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En 1990, EEUU lanzó neumáticos viejos en sus canales de hormigón. Los peces se multiplicaron por 20 en los arrecifes artificiales

En 1990, EEUU lanzó neumáticos viejos en sus canales de hormigón. Los peces se multiplicaron por 20 en los arrecifes artificiales

En el árido suroeste de Estados Unidos, cubrir enormes canales con hormigón parecía una decisión impecable: impedía que parte del agua se filtrara al terreno y permitía transportarla con mayor eficiencia. El problema apareció debajo de la superficie. Los canales se convirtieron en entornos extraordinariamente pobres para la fauna, así que unos investigadores probaron a devolverles artificialmente aquello que el hormigón había eliminado utilizando un material bastante inesperado: neumáticos usados. 

El resultado, publicado en 1994, fue sorprendente.

Canales con ruedas. Ocurre que, en aquella zona estadounidense, los grandes canales de tierra perdían agua porque una parte se infiltraba inevitablemente en el suelo durante el transporte, así que revestirlos con hormigón ofrecía una solución aparentemente sencilla para conservar un recurso especialmente valioso. Hidráulicamente funcionaba, pero ecológicamente tenía un precio: desaparecían sedimentos, vegetación, irregularidades, grietas y zonas protegidas que anteriormente proporcionaban refugio, alimento y lugares de reproducción a peces e invertebrados. 

Un estudio anterior realizado en el Coachella Canal ya había constatado que, después de revestirlo, las comunidades de peces presentaban en general menor diversidad, biomasa y densidad que las existentes en los antiguos tramos de tierra, dejando a los investigadores con un dilema: conservar el ahorro de agua conseguido con el hormigón sin convertir aquellos canales en desiertos biológicos.

Una solución extraña. Los investigadores Gordon Mueller y Charles R. Liston decidieron comprobar si era posible devolver parte de aquella complejidad sin eliminar el hormigón y reconstruir los canales. Para ello recurrieron a neumáticos usados. El experimento se realizó en el Coachella Canal de California y el Hayden-Rhodes Aqueduct de Arizona mediante estructuras de perfil bajo construidas con neumáticos y colocadas en el fondo, diseñadas para interferir lo menos posible con el funcionamiento hidráulico de las instalaciones. 

No se trataba, por tanto, de arrojar simplemente ruedas usadas al agua sin más: eran pequeños arrecifes artificiales concebidos para introducir superficies, huecos y refugios en un paisaje submarino que el hormigón había convertido en extraordinariamente uniforme. El trabajo terminó publicado en 1994 en el North American Journal of Fisheries Management. 

All American 2009 Vista aérea del Coachella Canal

Consiguieron algo más sencillo. Una pared o un fondo liso de hormigón ofrece pocos puntos donde pequeños organismos puedan asentarse y, además, facilita que el agua circule rápidamente, arrastrando alimento, huevos y organismos con poca capacidad de movimiento. Los arrecifes rompieron esa monotonía creando superficies rugosas, pequeños espacios protegidos y zonas donde las condiciones de la corriente eran diferentes.

Algas, larvas de insectos, crustáceos y otros invertebrados podían aprovecharlas y, detrás de ellos, llegaban los peces que se alimentaban de buena parte de esos organismos. La clave del experimento no estaba realmente en que los neumáticos tuvieran alguna propiedad extraordinaria, sino en algo mucho más básico: habían devuelto estructura física a un ecosistema al que la ingeniería había dejado prácticamente sin ella.

Arizona Cap Canal Hayden-Rhodes Aqueduct

Entonces llegaron los números. Cuando Mueller y Liston compararon los tramos normales de los canales con las zonas donde habían instalado los arrecifes, encontraron una diferencia enorme: la densidad de invertebrados alrededor de las estructuras era aproximadamente tres veces superior y la de peces llegaba a ser 20 veces mayor

Dicho de otra forma, el trabajo encontró una densidad veinte veces superior en las áreas con arrecifes respecto a los tramos convencionales utilizados como comparación. La respuesta fue suficientemente contundente para que los investigadores concluyeran que aquellas estructuras de neumáticos podían constituir un método eficaz para mejorar las comunidades acuáticas de canales revestidos de hormigón.

D Salt-Gila

No crearon peces de la nada. El matiz ayuda también a entender por qué el aumento fue tan espectacular. Los peces ya habían recolonizado aquellos sistemas artificiales, e investigaciones posteriores de Mueller en los acueductos Hayden-Rhodes y Salt-Gila encontraron incluso larvas y evidencias de reproducción dentro de ellos. El problema era que enormes extensiones de canal ofrecían unas condiciones extremadamente pobres para mantener comunidades abundantes. 

Los arrecifes funcionaron como pequeños oasis dentro de esa infraestructura, concentrando alimento, refugio y organismos alrededor de determinados puntos, de modo que el resultado habla tanto de la eficacia de las estructuras como de hasta qué punto el hormigón había simplificado previamente el ecosistema.

No llenar ríos de neumáticos. La historia resulta especialmente llamativa vista desde 2026 porque reutilizar neumáticos bajo el agua difícilmente sería hoy una receta ecológica universal, y el propio experimento tampoco pretendía demostrarlo. Mueller y Liston estudiaron dos sistemas artificiales muy concretos del suroeste estadounidense y utilizaron estructuras controladas en canales ya profundamente modificados por el ser humanos.

Investigaciones de la misma época examinaron, además, la posible liberación de contaminantes desde los neumáticos y sus implicaciones para la calidad del agua. La lección que ha envejecido mejor no es que un neumático sea un buen arrecife, sino más bien que incluso una intervención física relativamente pequeña puede provocar enormes cambios biológicos cuando devuelve refugios y complejidad a una infraestructura diseñada exclusivamente para transportar agua.

La gran paradoja. Los canales siguieron siendo de hormigón y continuaron cumpliendo la función para la que habían sido transformados: transportar agua reduciendo las pérdidas por infiltración. En lugar de intentar devolverlos completamente a su estado anterior, los investigadores modificaron pequeños puntos del entorno utilizando algo que entonces abundaba como residuo y comprobaron hasta qué punto respondía la fauna cuando recuperaba superficies, refugios y alimento. 

Por eso, más de tres décadas después, la cifra continúa siendo tan llamativa: porque en unos canales que la ingeniería había convertido en superficies lisas y biológicamente pobres, unos arrecifes fabricados con neumáticos viejos acabaron reuniendo tres veces más invertebrados y 20 veces más peces que el hormigón desnudo que los rodeaba.

Imagen | X, NASA, cmh2315fl

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La noticia En 1990, EEUU lanzó neumáticos viejos en sus canales de hormigón. Los peces se multiplicaron por 20 en los arrecifes artificiales fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .

Septiembre 4, 2026 • 1 hora atrás por: Xataka.com 33 visitas 2443134

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