Cada vez que se discute cómo reducir la pobreza en Chile, la conversación se desvía hacia los bonos, las transferencias o los subsidios monetarios. Si bien estos cumplen un rol relevante, no deberían ser la base de las políticas para la superación de la pobreza. La evidencia es contundente y vale la pena repetirla: la mejor política social que existe es el empleo.
Cuando se observa la tendencia a partir de la nueva metodología, se constata que casi 3 millones de personas han salido de la pobreza entre 2009 y 2024, con una caída en la tasa de 37,7% a 17,3%. Correa (2026) descompone la caída de la pobreza en Chile entre 1990 y 2022 y muestra que el 58% de esa reducción se asocia directamente al aumento de los ingresos del trabajo. También revela una importante brecha en la proporción de ocupados entre los hogares de menores ingresos con los de mayores ingresos. Los resultados de la encuesta Casen 2024 ratifican esta conclusión.
Es por ello que preocupa que además del menor número de personas que trabaja en estos hogares, el promedio de personas ocupadas por hogar en situación de pobreza haya disminuido de 0,99 a 0,73 entre los años 2009 y 2024.
Es, entonces, avanzar en mejorar el mercado del trabajo el mayor desafío que no podemos seguir postergando. La tasa de participación laboral de la población en pobreza alcanza el 46,1%, un punto menos que en 2009. A su vez, la informalidad, lejos de retroceder en esta misma población, aumentó: el porcentaje de ocupados sin cotización previsional en la población en pobreza creció de 46,0% a 53,4%.
Entonces, avanzar en la mejora del mercado laboral es el mayor desafío que no podemos seguir postergando. La tasa de participación laboral de la población en situación de pobreza alcanza un 46,1%, un punto porcentual menos que en 2009. A su vez, la informalidad, lejos de retroceder en este mismo grupo, aumentó: el porcentaje de ocupados sin cotización previsional creció de 46,0% a 53,4%.
El proyecto de Ley de Reconstrucción busca promover la inversión y generar más y mejores proyectos y oportunidades para los trabajadores. Para ello reduce gradualmente el impuesto a las empresas, simplifica los permisos, todo esto resguardando los estándares exigidos, incorporando diversos mecanismos de incentivo.
¿Qué más debe hacerse? Si el mercado laboral es la principal puerta de salida de la pobreza, hay que derribar las barreras que impiden trabajar a quienes enfrentan mayores limitaciones, como es el caso de los jóvenes y mujeres de hogares vulnerables. Por lo mismo, es necesario repensar las políticas sociales para que no desincentiven el trabajo, lo que significa apostar por una mayor formalización del empleo.
La pobreza se erradica de forma definitiva cuando se cree en la capacidad de las personas y la política social entrega las herramientas necesarias para que sean protagonistas de su propia superación. Y la herramienta más poderosa de todas, la que dignifica y se sostiene en el tiempo, sigue siendo el trabajo.
Por Paulina Henoch, Coordinadora del Programa Pobreza, Vivienda y Ciudad de LyD
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