.
Cabe destacar, que produce bastante más humo en comparación a un cigarrillo normal.
Debido a que esta alternativa para fumar es relativamente nueva, tomó un tiempo para que la ciencia pudiese llevar a cabo los estudios necesario para definir cuales son las consecuencias que produce vapear.
Sin embargo, una revisión reciente de diversas investigaciones apuntó a los riesgos cancerígenos que producen estos aparatos.
Cuando el vaper llegó a Europa y América del Norte, curiosamente se promocionó como un sistema de administración de nicotina, capaz de ayudar a las personas que sufrían de dependencia a esta sustancia.
La popularidad del aparato creció rápidamente, más aún con la poca información de los daños que podría causar.

Si bien en su momento algunos expertos advirtieron que el humo podría causar consecuencias sobre la salud, esto era en base a la información disponible sobre los cigarrillos más que en base a estudios aplicados específicamente al vaper.
Por otra parte, había quienes defendían fuertemente la alternativa.
Sobre todo, usuarios de redes sociales argumentaban que los aparatos tenían menos niveles de nicotina que un cigarro tradicional, por lo que podían ser “menos dañinos”.
Sin embargo, recientemente un grupo de científicos de la Universidad de Nueva de Gales realizó un análisis exhaustivo de más de 100 investigaciones y estudios, realizados desde 2017 hasta la actualidad.
El análisis les permitió establecer la relación que existe entre el consumo de cigarrillos electrónicos y el cáncer de pulmón y el cáncer de boca.
El equipo se centró en analizar estudios que tenían como enfoque específico el uso de vapers o que comparaban a los consumidores de cigarrillos electrónicos con los no consumidores.
¿El resultado? Tanto los trabajos que tuvieron como sujetos de pruebas a seres humanos como aquellos que realizaron pruebas con animales apuntaron a los mismo: carcinogenicidad.

Para el análisis, decidieron clasificar los estudios en tres grupos principales:
Según los realizadores, Freddy Sitas y Bernard Stewart, no se debería conceder el “beneficio de la duda” al hábito de vapear, dada a la solidez que tienen los datos sobre el riesgo de provocar cáncer.
“Hasta donde sabemos, esta revisión es la determinación más concluyente de que quienes vapean tienen un mayor riesgo de padecer cáncer en comparación con quienes no lo hacen”, afirmó Stewart, investigador oncológico.
Una gran preocupación de los investigadores era la manera en la que estaba siendo promovida el vaper: como una alternativa que ayuda a dejar de fumar.
Si bien hay pruebas de que podría resultar a corto plazo (al menos un poco mejor que las alternativas tradicionales como los parches de nicotina), muchas personas no cambian del tabaco al vapeo.
Incluso, hay evidencias que demuestran que utilizar la ayuda del vaper como un reemplazo, es contraproducente.

Según un metaanálisis de 25 estudios realizados en 2021, los jóvenes que nunca consumieron cigarrillos pero que empezaron a vapear tienen hasta tres veces más probabilidades de convertirse en fumadores habituales de cigarrillos.
Este uso de ambos podría ser significativamente más peligroso que solamente fumar cigarrillos: el riesgo de tener cáncer de pulmón es cuatro veces mayor.
Por ahora, los expertos declararon que esperan que estos hallazgos puedan ayudar a orientar a los gobiernos y a las instituciones de salud sobre los riesgos del vaper.
“Los cigarrillos electrónicos se introdujeron hace unos 20 años. No deberíamos esperar otros 80 años para decidir qué hacer”, dicen los investigadores.
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