"Antes solo había arena, sin ninguna vida. Así que intentamos crear un oasis arrojando allí barcos antiguos. Ahora es una zona de cría de peces. Es como si hubiéramos construido un bloque de apartamentos y [la vida marina] se hubiera mudado". El comentario, de 2013, es de Eric Shaw, un biólogo y buzo británico que hace medio siglo impulsó un proyecto pionero en Europa: crear un arrecife artificial frente a las costas de Gibraltar con antiguas embarcaciones.
Shaw falleció en 2023, con 76 años, pero su iniciativa sigue inspirando a día de hoy y maravillando a quienes se sumergen al suroeste del peñón.
¿Un arrecife artificial en Gibraltar? Exacto. Para conocer su historia hay que remontarse a comienzos de los 70, cuando la organización Helping Hang Trust se puso a buscar formas de enriquecer el ecosistema marino de Gibraltar.
El objetivo, como explicaba en 2013 a The Guardian Eric Shaw, uno de los fundadores de la entidad, era fomentar la conservación de la fauna y flora autóctonas. Lo interesante sin embargo no es el 'para qué', sino el 'cómo': se decidió construir un arrecife artificial, una especie de "bloque de pisos" para peces del que, décadas después, aún presume el Gobierno de Gibraltar.
¿Cómo lo hicieron? Por fases. Y probando. La historia del arrecife la conocemos bien porque la relató el propio Shaw en 2019 en un artículo publicado en Almoraina, la revista del Instituto de Estudios Campogibraltareños.
Primero, en el invierno de 1975, se probó a hundir viejos neumáticos lastrados con piedras bentónicas. Más tarde se recurrió a carrocerías de coches, aunque los resultados no fueron los esperados y los impulsores del proyecto optaron por otro recurso: viejos barcos, cascos que se descontaminan antes de fondearlos.
¿Por qué barcos? Por su resistencia y potencial para convertirse en hábitats naturales. Como recuerda Shaw, un pecio ofrece diferentes superficies en las que puede brotar la vida submarina: tiene partes verticales y horizontales, recovecos protegidos y diversas inclinaciones más o menos expuestas a la luz solar. No es nada nuevo. Hay estudios que avalan el valor ecológico de los pecios.
"En su conjunto, forman un arrecife natural complejo", reivindica Shaw. Así pues, a comienzos de los años 80 arrancó con fuerza la tercera fase del proyecto, centrada en diez barcazas de entre 400 y 900 t situadas a una profundidad de entre nueve y 21 metros, lo que generó una superficie de 4.799 m2.
¿Y cómo está a día de hoy? En la web del foro 'Thinking Green', del Gobierno de Gibraltar, se aportan algunas pinceladas extra: "Hasta la fecha se han hundido de forma intencionada más de treinta embarcaciones para la creación de arrecifes artificiales, estratégicamente ubicados para potenciar la biodiversidad marina de Gibraltar y proporcionar refugio y protección a la vida marítima autóctona".
En la misma publicación el Ejecutivo regional detalla de hecho cómo fue la preparación y limpieza del Sun Swale, "el más reciente de los arrecifes", creado a partir de un remolcador fuera de servicio de unos 30 metros de eslora.
¿Y no ha habido polémicas? A lo largo de los años la iniciativa ha ido ampliándose con nuevas piezas, como True Joy, una embarcación de madera de 26 metros hundida en abril de 2006 y que yace a 23 m de profundidad.
El proyecto, por supuesto, también ha tenido su dosis polémica. En 2013 Gibraltar arrojó al Mediterráneo decenas de bloques de hormigón con extremos metálicos para que, en teoría, debían servir de arrecife. La decisión desató la ira del Gobierno de España por su impacto en los caladeros de pesca. En concreto, advertían de que las piezas complicaban el marisqueo y la pesca de cerco.
¿Ha funcionado el arrecife? Eso parece. En 2012 el Gobierno de Gibraltar publicó un informe en el que concluía que en solo unas décadas la biodiversidad marina de la región se había enriquecido: a mediados de los años 90, dos décadas después de la instalación del primer arrecife, el número de especies se había multiplicado. De los 12 vertebrados y 22 invertebrados registrados antes del proyecto se había pasado (ya entrados los 90) a 54 y 55, respectivamente.
"Antes solo había arena, sin vida alguna. Ahora es un criadero de peces. Allí desovan la dorada y, en temporada, el atún, además de invertebrados", aseguraba Shaw en 2013, quien en plena polémica con España, insistía: "El arrecife no tiene otro fin que la conservación". Años después incluso The Telegraph dedicó un reportaje al proyecto destacando que estaba "rebosante de vida".
Imagen | Michal Mrozek (Unsplash)
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La noticia
En los años 70 Gibraltar tuvo una idea para revivir la fauna y flora frente a sus costas: hundir decenas de viejos barcos
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
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