Enemigo identificado = Izquierda reunida

El Ciudadano

Por Franco Caballero Vásquez

Lamentablemente, por ahora, no podemos hablar de soberanía social, ni de multitud, ni pueblo organizado. El escenario de lo político a lo Chantal Mouffe en estos días está fragmentado. Hay una sensación que de la rabia pasó a una pena paralizante. Ante la derrota del movimiento social, y vistos desde una visión maquiavélica según la política representacional, quedamos como niños que reclamaron por la comida y la clausura de la cocina se nos cerró en las narices de un portazo.

Y digo maquiavélica pensando en el objetivo principal de todos los problemas sociales de la actualidad: el neoliberalismo. Este problema supera las manifestaciones y los personajes políticos que puedan implementar el tan anhelado cambio, es decir, que no importa quién lo haga, ya sea la sociedad organizada (multitud) o los partidos políticos, pero es el cambio que deberían buscar todas las izquierdas en el mundo, el enemigo a identificar, que ya no puede ser obviado y ni asumido.

Los niños no deben gobernar diría la clase política, los que gobiernan son los adultos, los partidos políticos encerrados en su cocina, condimentando, friendo, tostando y asando todas las comidas. Las representaciones, a las que apelamos por superar cuando hablamos de democracia real, controlan todo en este sistema democrático. Establecen las recetas, manejan el flujo de los ingredientes y debaten entre ellos acerca de si la comida quedó muy salada o muy cocida. El resto somos los niños que a veces reclamamos porque nos aburrimos de comer arroz o tallarines, pero allá adentro interpretan y vigilan las pataletas.

En ese sentido, los niños podemos volver a impulsar nuestros deseos las veces que queramos hasta que nos apropiemos de la cocina, que correspondería a la verdadera democracia, pero por ahora sigue teniendo la última palabra la representación. La cual, para peor, ya empieza a demostrar su crisis cuando sabemos que EEUU puede financiar y promocionar a la ultraderecha en el continente; son los que aprendieron a manipular la democracia y Trump lo hizo evidente. Como siempre el mimado es el que mata la gallina de huevos de oro. Deben opinar súper bien de él Kissinger y la CIA.

Como decíamos, no importa quien acabe con Thanos, con la Estrella de la Muerte, con el sistema que mató al sujeto, en definitiva, lo importante es que se termine, y ante la diluida manifestación social, el cambio tiene que surgir desde adentro de la cocina, el que si se aglutina bien puede ser mucho más eficaz que un estallido, mucho más económico, sin violencia, sin destrozos y sin divisiones. Usted dirá que es mucho más difícil, sin embargo, existe un primer intento, antes del estallido social al que podríamos considerar como el segundo intento, en donde unos no querían arroz, a otros no les gustaba el curry y así solo se armó un caos.

El primer intento fue el de Bachelet, con cabildos y asambleas que materializaron el deseo de la gente en la recopilación de la información sistematizada detrás de cada agrupación civil, espontánea, participativa que haya querido reunirse para hablar de qué es lo que queríamos comer de almuerzo y cena. Eso fue muchísimo más barato que andar eligiendo constitucionalistas, y no cayó tampoco en el veneno representativo como lo fue el segundo intento. Los que querían reunirse lo hacían, mientras fueran cabildos ciudadanos no había problema.

El Socialista debe estipular clara y transparentemente que el enemigo es uno solo, debe tenerlo como norte, el gran mal a derrocar es el neoliberalismo, tienen que identificarlo.

Eso se sintetizó en una propuesta constitucional que Piñera archivó en su despacho y con la que después se agarraba la cabeza por no haberla implementado al ver que el estallido social se le venía encima. Eso quedó en el pasado, habría que hacer cabildos de nuevo, sin distancia, sin polémica, sin representación ni revueltas, sino que solo consultando a la gente, pero bueno, ¿cómo repetimos lo de Michelle? Para eso, hay que apropiarse de la cocina, y con ello aludir a la misión de los partidos de izquierda.

Primero el Socialista debe superar su herida allendista con el PC. El Socialista debe recuperar su leninismo perdido, no puede ser que un partido de izquierda esté fluctuando hacia el centro, sosteniendo el sistema, coqueteando más con la flama representacional que infla el poder concentrado de la clase política antes que con el territorio y la población. El Socialista debe estipular clara y transparentemente que el enemigo es uno solo, debe tenerlo como norte, el gran mal a derrocar es el neoliberalismo, tienen que identificarlo. Si no lo tienen claro, entonces ya no son izquierda, y cuando hablamos de crisis de la izquierda es que un partido emblemático como este se confunda entre las sombras de las alacenas.

El Socialista debe tener un antagonista definido. Eso es lo que se critica a la izquierda actual, que no tiene un antagonista, un enemigo identificado. El que no es la delincuencia, ni la desigualdad, porque esos son conceptos vacíos que se vienen arrastrando desde los 80 en adelante y ningún gobierno, de izquierda o derecha los puede combatir bien. El problema es lo que dice la constitución, otorgando soberanía empresarial y no estatal a las formas de vida que van pudriendo por dentro a las personas y haciéndonos desiguales y delictuales.

Pero el Socialista sigue siendo parte del sistema, no apelan por el cambio radical de lo sistemático, sino que apelan por el cambio de a poco, lo que los hace ser la nueva DC, el nuevo centro. Reformistas en tiempos donde el colapso se avecina y políticamente solo sobrevivirán los radicales definidos que tienen una postura clara, que saben de dónde vienen y hacia dónde van. El PS, así como va, se erige como el nuevo centro, ahora que la nueva guerra democrática ha comenzado, o usted cree que es normal que haya tanto gobierno de ultraderecha en Sudamérica.

La izquierda en Chile sería el PC con el Frente Amplio, tienen identificado el problema: el ser sujeto actual muere, lo han dicho los grandes filósofos de la política contemporánea, Deleuze, Foucault, Negri; hay que salvarnos. El deseo ha sido alienado, la voluntad ha sido capturada. No podemos vivir inseguros, asfixiados por la delincuencia, por la individualidad, sin familias, llenos de depresión y suicidios, todo eso trajo la consigna del mercado como valor absoluto de la verdad. Hay que volver a colocar al ser humano en el medio, para que ya nadie se vuelva loco por el dinero, ni sea este el fin último de todas las cosas. Hay que volver a educarnos filosóficamente para que tampoco sucumbamos en las crisis existenciales.

Que el PS busque el centro solo les da más poder a sus representantes en tanto inflar el chancho, es decir, inflar los patrimonios personales, pero no los del partido y su devenir.

El PS debe identificarse como partido de izquierda con el neoliberalismo como enemigo expuesto, por tanto, aliado al PC. Ya basta de pasiones, es tiempo de razonar. Creo que la sociedad actual exuda cooperación y encuentro, son los grandes valores sociales de hoy y del futuro próximo.

El PC, el FA y el PS deben unificarse. Si el PS sigue buscando su amplitud en el PPD, el PR y la DC, está buscando convertirse en el partido hegemónico como los Demócratas en EEUU, o ser la nueva Concertación, pero las intenciones son solo sueños, el fundamento real queda adherido en atender hacia dónde va la conciencia colectiva. Que el PS busque el centro solo les da más poder a sus representantes en tanto inflar el chancho, es decir, inflar los patrimonios personales, pero no los del partido y su devenir. Eso los asimila al trumpismo, enterrar un partido a costa de ganar hoy.

Si no hubiese presidido Kast podría haber sido que buscar el centro diera resultados. Sino hubiese implosionado la bomba del estallido social que se activó con la energía del descontento, que quedó, aunque se niegue, como una bala pasada, podría haber sido, pero el cáncer sigue ahí. Esa energía que implosionó hay que atenderla, hacerle vista gorda es cerrar la puerta de la cocina con llave sin saber que la cocina es parte de una casa que se viene abajo.

El FA es como el PS antes del golpe. Antes de que se dividieran por Allende, quien, siendo PS, fue más apoyado y defendido por el PC. Allí se separan en una escisión que parece irreversible. El PS debe purificar sus representantes para que no se inflen de un poder superfluo y puedan hacer de su partido uno con miramientos claros, definidos y trasparentes, que, si no los tienen, no deben ser llamados de izquierda, ni aunque se digan marxistas.

Pero si lo hicieran, si se unieran una vez más, ganaría la soberanía social, se haría de la casa un hogar, con fines y propósitos claros, donde se cocine lo que a la familia le gusta, eso es democracia. Si el PS se uniera al PC y al FA ganaría la sociedad civil, ganaría la multitud articulada ahora bajo una misma estrella: el cambio constitucional, esa es la pelea que tiene que buscar la izquierda, en Chile y en el mundo. Esa es la verdadera alameda ancha por donde pueda transitar el hombre libre, libre del mundo y de sí.

Por Franco Caballero Vásquez

Filosofía política.

Fuente fotografía


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Julio 3, 2026 • 2 horas atrás por: ElCiudadano.cl 25 visitas 2257542

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