El Ciudadano
Si algo le sobra a Chile es litio, y si algo le preocupa a Chile es no quedarse solo como el «patio de extracción» del mundo. Por eso, el informe que acaba de publicar la consultora internacional SMM sobre el estado de las baterías de estado sólido en el primer semestre de 2026 debería leerse con atención en las oficinas de SQM, en la mesa de Codelco y en los pasillos de La Moneda. Porque lo que dice este documento es que el salto definitivo de esta tecnología ya no es una promesa de laboratorio, sino una carrera de producción en masa que arranca ahora mismo, y que va a definir quién se queda con la cadena de valor completa del litio, no solo con la extracción de la materia prima.
Por Bruno Sommer
Para que nos entendamos, durante años las baterías de estado sólido fueron el «sueño mojado» de la industria automotriz: prometen más kilometraje por carga, recargas en minutos y cero riesgo de incendio, pero siempre estaban estacionadas en un futuro lejano. Pues bien, ese futuro ya tiene fecha. El primer semestre de 2026 ha sido el momento de dibujar los planos, de poner en orden las fábricas y de unificar criterios técnicos. Y el segundo semestre, que estamos viviendo ahora, es el de la carrera de velocidad: van a empezar a salir a la calle los primeros modelos con esta tecnología y se van a definir los ganadores de 2027. Y ojo, porque todo ese engranaje tecnológico depende, en buena medida, del carbonato y del hidróxido de litio que se extraen del salar de Atacama.
El informe revela un cambio brutal en los precios y los volúmenes de producción. Hasta hace muy poco, los materiales clave para estas baterías costaban lo mismo que la plata: el sulfuro de litio bajó de 2.000 a 1.530 yuanes por kilo en solo seis meses, una caída del 23,5 %. Pero lo realmente determinante es que ahora, al abrirse las primeras líneas de producción de cientos de toneladas, los precios van a desplomarse otro 20 % en los próximos meses. Se acabó eso de comprar estos polvos «a cucharadas» en un laboratorio; vamos a comprarlos «por toneladas» en fábricas de verdad. Este es el primer gran síntoma de que la industria está madurando, y para Chile esto tiene una lectura clara: si los chinos están bajando los costos de los materiales procesados, la ventaja de tener la salmuera más barata del mundo se vuelve aún más estratégica, pero también nos obliga a preguntarnos si vamos a seguir siendo solo el proveedor de la roca o si vamos a dar el salto a la química fina.
La otra gran noticia del informe es que China ya no está jugando a las pruebas, sino que está armando un ecosistema completo. En el primer semestre se pusieron en marcha las primeras fábricas a gran escala, como los 3,5 gigavatios-hora de Qingtao o los 2 de Xinjie Energy, y se firmaron proyectos en Shanghái y Hohhot con inversiones que superan los 5.000 millones de yuanes (cerca de 700 millones de dólares). Pero lo que más debería llamar la atención en Chile es que el gobierno chino ya publicó una norma oficial que prohíbe llamar «sólida» a una batería si pierde más de un 0,5 % de su peso al calentarse, lo que delata que lleva líquido por dentro. Es decir, están ordenando el mercado para que no haya engaños y para que los estándares de calidad sean exigentes. Mientras tanto, acá seguimos discutiendo los plazos del Estatuto del Litio y la definición de los contratos de arriendo, cuando el mercado ya se está moviendo a una velocidad mucho mayor. Y ojo, porque no es solo China: Japón, Corea y Estados Unidos también están corriendo, pero el informe de SMM es categórico: van entre uno y dos años por detrás de los chinos en capacidad de producción masiva. Esto quiere decir que, por ahora, el polo de demanda y de transformación más agresivo está al otro lado del Pacífico, y Chile tiene que decidir si quiere estar en esa liga o si prefiere seguir mirando desde la tribuna.
El segundo semestre trae más pruebas de fuego. Dongfeng ya está produciendo en serie su batería sólida de 350 Wh/kg, que da para más de 1.000 kilómetros de autonomía, y el modelo MG4X con batería semi-sólida ya se entrega al público. Además, empresas como Tinci Materials y Zhenhua están poniendo en marcha líneas de mil toneladas de electrolito de sulfuro, que es justamente el material que necesita litio de alta pureza para funcionar. ¿Y qué tiene que ver esto con Chile? Pues que SQM ya tiene alianzas con Gotion High-Tech, y Codelco está buscando socios tecnológicos para su estrategia de agregación de valor. Si los chinos están pasando de las pruebas de laboratorio a las fábricas de miles de toneladas, la oportunidad para que el litio chileno se transforme en cátodos y electrolitos (y no solo en polvo para exportar) es ahora, no en cinco años más. Si nos demoramos en las definiciones regulatorias, nos vamos a quedar con el litio más barato del mundo, pero vendido a granel, mientras otros se llevan la utilidad de la patente y del proceso industrial.
El propio informe proyecta que 2027 no será el año de la explosión masiva, sino el de los primeros pinitos: apenas 1 GWh de producción total, con unos pocos miles de coches de demostración. El verdadero mercado grande, el de las baterías semi-sólidas que costarán lo mismo que las actuales, empezará a consolidarse recién hacia 2030. Y para 2035, se estima que solo el 10 % de los coches del mundo usará baterías totalmente sólidas. Esto nos da un margen de unos pocos años para posicionarnos, pero la ventana no es eterna. Los chinos ya están armando sus fábricas, los coreanos están ajustando sus calendarios y los europeos están presionando con regulaciones ambientales que van a exigir trazabilidad del litio. Chile tiene la materia prima más pura, la energía renovable más barata de la región y una experiencia minera de clase mundial. Pero la pregunta que queda flotando es si vamos a ser el «país de la salmuera» o el «país de las celdas».
El primer semestre de este año fue el tiempo de los planos y las alianzas estratégicas. El segundo semestre es el tiempo de construir y fabricar. Las decisiones que se tomen en los próximos meses en las mesas de negociación entre el Estado, las empresas privadas y los socios tecnológicos van a definir si el litio chileno se queda en la puerta del salar o si llega al motor de los coches del futuro. La era de las baterías mágicas ya no está en el horizonte, ya tocó la puerta, y la puerta está en el Pacífico, con el nombre de China escrito en mayúsculas. Esperemos que en Chile estemos listos para abrirla, pero con la tecnología y las patentes en la mano, no solo con la pala y el camión.
Por Bruno Sommer
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