En pleno centro de Yonkers, Nueva York, había un aparcamiento llamado Larkin Plaza que escondía algo bastante más valioso que el espacio para dejar coches: debajo seguía fluyendo el Saw Mill River, un río que la ciudad había ido encerrando bajo tierra a medida que crecía. En 2012, Yonkers completó una operación que invertía casi un siglo de urbanismo: levantó el parking, desvió parte del agua hacia un nuevo cauce abierto y devolvió el río a la superficie.
Apenas seis meses después, aquel espacio estaba lleno de vida.
Ayudó a construir la ciudad y terminó estorbando. El Saw Mill había sido una pieza fundamental de Yonkers desde mucho antes de que existieran los coches que terminarían aparcando encima. Su fuerza hidráulica alimentó molinos desde el siglo XVII y contribuyó al desarrollo de una ciudad industrial junto al Hudson.
Pero cuanto más crecía Yonkers, más valioso se volvía cada metro de terreno y menos espacio quedaba para un cauce que además se había ido contaminando. La solución fue estrecharlo, canalizarlo y finalmente esconder sus últimos tramos del centro bajo hormigón durante los años 20. El río que había ayudado a crear la ciudad pasó a ser algo que convenía apartar de la vista.
Décadas después decidieron hacer exactamente lo contrario. La idea de recuperar el Saw Mill llevaba años circulando cuando organismos públicos y organizaciones ambientales comenzaron a convertirla en un proyecto real durante los 90 y principios de los 2000. La primera gran intervención costó 18,8 millones de dólares y transformó unas tres acres de Larkin Plaza en un parque con río, cascadas, pasarelas, un puente peatonal y una cuenca sometida a las mareas.
No se trataba simplemente de romper el hormigón y esperar a encontrar agua debajo: los ingenieros construyeron una desviación de unos 244 metros para sacar parte del caudal del antiguo conducto y hacerlo recorrer de nuevo la superficie.
Levantando el aparcamiento en 2011
El viejo río subterráneo siguió ahí. Paradójicamente, Yonkers no eliminó la infraestructura que había mantenido enterrado al Saw Mill durante décadas. El antiguo conducto se conservó como una especie de válvula de seguridad: durante lluvias fuertes puede recibir parte del caudal y reducir el riesgo de que el nuevo parque se inunde. La obra tuvo además que convivir con décadas de infraestructura urbana y contaminación industrial.
Fue necesario proteger el nuevo cauce con revestimiento, reorganizar redes de saneamiento y drenaje y bombear unos 21 millones de galones de agua durante cinco meses para poder trabajar bajo tierra sin afectar a edificios, calles y servicios que seguían funcionando alrededor.
Estado final
En seis meses se había convertido en hábitat. La respuesta ecológica fue extraordinariamente rápida. El proyecto generó unos 14.000 pies cuadrados de nuevo hábitat acuático, aproximadamente 1.300 m², repartidos entre una piscina mareal y dos zonas de agua dulce.
En cuestión de meses comenzaron a aparecer peces, anguilas americanas, tortugas, patos y cangrejos azules, mientras la vegetación autóctona de las orillas atraía insectos y reconstruía pequeñas cadenas alimentarias. El objetivo no había sido fabricar un canal ornamental, sino recuperar suficiente funcionamiento natural como para que la vida volviera por sí misma.
De algo que había que esconder al centro de Yonkers. El cambio no terminó en el agua. Al contrario, el antiguo parking pasó a albergar mercados, conciertos, exposiciones, actividades educativas y espacios para caminar, mientras la recuperación del Saw Mill se convirtió en una pieza de la revitalización de un centro urbano que había acumulado edificios abandonados y problemas económicos.
Nuevas promociones residenciales, rehabilitaciones y proyectos comerciales comenzaron a concentrarse alrededor del río, hasta el punto de que Yonkers decidió continuar destapándolo en otros tramos. Durante buena parte del siglo XX, la ciudad había ganado suelo escondiendo bajo hormigón el curso de agua que había impulsado su nacimiento industrial… y casi un siglo después levantó un aparcamiento para recuperarlo y descubrió que, en apenas seis meses, aquellos 1.300 m² de agua podían volver a comportarse como un río.
Imagen | HamTech87, William Sutherland, Jim.henderson, Antonio Rivera
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La noticia
En 2012, Nueva York levantó un parking para descubrir un río enterrado durante décadas. En seis meses, creó un inmenso hábitat acuático
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
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