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Entrevista con Sandro Mezzadra: «La conflictualidad, en términos maquiavelianos, es la energía política, la cual puede dar empuje a la izquierda»

El Ciudadano

Sandro Mezzadra es profesor de teoría política en la Universidad Alma Mater de Bolonia, Italia. Desde un punto de vista político, menciona que tiene una formación muy influenciada por el Operaismo Italiano: “Mi trabajo continúa en el mismo camino de aquella corriente teórica, sea teniendo en cuenta las novedades que caracterizan nuestro presente, y sea considerando la exigencia de problematizar el paradigma teórico del operaismo”.

Lleva años trabajando desde amplias redes de colaboración internacional. Mezzadra en los últimos años ha escrito más en colaboración con otros que solo. En particular, hace más de 20 años, trabaja y escribe con Brett Nilsson. Han escrito juntos tres libros:

  • El primero, Border as Method, 2013.
  • El segundo libro se llama The Politics of Operations, 2019.
  • El tercero, que es el más reciente, The Rest and the West, Capital and Power in the Multipolar World, 2024.

Sobre este último libro ha intentado ajustar cuentas con lo que sucedía mientras escribían el libro, es decir, una coyuntura internacional marcada por la guerra y las fracturas profundas a nivel mundial.

Otra de las colaboraciones que remarca de vital importancia, es aquella con Michael Hardt. En los últimos años han escrito y continúan escribiendo diversos artículos sobre la crisis mundial. Con añoranza menciona que otra de sus relaciones “extremadamente” importantes fue la que tuvo con Toni Negri, del cual fue “compañero y amigo, sobre todo en los últimos 15 años de su vida”.

La conversación se inicia con una reflexión en torno al significado del operaismo, tanto en su formulación histórica como en su vigencia contemporánea:

“El operaismo es un método fundamentalmente. Es un método que, por decirlo de manera rápida, se funda sobre la idea de una prioridad de la lucha, de la práctica de resistencia como punto de vista privilegiado para analizar el desarrollo del capitalismo. Es un método que luego, entre otras cosas, está asociado a un estilo de trabajo, que es el de la investigación, la llamada coinvestigación, que sugiere vincular siempre el trabajo teórico a un conjunto de verificaciones sobre el terreno”.

Este método es un método inminente practico y también activista, y es la forma en que Mezzadra ha buscado construir siempre en relación con movimientos sociales y algunos gobiernos progresistas desde el inicio del siglo.

Esto se extiende también a exponentes progresistas de Latinoamérica, donde remarca la importancia que tiene y ha tenido la región para él. De hecho, junto a Toni Negri y Micheal Hard estuvieron compartiendo reflexiones en Venezuela en el año 2006, también en Ecuador en el 2012, así como en Bolivia, donde menciona que Alvaro Garcia Linera ha sido un importante referente en la discusión.

En este contexto, Sandro Mezzadra responde una de las interrogantes clásicas que históricamente ha atravesado a la izquierda: ¿Qué hacer frente a las transformaciones políticas y sociales del presente?

“Pienso que se la preguntan como yo, muchos otros militantes, muchísimos otros militantes e intelectuales en diversas partes del mundo, hoy, en una situación que es objetivamente muy difícil, en una situación en la cual la izquierda para retornar a ser una fuerza política y materialmente eficaz necesita renovarse de un modo profundo, en fin, esto que parece evidente, es una afirmación general, pero evidente”.

“Ahora, los caminos que ese renovamiento puede tomar son naturalmente diversos según los contextos, en lo que concierne a mi trabajo de investigación y también mi trabajo pedagógico, yo en los últimos años me he concentrado mucho sobre la cuestión del orden mundial y no solamente de la crisis del sistema internacional, también me he ocupado de la crisis del mercado mundial, una crisis en la cual no están involucrados solo los estados, sino que también los grandes actores capitalistas (…)”.

“Pienso que la izquierda hoy tiene necesidad de un renovamiento radical del modo en cual piensa la relación entre la dimensión mundial y las dimensiones internas que a menudo son dimensiones nacionales. Pienso que este es un problema fundamental que por lo demás no se hace por primera vez en la historia, porque si piensas en los grandes debates sobre el imperialismo al inicio del novecientos, sí pone precisamente estos problemas. Una de las razones por la cual siempre vale la pena recordar a Lenin es que Lenin ha dado una respuesta eficaz a esta necesidad de renovar, frente al imperialismo, las coordinadas geográficas de la política comunista, rompiendo con el eurocentrismo. Es cierto, la situación de hoy es muy diferente respecto de aquella de inicios del novecientos”.

Para Mezzadra, este nuevo internacionalismo es un método, un modo de pensar, de como hacer partido y de como construir el discurso político. Método que debe tener en consideración las experiencias de otras latitudes según el contexto de cada país.

La dimensión partidaria en este sentido debe tener cautela respecto a una discusión demasiado general, como si fuese posible pensar una formula para del quehacer para todos los partidos de izquierda. Al mismo tiempo debe tener cautela de las posiciones que sostienen que la forma-partido es una formula añeja del siglo XX.

“Claro, me parece que, mirando las lecciones de los últimos decenios, la forma partido se encuentra en una creciente dificultad de situarse como el actor privilegiado y exclusivo de un proceso de transformación (…) me parece convincente la prospectiva que es delineada en un libro de Rodrigo Nunes, (…) ni vertical, ni horizontal“.

“Encuentro que es una perspectiva sugerente porque invita a repensar la acciones y la organización política en una dimensión ecosistémica, mirando el modo en que aquellos diferentes actores puedan contribuir a la definición de un modelo de organización y acción política capaz de ser eficaz, de transformar efectivamente las relaciones de fuerza, las relaciones de clase, que la misma reflexión sobre el partido puede nutrirse de esa ‘perspectiva’ poniendo en el centro el problema de las relaciones entre el partido y lo que está fuera del partido“.

“Por lo tanto, no liquidando el partido en términos generales, pero subrayando la importancia de esta cuestión, la relación del partido con sus exteriores, con sus múltiples exteriores, de asumir como cuestión fundamental para repensar la misma estructura y acción del partido”.

La discusión respecto del qué hacer también se traslada al posicionamiento de una “nueva” derecha en el escenario político mundial. Considerando el nuevo gobierno de la ultraderecha en Chile, Mezzadra pone el acento en que a la vez que se cortan políticas sociales, también sucede, de igual magnitud, un recorte o lisa y llanamente la eliminación de políticas de memoria (como lo que ha sucedido con el Plan de Búsqueda en Chile). En ese sentido, la izquierda debe rápidamente contribuir a la construcción de una lucha y oposición social férrea.

“La historia no se repite nunca”, cuenta a raíz de la experiencia con tres choferes de taxi, que se han presentado como electores de Kast, y que prevén que con las políticas del actual gobierno se pueda generar un nuevo estallido social. Mezzadra delinea que estos augurios de una nueva movilización política y social a las reformas gubernamentales no se dará de forma espontánea: hay un trabajo inevitable de construcción de conflictualidad, el cual no se puede aplazar ni simplemente remitirse a los procedimientos parlamentarios.

“Pienso que en los próximos años estará allí el problema de Chile, de cómo organizar la conflictualidad. La izquierda no debe ser tímida respecto a esto, después deberá buscar la forma para realizarlo (…) pero la conflictualidad, en términos maquiavelianos, es la energía política, la cual puede dar empuje a la izquierda”.

Frente a la migración, señala que se trata de un fenómeno complejo presente en múltiples países, en el que distintas derechas, tanto tradicionales como emergentes, han construido influencia política a partir de su oposición a la inmigración.

“La migración es un tema clave para todas las derechas que tenemos de frente hoy, derechas más o menos nuevas, más o menos facistas (…) Claramente la izquierda tiene necesidad de una política alternativa sobre la migración. Hacerlo solo desde el punto de vista electoral, perseguir a la derecha, como la izquierda italiana por ejemplo ha hecho durante 25 años, no sirve, no da resultado, porque si los argumentos son los de la derecha, la gente que está convencida de esos argumentos vota a la derecha, no vota a quien intenta proponerlos de una manera un poquito más light. Por eso una nueva política de la migración es indispensable. Después, como siempre debe ser (…) esta política debe ser elaborada en modo contextual“.

Realidad chilena

Mezzadra sigue de cerca la política chilena y advierte que, si bien no ha participado directamente, se ha informado a través de amigos y compañeros: “En Santiago el mes pasado (marzo) hubo un evento público con la viceministra de economía de Boric (Claudia Sanhueza). Ha sido una discusión extremadamente interesante, que partía precisamente de los temas de este libro escrito con Brett, The Rest and the West“.

“Pues, retornado a lo que decía antes a propósito de la perspectiva de la izquierda, me parece que el gobierno de Boric no ha estado en grado de innovar significativamente el modo en cual la izquierda del gobierno debe entender la dimensión mundial de la política. Me parece que ha sido sustancialmente alineado a las políticas estadounidenses en el tiempo de Biden, y me parece que especialmente faltó aquello que me parece la cuestión fundamental para una reinvención de la izquierda en una región como América Latina, es decir, una mirada más allá de las fronteras, una perspectiva regional, nuevas formas de integración“.

“Sin esto, no pienso que, ya sea en un país como Chile, ya sea en un país como Italia, se pueda hacer algo. Y sobre todo en el primer decenio del siglo, claro, en condiciones particulares, el boom de los commodity, sin embargo, se habían hecho algunos intentos. Era una de las razones por las que a mí y a nosotros nos parecía muy interesante lo que estaba sucediendo en America Latina“.

“Naturalmente, cuando hablo de procesos de integración, no es que tenga como modelo a la Unión Europea, que –para decirlo con un chiste– no funciona particularmente bien. ¿Cómo puedes tratar con China si no es poniendo en común poderes (o uniendo poderes)? Si eres la izquierda, esto es un problema“.

El concepto de multitud

Luego, el diálogo se sitúa en torno al concepto de multitud, que surge a propósito de una reflexión sobre el fracaso del proceso constituyente chileno y la posibilidad de interpretar dicho fenómeno a la luz de ciertas categorías teóricas contemporáneas.

En particular, se plantea si la apelación a una pluralidad de sujetos -donde múltiples identidades y demandas buscan verse representadas simultáneamente- podría relacionarse con la noción de multitud, entendida como una forma de articulación política que privilegia la diversidad por sobre la homogeneización.

La discusión parte de la hipótesis de que uno de los problemas del proceso constituyente habría sido precisamente la dificultad de construir una síntesis común a partir de esa pluralidad. Es decir, la apelación a una diversidad de actores y sensibilidades políticas no habría logrado consolidarse en una unidad capaz de articular un horizonte compartido.

Desde esta perspectiva, se pone en cuestión si la noción de multitud podría resultar insuficiente para pensar procesos políticos que requieren algún grado de cohesión o articulación colectiva.

Al respecto, dice Mezzadra: “Cuando empecé a ir a América Latina a principios de siglo, tenía muy en la cabeza esta contraposición entre la multitud y el pueblo, y en las primeras discusiones que tuve, la proponía. Después me di cuenta de que no tenía mucho sentido por las distintas tradiciones políticas en América Latina, donde palabras como pueblo y popular tienen otros sentidos. Y fue ahí cuando empecé a pensar en la importancia política, además de conceptual, del tema de la traducción. Tal como lo había formulado, entre otros, en una cárcel fascista Antonio Gramsci“.

“En particular, a partir de las discusiones con el colectivo Situaciones en Buenos Aires, Argentina -que son para mí muy importantes-, empecé a poner en duda esta oposición tajante y a intentar traducir el concepto de multitud de tal modo que lograra interlocutar con tradiciones que en América Latina están muy consolidadas; en definitiva, el uso del concepto político de pueblo”.

Así, el fracaso del proceso no sería atribuible al concepto de multitud en sí mismo, sino que este permitiría describir la diversidad efectiva de actores sociales y políticos que se manifestó tanto durante el proceso constituyente como en el ciclo previo de movilizaciones. La multitud remitiría, de esta forma, a la coexistencia de múltiples sujetos, demandas y formas de participación política, sin reducirlas a una identidad homogénea.

“Creo, de todos modos, que los acontecimientos de los últimos años han confirmado la importancia y la productividad del concepto de multitud. Si pensamos en un proceso como el estallido social en Chile, pero también en el otro gran estallido social de la región, el colombiano de 2021, me parece que el concepto de multitud fotografía la composición de los movimientos. Me parece que propone este tema de la heterogeneidad constitutiva de los movimientos, que significa también la heterogeneidad constitutiva de lo que técnicamente podemos llamar trabajo vivo en las condiciones del capitalismo contemporáneo“.

“Luego de esto, sin embargo, no es que descienda una teoría normativa sobre el modo en que la multitud debe ser organizada o debe organizarse. Se pone en evidencia una composición -para volver al término clásico del operaismo italiano- amplia, heterogénea, donde los movimientos indígenas tienen una importancia fundamental; distinta, como en Colombia, donde la presencia indígena es mucho más marcada, incluso estadísticamente. Pero, repito, yo pienso que el problema de la multitud permanece con nosotros“.

Esta intervención toca el corazón del problema político contemporáneo y, curiosamente, nos devuelve a la fisiología de Spinoza: El reto no es solo ‘unir’, sino cómo unir sin borrar la diferencia.

“Su organización puede ocurrir de formas diversas; lo que permanece, según mi parecer, como tema fundamental es que esta organización no debe anular la heterogeneidad. Donde hay que buscar, por el contrario -y me doy cuenta de que es un dilema-, es en cómo transformar esta heterogeneidad en potencia, en capacidad de actuar“.

“Claramente el concepto de multitud ha sido construido en oposición a aquella del pueblo, y por lo tanto, también en oposición a aquella de nación. Pienso naturalmente que es importante retornar este tema, pero aún mas importante hoy, independiente de la palabra que se utiliza, es construir una crítica de masa al nacionalismo, una crítica de masas a la idea de nación como horizonte exclusivo de la política. Partiendo también del hecho que después, como te decía, en una buena parte de los estados y de las naciones que existen hoy en el mundo, los márgenes de efectiva autonomía y de acción son limitadísimos”.

El panorama en Italia

Por último, la entrevista se dirige hacia la situación política italiana. En este punto, resulta relevante dar paso directamente a las palabras del académico, cuya reflexión aborda de manera amplia el escenario contemporáneo italiano y sus tensiones políticas.

“Giorgia Meloni se encuentra frente a una serie de límites y dificultades. La victoria del ‘no’ en el referéndum sobre la justicia, desde este punto de vista, ha sido muy importante, pero no es solo eso. Hoy Meloni está en grave dificultad ante lo que está sucediendo en Irán, ante las repercusiones económicas internas, el cierre del estrecho de Ormuz, una guerra impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump, de quien Meloni ha intentado acreditarse como interlocutora privilegiada“.

“Más en general, creo que es interesante observar la política del gobierno de Meloni, desde el momento mismo de su llegada al poder en 2022, con el punto de vista en la relación entre política interna y política internacional. Porque Meloni ha intentado, con indudable inteligencia y también con cierta habilidad, utilizar precisamente la política internacional para consolidar su posición interna“.

“Giorgia Meloni ha producido, desde el punto de vista de la política interna italiana y del discurso público, un cambio significativo: ha introducido el tema de la nación y del nacionalismo como tema dominante en el discurso público. Ella nunca dice ‘nuestro país’, si te fijas; siempre dice ‘nuestra nación’. No es un detalle. En Italia nunca se decía ‘nuestra nación’; hoy todos dicen ‘nuestra nación’. Ha sido capaz de provocar un desplazamiento, un deslizamiento del orden del discurso público“.

“Por otro lado, esta nación está bastante dividida, es frágil en su interior y, por sí misma, no cuenta mucho a nivel internacional. Precisamente por eso, Giorgia Meloni, con cierta inteligencia, ha intentado utilizar la política internacional para producir la apariencia del poder de la nación. Y lo ha hecho, ante todo, en Europa, con un giro respecto a la tradición de la extrema derecha italiana de la que procede, un giro en sentido atlantista“.

“Ha apoyado desde el inicio de su mandato a Zelensky frente a Rusia y la OTAN. Ha intentado construir relaciones con gobiernos de derecha, en particular en Europa oriental. Una transformación de la Unión Europea en una unión de los pueblos y de los Estados, que es un objetivo histórico de la derecha italiana y europea. Es decir, marginar a la Comisión Europea, los elementos de transnacionalidad dentro de la propia institucionalidad de la Unión Europea, y dar centralidad al Consejo, es decir, a los Estados“.

“Esto funcionó durante un tiempo, pero luego hubo cambios en Europa oriental, en Polonia en particular, que hicieron más compleja la operación. Al mismo tiempo, Meloni siempre ha apoyado a una fuerza neofascista -o más precisamente neofranquista- como Vox en España, pensando que un gobierno, no necesariamente de Vox, sino del Partido Popular apoyado por Vox, sería funcional a este proyecto“.

“Las cosas evolucionaron, fue elegido Trump, y Meloni continuó persiguiendo sus objetivos intentando acreditarse como interlocutora fundamental y privilegiada de Trump en Europa, continuando así con la idea de que la tendencia es hacia una desintegración de la Unión Europea o su transformación en una unión de pueblos y Estados. Desde este punto de vista, intentó formar una alianza con Merz, el canciller alemán. Cuando comenzó la guerra en Irán, Trump avisó a Merz, pero no avisó a Meloni. Y fue un desaire para Meloni, porque de algún modo se puso de manifiesto la escasa relevancia de Italia en el tablero internacional. Esto ocurrió mientras avanzaba la campaña del referéndum“.

“La derrota en el referéndum se encadenó con este desaire y contribuyó a generar una situación que hoy es de fragilidad. Al mismo tiempo, el referéndum ha mostrado que existe una oposición social en Italia. Todos los análisis han subrayado la participación fundamental de un electorado joven que se había politizado con las grandes manifestaciones contra el genocidio en Gaza entre septiembre y marzo. Hubo una manifestación en Roma hace dos sábados, esta manifestación ‘No Kings’, en resonancia con las estadounidenses, una gran manifestación, y por tanto las cosas están un poco en movimiento. Habrá que ver qué capacidad tiene la izquierda institucional para incidir en este movimiento.“

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Mayo 22, 2026 • 18 días atrás por: ElCiudadano.cl 53 visitas 2119242

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