Cuando vamos al súper a por fruta, carne, pescado o cualquier otro alimento nos encontramos con etiquetas que nos informan de sus precios, pero esa cifra es solo la última de una larga (y compleja) cadena de costes en la que no todos los eslabones se mueven al mismo ritmo. Esa es la idea que han querido subrayar los ganaderos a cuenta de la carne de cerdo: según sus cálculos, ellos cobran hoy un 29% menos que en 2024 mientras los súper nos la venden un 7% más cara.
La pregunta es obvia: ¿dónde se queda ese diferencial, que según estimaciones del sector ha dado un salto del 179%?
¿Qué ha pasado? Que la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) acaba denunciar "la brecha creciente" que hay entre lo que cobran las granjas por la carne de cerdo y los precios que acaban pagando los clientes finales en los supermercados. Tras analizar el mercado durante dos años (de abril de 2024 al mismo mes de 2026) y calcular lo que denomina Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD), la organización agraria ha detectado dos tendencias que avanzan en sentido opuesto en la cadena de producción: mientras los ganaderos cobran menos por su género hoy que hace dos años, los súper lo venden más caro.
¿Cuánto más caro? COAG asegura que en abril de 2024 los ganaderos recibían 1,83 euros por cada kilo de cerdo. En abril de 2026 (último dato disponible) ese indicador se había reducido hasta los 1,3 €/kg. Lo llamativo es que (siempre según datos de COAG) el "precio destino", el que paga el consumidor en el súper, evolucionó en sentido inverso. De los 6,45 €/kg de 2024 se pasó a 6,9 €/kg. ¿Qué significa eso? Básicamente que mientras los productores vieron cómo la cotización de su género retrocedía un 28,9%, las tarifas a las que se vende la carne en los súper crecieron un 6,9%.
¿Hay más indicadores? Sí. La organización no solo registra las tarifas que se cobran en un momento u otro. También calcula el “diferencial granja-supermercado”, un indicador que básicamente muestra cómo de ancho es el margen que separa ambos extremos de la cadena de producción. Su conclusión resulta aún más reveladora: mientras en 2024 el diferencial era del 252%, el mes pasado ascendía al 431%. El COAG habla ya de “una brecha creciente e injustificada entre lo que cobra el ganadero y paga el consumidor final” en el súper.
"Los datos evidencian que la bajada del pecio en origen no se ha trasladado en ningún momento al consumidor. Todo lo contrario: mientras el ganadero venía sufriendo una caída continuada de sus ingresos a lo largo de 2025 y principios de 2026, el precio en el supermercado no solo se mantiene estable, sino que seguía creciendo", argumenta la coordinadora, que denuncia el efecto de esa doble tendencia: "Una transferencia neta de rentas desde el productor hacia la cadena de distribución y la industria cárnica".
¿Qué dicen los supermercados? Coincidencia o no, el informe de COAG llega solo unos días después de que Asedas, la Asociación España de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados, se quejase públicamente de las "distorsiones sistemáticas" y "enfoques simplistas" que suelen usarse a la hora de analizar los precios que rigen en las diferentes fases de la cadena de producción. Un discurso que que "genera confusión" y lleva a pensar en "intermediarios ocultos".
"No existen márgenes abusivos, el precio del producto final está plenamente justificado por costes reales, riesgos asumidos e inversiones realizadas", argumentan desde la asociación, que ha presentado un estudio precisamente sobre cómo comparar de forma "precisa" precios origen-destino. En el análisis, elaborado por Manuel Hidalgo, profesor de Economía de la Universidad Pablo de Olavide, se cita entre otros el IPOD elaborado por COAG. "Constituye el ejemplo más paradigmático de cómo un enfoque metodológicamente deficiente puede generar percepciones distorsionadas sobre el funcionamiento real de la cadena agroalimentaria".
¿Qué argumentan? El estudio firmado por Hidalgo advierte que el IPOD, "lejos de aportar claridad al debate, introduce distorsiones significativas" y se basa en "una premisa conceptualmente errónea: la idea de que la cadena agroalimentaria puede analizarse mediante una simple comparación binaria entre dos puntos". El economista advierte de "los procesos de creación de valor" y recuerda que en la cadena que lleva los alimentos de los campos a las mesas participan más actores que las granjas y los súper.
A lo largo del informe Hidalgo denuncia otros errores, como que se comparen los precios más bajos en origen con "el más alto observado" en los lineales, que haya comparativas basadas en muestras poco representativas o que se equipare erróneamente el margen bruto y el beneficio neto.
¿Y qué proponen entonces? Como alternativa, el economista plantea una fórmula de cálculo que ejemplifica con varios productos. Uno de ellos es el aceite de oliva, al que sigue la pista desde su precio en origen (2,35 €/l) hasta el aplicado en tiendas (7,5 €/l). Entre medias señala las fases de transformación y distribución, durante las que el aceite incorpora un "valor añadido" de 5,15 € y margen comercial. "Este incremento no es especulación, sino la suma de servicios necesarios", concluye el análisis, presentado por Asedas y Caea.
¿Qué pasa con el mercado? Más allá de las interpretaciones de unos y otros sobre dónde termina el margen de dinero que separa lo que se paga en las granjas y en los súper, algo está claro: el mercado porcino español pasa por un momento complejo. Los ganaderos se han visto muy condicionados por los casos de peste porcina africana detectados a finales del año pasado Cataluña, lo que hizo que China vetase la entrada de género procedente de Barcelona. En general, los datos de la patronal Interporc muestran que en 2025 las exportaciones retrocedieron en general un 3,4% anual, arrastrando de paso la facturación, que se contrajo 300 millones de euros.
El impacto de la peste porcina no tardó en dejarse sentir con caídas de precios y la búsqueda de nuevos mercados. Un escenario complejo al que, meses después, le siguió la resaca de la guerra de Irán, que al igual que en otros muchos sectores (incluidos los agrícolas) se dejó sentir con un encarecimiento de los combustibles. Con ese telón de fondo, y en aras de una 'foto' más precisa de qué ocurre con los precios, COAG reclama algo más al Gobierno: que publique datos actualizados sobre la cadena de valor y costes de los alimentos, "una forma de fortalecer la transparencia", reivindica Andoni García, directivo de la organización.
Imágenes | Diego San (Unsplash) y Kyle Mackie (Unplash)
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La noticia
En dos años la carne de cerdo se abarató un 29% en las granjas y se encareció un 7% en los súper. La pregunta es obvia
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
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