En Coomonte de la Vega (Zamora), un municipio de 175 habitantes según el padrón de la Diputación, los chavales iban al cole sin interrupción desde hace 130 años. Pero este curso 2026-2027 se quedó con 2 alumnos matriculados, por debajo del mínimo exigido, y cerró sus puertas. Los dos escolares que quedaban tendrán que desplazarse a Morales de Rey o a otro centro cercano. El edificio seguirá en pie, con su pizarra y sus pupitres intactos. ¿Entonces?
El número mágico es tres. En Castilla y León, una escuela rural unitaria necesita al menos tres alumnos matriculados con asistencia regular para seguir abierta; por debajo, la unidad cierra automáticamente. Coomonte no es el único caso zamorano: Torrefrades y Castrogonzalo también se quedan sin colegio por falta de matrículas, mientras que Villar del Buey, Casaseca de las Chanas y San Juan del Rebollar sobreviven este año pegados al límite, con exactamente tres niños cada uno. La confirmación oficial llegará el 9 de septiembre, como recuerda siempre la Consejería, aunque las familias ya conocen la situación.
Bajo mínimos. Hasta 2018, Castilla y León exigía cuatro alumnos. La norma cambió por un caso muy concreto: la escuela de San Martín del Castañar (Salamanca) iba a cerrar con tres niños, hasta que su alcalde pidió una excepción alegando que al curso siguiente llegarían unas trillizas. Esa flexibilización puntual acabó convirtiéndose en regla general para toda la comunidad.
En el curso 2025-2026, Castilla y León llegó a tener 34 colegios rurales de tres o cuatro alumnos —24 con cuatro, 10 con tres—, el doble que siete años antes, cuando solo había cinco centros en ese umbral. El propio San Martín del Castañar terminó siendo uno de los cuatro colegios que sí cerraron en la comunidad (dos en Salamanca, dos en León), mientras la Consejería prefería destacar que el colegio de Cubillos reabría con cinco alumnos tras años cerrado, y el de Sanzoles se salvaba por la mínima, ambos en Zamora.
Cuántos son suficientes. La Rioja, por ejemplo, exige cinco alumnos y no tres: la comunidad tiene 47 escuelas repartidas en once CRA y cerca de 1.470 alumnos en total, con varios centros rozando ese límite. El récord de resistencia es el colegio de San Román de Cameros, que este curso sobrevive con tres escolares pese a que la norma riojana pide cinco —una excepción parecida a la que en su día salvó a San Martín del Castañar—. Asturias y Aragón, en cambio, sí comparten el listón de tres.
Educando. Castilla-La Mancha también exige cuatro alumnos, aunque hace excepciones puntuales: en 2025, las familias de San Benito (Ciudad Real), una pedanía de 180 habitantes, lograron salvar su escuela con solo tres niños matriculados —Alicia, de seis años; Antonio, de nueve; y Miguel, de once— después de movilizarse y escribir a la Consejería.
Galicia mantiene un listón más alto, pero tampoco anda lejos: la Xunta ha cerrado cuatro escuelas unitarias de cara al curso 2026-2027 en Boiro, Mesía, Taboadela y Portas por matrícula insuficiente y sin previsión de incremento. Entre las cuatro sumaban apenas once matrículas: la escuela de Olas tenía cinco niños, la de Taboadela uno, la de Lantaño tres y el colegio de Pazos-Comoxo dos. El umbral gallego bajó de seis a cinco alumnos hace apenas un par de cursos, y aun así siguió dejando fuera a varios centros.
El precio de mantener una escuela así. En Aragón, el gasto por alumno en una escuela rural alcanza de media los 8.000 euros al año, frente a los 3.000 euros de un centro urbano, según cifras del propio Gobierno autonómico: la escuela rural aragonesa concentra el 17% del alumnado pero se lleva el 31% del presupuesto educativo.
En Castilla-La Mancha, el Ejecutivo reconoce que mantener sus colegios de matrícula mínima le cuesta un 452% más que un centro ordinario, un dato que aparece recogido en el propio reportaje sobre San Benito. Da igual que haya 25 alumnos o 2, hace falta el mismo maestro, la misma calefacción y el mismo edificio. Ni el PSOE ni el sindicato CSIF cuestionan ese sobrecoste en Castilla y León, porque esto es un servicio educativo en el medio rural, no una empresa que deba ser rentable.
Qué pasa con los profesores. Un Colegio Rural Agrupado (CRA) es la fórmula que une varios pueblos bajo un mismo centro administrativo y comparte docentes itinerantes de inglés, educación física o atención a la diversidad. Castilla y León tiene 198 CRA, veintitrés de ellos en Zamora, y en España hay entre 700 y 800, con cerca de 65.000 alumnos en total.
Castilla y León empezó el curso 2026-2027 con 7.834 vacantes docentes de interinidad, la cifra más alta de toda la serie histórica que analiza CSIF desde 2011-2012. Son 275 vacantes más que el curso pasado y 3.770 más que en 2011-2012 —un incremento del 92,8%—, con casi cuatro de cada diez a tiempo parcial. Pese a la escasez de personal y la destrucción de puestos, cuando una unidad como la de Coomonte cierra, el profe se reasigna a otra localidad del mismo CRA.
Mirando el atlas. Japón cierra unas 450 escuelas rurales cada año por el mismo cóctel de envejecimiento demográfico y éxodo juvenil, hasta el punto de que algunas administraciones locales han optado por convertir los edificios vacíos en atracciones turísticas (o incluso en hoteles rurales, como el proyecto Hare to Ke en Shikoku) antes que dejarlos cerrados sin más. Sin embargo, la alumna Akino Imanaka, de la ciudad de Marugame, situada en una isla con 0,6 kilómetros cuadrados, era la única alumna de su cole.
El colegio de Coomonte estará listo para reabrir si en algún momento vuelve a haber tres niños empadronados, tal y como ocurrió con Cubillos y Sanzoles el curso pasado. También sucede a la inversa: reabrir trae mucha ilusión; que se lo digan a los niños de El Piñero. Sin embargo, una escuela sin niños es “como si no hubiera nada", como decía una madre en San Benito. Además, una escuela que cierra suele ser el primer síntoma visible de una despoblación.
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La noticia
En un pueblo de Zamora retoman la vuelta al cole cerrando una escuela por primera vez en 130 años
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Isra Fdez
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