Madrid, 26 may (EFE).- Enjambres de cables, cerramientos de terrazas, aparatos de aire acondicionado, toldos y antenas son algunos de los elementos que cambian la estructura y la estética de los edificios. ¿Son compatibles con la conservación del patrimonio o forman parte de la evolución del paisaje urbano?
Para unos, este es el caballo de batalla para que se respete la normativa destinada a preservar la imagen de las ciudades, no solo en las zonas protegidas por patrimonio; para otros, los barrios se van modelando a golpe de vida y dotan de identidad a las ciudades y a la estética del entorno urbano.
Equilibrar la tecnología y la comodidad de los hogares con las buenas prácticas y la armonía en las fachadas es la "lucha diaria" de la comisión de patrimonio del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), asegura a EFE su decano Sigfrido Herráez, quien advierte de que ha ganado el planteamiento de que, "como es mi casa, hago lo que quiero", cuando la imagen de la ciudad "no es de un particular, sino de la ciudadanía".
Que se cubran las terrazas de la misma manera, que los aires acondicionados, si no pueden camuflarse o subir a la azotea, se sitúen en el mismo lado de la fachada, que los toldos sean idénticos o que los paneles solares están en el lugar idóneo es su "caballo de batalla", que -reconoce- "no tiene fácil solución" porque, entre otras cosas, las administraciones no vigilan el cumplimiento de la normativa.
Y añade dos cuestiones más: "internet por cable ha matado los centros históricos". Las compañías multiplican los cables y no se retiran los que están en desuso, se queja, mientras apunta también a la instalación poco afortunada de los elementos para la accesibilidad de los edificios.
Herráez reconoce que hay una pelea "incomprendida" entre promotores y los vecinos. "Nos ven como el coco del patrimonio, pero tenemos que parar barbaridades en busca de la uniformidad, no por gusto, sino para hacerlo bien", señala.
La Ciudad Vieja de Santiago de Compostela, Patrimonio Mundial de la Humanidad desde 1985, tiene muy limitadas las intervenciones por el plan especial de protección y rehabilitación del casco histórico (1987).
Una normativa que incluye unas reglas generales de estética, materiales, composición o huecos, entre otros elementos, que definen a grandes rasgos cómo se ha de proyectar en el casco histórico, aunque después cada edificio tiene una ficha individualizada que precisa qué se puede y qué no se puede hacer, explica a EFE el arquitecto colegiado Gonzalo Alonso.
Las ventanas deben ser verticales, se autorizan materiales como la piedra o determinados tipos de granito pero no mármoles y calizas, y se permite la madera pintada pero no la natural.
Lo que el técnico admite que no se ha solucionado aún es el cableado que recorre las fachadas del casco viejo, pues el plan de 1987 apenas contemplaba que deben de ser subterráneos.
"Hubo un plan bastante ambicioso, pero la crisis económica se lo llevó por delante", cuenta el arquitecto, que explica que los costes son altos y hay limitaciones desde el punto de vista arqueológico.
Alonso sí reconoce que fuera del casco histórico la normativa es mucho más laxa y abundan estéticas variadas y elementos como cerramientos de terrazas, más "anárquicas".
El arquitecto Pablo Arboleda y el fotógrafo Kike Carbajal publicaron en 2024 'Toldo verde. Postales de otro patrimonio', un libro en el que vuelven la mirada a los barrios españoles de clase trabajadora, de fachadas de ladrillo y toldos verdes, con el objetivo de poner en valor ese paisaje urbano, ensanchando así el concepto de patrimonio arquitectónico sin hacer juicios de valor sobre un entorno "cargado de emociones, de una forma de vida muy concreta".
"La palabra patrimonio busca la exclusividad", advierte con cierta desazón Arboleda. "No abogamos porque los toldos sean reconocidos como tal. Planteamos una mirada patrimonial en clave cultural. Precisamente, no cerrarnos" a los cambios: a cerrar su terraza, a poner parabólicas o bicicletas en el balcón, generando una nueva identidad visual en la ciudad.
Y así, ponen como ejemplo el escenario elegido para el anuncio del Mundial de Fútbol de Adidas -rodado en el barrio de Llefià (Badalona-Barcelona)-, donde los edificios muestran toldos verdes y ropa tendida. "Es evidente que es España".
Carbajal reivindica la arquitectura de la humildad, su belleza, la estética "de una forma de vida muy concreta", y propone una reflexión sobre cómo veremos dentro de 40 años los edificios con toldos de rayas y los del 'boom inmobiliario' actual. EFE
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