El Ciudadano
Por Pedro Lovera Parmo.[1]
A los 92 años falleció el reconocido periodista y militante de izquierda Manuel Cabieses Donoso. Su nombre retumba no solo en los círculos periodísticos de la larga década del sesenta y de la eterna transición a la democracia, sino también en la historia política y social de nuestro país. Como siempre, una partida física es un buen momento para reflexionar sobre una trayectoria política destacada del corto siglo XX.
En 1965, un mes antes de la fundación del que sería su partido, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Cabieses fundó, junto a otros compañeros, la ya mítica revista Punto Final. Quizás lo más característico de aquella publicación fue su compromiso plural, abierto y heterodoxo con la izquierda y el movimiento popular chileno. Esto quedó expresado desde su nota editorial fundacional, en la cual se declaraba un medio “democrático y de avanzada” al servicio de “las grandes masas”, protagonistas de la historia, poniéndose explícitamente a su servicio.
Esa verdadera declaración de principios se transformó en el eje rector del trabajo de Punto Final. En sus páginas abundaron los reportajes sobre el movimiento campesino, estudiantil, de pobladores y obrero. Abundaron también reportajes sobre la discusión de reforma y revolución, las guerrillas en el Sur Global, la política institucional, el imperialismo, el rol de los medios y el papel de la mujer en la revolución.
Asimismo, organizaciones como el Movimiento Revolucionario Manuel Rodríguez (MR-2), el Partido Socialista, el propio MIR y distintas corrientes maoístas tuvieron espacio para dar a conocer sus perspectivas sobre la realidad nacional, latinoamericana y mundial. Si bien la cercanía con el MIR era innegable, dada la militancia del propio Cabieses, la revista nunca fue un órgano sectario. Ese anti-sectarismo fue también una marca personal de Cabieses, que supo imprimir en su labor periodística.
Este espíritu heterodoxo y unitario —conformado por una pléyade de militantes críticos de izquierda— se expresó también en la apertura intelectual de la revista. En sus páginas se escribieron reportajes y reflexiones sobre Antonio Gramsci, Rosa Luxemburgo, Louis Althusser, Angela Davis, Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara. Publicaron allí figuras como Roque Dalton, Fernando Martínez Heredia, Miguel Enríquez, Régis Debray, José “Pepone” Carrasco, Clotario Blest, Gladys Díaz, entre tantos otros y otras.
La labor de Punto Final alcanzó tal envergadura a nivel latinoamericano que incluso participó en la recuperación del Diario del Che en Bolivia, posteriormente publicado por la propia revista en su edición número 59 de 1968, tal como fue anunciado por Fidel Castro en las últimas líneas de Una introducción necesaria. No era casual aquella presencia. Cabieses mantuvo a lo largo de su vida un reconocimiento explícito a la Revolución Cubana como uno de los procesos políticos más significativos del siglo XX latinoamericano. Su vínculo con Cuba no fue meramente intelectual: durante su exilio mantuvo relaciones políticas y personales con ese proceso, reafirmando su convicción de que América Latina podía pensar y construir proyectos emancipatorios propios.
Para la historia quedarán míticos reportajes y portadas, como la del fatídico 11 de septiembre de 1973, en la que se exhortaba a las fuerzas militares a no caer en la represión bajo la consigna: “Soldado: la patria es la clase trabajadora”.
Muchos de sus periodistas y colaboradores sufrieron los oprobios de la larga noche dictatorial. Nombres como Jaime Barros Meza, Augusto Carmona o Máximo Gedda engrosan la lista de ejecutados políticos. Cabieses no fue ajeno a esta realidad: debido a su notoriedad pública como periodista y revolucionario fue detenido, trasladado por distintos centros de detención y tortura y finalmente expulsado del país.
Como era de esperarse, su ímpetu no se limitó a la denuncia internacional de los crímenes de la dictadura y desde el exilio continuó vinculado a la causa revolucionaria y como dirigente del MIR siendo parte de la Operación Retorno —plan diseñado para el reingreso de la militancia para luchar contra la dictadura—, a la cual se ofreció como voluntario para reingresar a Chile y luchar contra la dictadura civil y militar. Ya sabemos cuál fue el derrotero.

Con la inminente salida pactada del dictador Augusto Pinochet, Cabieses reabrió Punto Final en 1989 y fue un temprano aguafiestas de la postdictadura chilena denunciando su carácter limitado y antidemocrático, expresado en la continuidad del dictador como figura política central. Esto derivó en que la portada de su edición 247 de 1991 mostrara a Pinochet limpiándose la nariz con la bandera chilena bajo el título de “Cínico y sádico”. Mientras el otrora dictador presionaba al gobierno de Aylwin para invocar la ley de Seguridad Interior del Estado la fiscalía militar abrió su propia causa acusando a Cabieses de “incitar a la tropa a la sedición”. El director de Punto Final caía detenido por última vez en su vida en 1991, en pleno retorno a la democracia.
La porfía de Cabieses no solo se desarrolló en el ámbito estrictamente periodístico. Como él decía Punto Final “nunca se ha quedado chica” y no “se limita a las tareas propias de una revista”, sino que es “un instrumento de acción política”. Así mientras el relato oficial llamaba a la desmovilización en favor de una política ejercida por expertos sin la participación popular, Cabieses junto a otras figuras del mundo social y popular como el cura Rafael Maroto y Sergio Vuskovic pusieron sus esfuerzos en la recomposición de las militancias dispersas.
A comienzos de los noventa la tarea que asumió Cabieses era la de crear un nuevo eje de izquierda, para lo cual se hacía “necesaria la presencia de un partido de izquierda que agrupara a la vasta gama de tendencias de izquierda no comunista”. La labor no era sectaria ni buscaba excluir al Partido Comunista, sino que, por el contrario, y como señala el propio Cabieses “hacíamos un esfuerzo muy importante para atraer al PC a un apoyo activo a esta tarea destinada a la formación de un nuevo eje de izquierda”. La tarea política unitaria de Cabieses en los noventa pareciera estar aún pendiente.
Quienes quieran explorar la vida de Manuel Cabieses Donoso cuentan no solo con el importante archivo digital de Punto Final, sino también con sus memorias: Autobiografía de un rebelde. Allí comprobarán que la historia de este periodista y revolucionario se entrelaza profundamente con la historia política de Chile y América Latina.
[1] Doctor en Historia. Miembro del Comité Académico del Diplomado de Pensamiento Crítico Latinoamericano de la Universidad de Chile.
La entrada Entre la imprenta y la rebeldía: el periodismo militante de Manuel Cabieses Donoso se publicó primero en El Ciudadano.
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