Es la economía… es la economía

El Ciudadano

Por Carlos Gutiérrez P.

Es indudable que todo el mundo lee y le otorga credibilidad a las opiniones vertidas por el Fondo Monetario Internacional, y es por lo tanto una referencia para el análisis económico y político, particularmente en momentos de zozobras o de crisis recurrentes a escala global, como las que hemos vivido desde la pandemia de 2020, el inicio de la guerra en Ucrania en 2022, el shock de las medidas económicas de Trump el año 2025 y la agresión a Irán, con sus efectos inmediatos en el comercio energético este año 2026.

Ahora, el FMI en el mes de abril emitió su Informe de Perspectivas de la Economía Mundial bajo el título de “La economía mundial bajo la sombra de la guerra”, afirmando sobre proyecciones poco auspiciosas, en un ambiente que dependerá muchísimo de la evolución del conflicto en Medio Oriente, pero también de la retórica de la guerra a escalas aún mayores que empiezan a dominar en las elites políticas. Del informe mismo y de las opiniones que ya se han generado, es posible concentrar la mirada crítica en los siguientes aspectos.

1.- Amenazas al crecimiento y aumento de la inflación.

Según las proyecciones del FMI la economía mundial alcanzará un crecimiento de 3,1 % en 2026 y 3,2 % en 2027, si es que el conflicto en Medio Oriente es de alcance limitado y de corta duración. Venía de un crecimiento de 3,4 % en 2025, y estos datos están por debajo de los años recientes, y más aún previos a la pandemia.

En Europa, atendiendo que ya el crecimiento en el año 2025 fue escuálido con 1,4 %, para el 2026 se prevé un 1,1 % y para el 2027 un 1,2 %. El más afectado sería España, que bajaría de 2,8 % en 2025 a 2,1 % y a 1,8 % en 2026 y 2027 respectivamente. Entre los países de economías más desarrolladas, el otro gran afectado sería Japón que caería de 1,2 % en 2025 a 0,7 % y 0,6 % en los años siguientes. Estados Unidos se mantendría en el 2,1 % que tuvo el año 2025.

Para la región de Oriente Medio y Asia Central se proyecta una caída de 3,6 % en 2025 a 1,9 % en 2026, asumiendo que es la zona nuclear del actual conflicto.

En América Latina el golpe sería bastante atenuado, ya que bajaría apenas una décima porcentual, de 2,4 % en 2025 a 2,3 % para el 2026.

Las grandes economías de China e India también tenderán a una baja, aunque se debe tener en cuenta que registraron en 2025 los mayores crecimientos mundiales con 5,0 % y 7,6 % respectivamente. Para el 2026 bordearán en torno al 4,5 % y al 6,5 %.

Según el FMI, los efectos de la guerra sobre el encarecimiento de las materias primas, las expectativas inflacionarias y condiciones financieras más restrictivas son las que estarán tensionando el crecimiento de la economía.

Según el FMI, los efectos de la guerra sobre el encarecimiento de las materias primas, las expectativas inflacionarias y condiciones financieras más restrictivas son las que estarán tensionando el crecimiento de la economía. Los países más riesgosos, son evidentemente los importadores de materias primas.

El organismo internacional ha realizado un diseño hipotético de tres escenarios, dependiendo de la evolución del conflicto en Medio Oriente. Los datos ya señalados son del escenario más favorable, una guerra corta y acotada al escenario regional directo, con un crecimiento del 3,1 % y una inflación de 4,4 %. El segundo escenario, es si se mantiene el conflicto con cierre del estrecho y nuevos daños a la infraestructura, el crecimiento bajaría al 2,5 % y la inflación subiría al 5,4 %. El escenario más grave consistiría en una prolongación de la guerra hasta el próximo año, con mayor intensidad y ampliación del territorio, el crecimiento sería de un 2 % y la inflación llegaría al 6 %. De igual forma hay que considerar que una parte importante de los daños ya ocasionados tardarán bastante tiempo en volver a estándares normales y los riesgos desfavorables permanecen en niveles elevados.

2.- La respuesta monetarista a la crisis

Para el FMI enfrentar la crisis tiene un pilar fundamental en lograr la estabilidad de precios, el siempre terrorífico peligro de la inflación, para lo cual es necesario que los bancos centrales funcionen adecuadamente (¡por supuesto siempre en su mérito independiente!) para un correcto diagnóstico y aplicación de la política monetaria. En el plano fiscal, la recomendación es que los gobiernos deben redoblar sus esfuerzos para reducir la deuda pública y restaurar el espacio fiscal donde proceda.

Hace apenas tres años se vivió algo parecido, ya que un shock externo disparó los precios de la energía. Nos dijeron que la inflación “nos afecta a todos por igual”, y que por lo tanto la única solución era subir tipos de interés, un “dolor necesario” que, con disciplina, nos devolvería a la normalidad. Nos dijeron que vigilar los salarios era prioritario para evitar una “espiral” catastrófica (a prepararse en Chile para la negociación del aumento salarial con el actual gobierno). Lo que no han esclarecido es quién ganó, quién perdió y cuánto les costó a quienes menos tienen.

Cada número de la inflación es una media, y por lo tanto no afecta a todos por igual. Eso tiene un nombre técnico “inflación diferencial por composición de canasta”, que significa que la misma subida de precios que apenas roza a quien tiene acciones de una petrolera, aplasta a quien necesita hasta el último peso para llenar el tanque de combustible y la despensa.

Ocurre lo mismo con uno de los remedios recomendados, las tasas de interés de los bancos centrales, ya que también afecta de manera asimétrica: quien tiene depósitos ven subir sus rendimientos, pero quien tiene una deuda hipotecaria ve el alza de sus cuotas.

La inflación, en resumen, no es un impuesto que “pagamos todos”. Es una transferencia de salarios a beneficios, de deudores a acreedores, de inquilinos a propietarios, de quienes dependen de su sueldo a quienes viven de sus activos. Y la subida de tipos no corrige esa transferencia, la amplifica.

La inflación, en resumen, no es un impuesto que “pagamos todos”. Es una transferencia de salarios a beneficios, de deudores a acreedores, de inquilinos a propietarios, de quienes dependen de su sueldo a quienes viven de sus activos.

La economía liberal tiene su respuesta: la inflación surge cuando hay “demasiado dinero persiguiendo pocos bienes.” Es decir, un exceso de demanda. Y si el problema es demasiada demanda, la solución es enfriarla: subir tipos, encarecer el crédito, frenar el consumo.

En un análisis que las propias instituciones ortodoxas acabaron validando a regañadientes, el FMI descompuso la inflación del deflactor del consumo en la eurozona entre 2022 y 2023. Los resultados eran difíciles de ignorar:

  • Los beneficios empresariales domésticos explicaron aproximadamente el 45% de la inflación.
  • Los precios de importación (energía, materias primas) representaron un 40%.
  • Los costes laborales —los salarios de los trabajadores, que, según la narrativa oficial, eran el gran peligro— explicaron en torno a una cuarta parte.

La economista alemana Isabelle Weber (recomiendo estudiarla), fue la que desarrolló el marco analítico que explica el mecanismo de cómo sucede la subida de precios que realizan las empresas en contexto de crisis. Si la inflación viene de precios sistémicos amplificados por poder de mercado, la respuesta tiene que actuar sobre esos precios y ese poder, no sobre el salario de quien los paga. Hay un concepto que lo resume bien, la desmercantilización, es decir, sacar necesidades básicas de la lógica de mercado para que un shock en un estrecho a miles de kilómetros no determine si puedes calentar tu casa o llenar tu despensa. El shock funciona como una “cortina de humo” perfecta, ya que las empresas pueden trasladar no solo el aumento de costes, sino ampliar márgenes, protegidas por la narrativa pública de que “todo sube.”

El premio Nóbel, Joseph Stiglitz aseveró “¿Subirán los tipos de interés para producir más petróleo, bajar el precio del petróleo, más alimentos, bajar el precio de los alimentos? La respuesta es claramente no. Subir tipos ante un shock de oferta es como recetar una dieta a alguien que tiene fiebre: no ataca la causa y debilita al paciente”.

En Europa se llevaron a cabo varias decisiones de política económica, en medio de esa crisis, que tuvieron excelentes resultados, por ejemplo.

  • La excepción ibérica demostró que se puede intervenir en precios sistémicos sin provocar desabastecimiento (decretó un tope al precio del gas).
  • La Gaspreisbremse (freno al precio del gas en Alemania) demostró que se pueden diseñar esquemas inteligentes que protegen a los hogares y preservan los incentivos de ahorro.
  • En Francia, el “Bouclier Tarifaire«, contuvo la inflación en 1,1 % en 2022 y 1,8 % en 2023
  • Los impuestos a beneficios extraordinarios demostraron que se puede capturar parte de la renta que las empresas extraen de un shock.
  • Y el marco de Weber ofrece algo que la ortodoxia monetarista no tiene: un diagnóstico que conecta causa y solución.

La historia de los estudios de Isabelle Weber es relevante como mecanismo, porque demuestra cómo el campo económico, hoy hegemonizado por el neoliberalismo, disciplina las fronteras de lo decible.

La historia de los estudios de Isabelle Weber es relevante como mecanismo, porque demuestra cómo el campo económico, hoy hegemonizado por el neoliberalismo, disciplina las fronteras de lo decible. 

3.- La alteración mundial de los mercados

La matriz energética mundial sigue dominada por los combustibles fósiles, petróleo y carbón; en el tercer lugar aparece el gas, y muy atrás todavía las energías renovables y la energía nuclear.

En este marco, la guerra en Medio Oriente, y particularmente la escalada militar que significó el cierre del estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructuras vitales en las petro-monarquías del Golfo, ha impactado en los precios del petróleo y el gas (un 20 % del comercio de petróleo pasa por aquí y un 30 % del GNL transportado por mar). Hemos visto fluctuaciones importantes en pocos días, llegando el precio del petróleo a límites bordeando los 120 dólares el barril, producto de la alteración de los flujos y rutas comerciales. Si bien este es el efecto más mediático, además es el que influye en toda la cadena de comercio de bienes y servicios, por lo tanto, su impacto es altísimo.

Pero también sufre el comercio del gas natural y licuado, así como minerales críticos como el helio, productos petroquímicos.

También se generaría una crisis alimentaria mundial, porque esta es una ruta clave para fertilizantes y alimentos (el 30 % de la urea pasa por el Golfo), elevando precios y escasez de los bienes, amenazando con una inseguridad alimentaria especialmente en países de África, los propios países del Golfo, y parte de Asia.

4.- El gasto militar

Según el IISS (Instituto Internacional de Seguridad Estratégica) el gasto militar creció de 2,48 billones de dólares en 2024 a 2,63 billones de dólares en 2025, debido fuertemente al gasto en Europa y Oriente Medio. Aproximadamente dos tercios se financia mediante deuda.

En el caso de Europa se debió a un incremento de inversión de capital de riesgo en empresas emergentes, junto a una mayor coordinación en los esfuerzos industriales y de adquisición por parte de los miembros de la UE, lo que significó seguir con crecimientos récord, teniendo a Alemania como principal responsable. Europa pasó de representar el 17 % en 2022 a 21 % en 2025, del total mundial.

Este año, la Comisión Europea aprobó el Programa EDIP por 1.500 millones de euros para aumentar la producción de defensa europea; Estados Unidos obligó a que los países de la OTAN europea aumenten el gasto al 5 % del PIB, para comprar especialmente armamento producido en Estados Unidos. El presidente Trump anunció un presupuesto de 1,5 billones para el gasto en defensa para el próximo año; Alemania preparó un paquete de 52.000 millones de euros para su gasto en defensa; Taiwán anunció compras militares por 11.100 millones de dólares a Estados Unidos.

La deuda pública, como toda deuda, no es mala en sí misma, pero si se administra mal se puede transformar en un problema mayúsculo.

En Oriente Medio, el gasto regional ha crecido significativamente desde 2023. Israel y Argelia siguen siendo las principales fuentes de crecimiento; esta última destinó el 8,8% de su PIB a defensa en 2025, la segunda tasa más alta a nivel mundial. En el Asia-Pacífico continúan los impulsos de modernización, y la participación de China en el gasto regional sigue aumentando, ya que el crecimiento del presupuesto de defensa de Pekín (251 mil millones de dólares) supera al de la región en general. El crecimiento continuado en la mayoría de las regiones significa que, como proporción del PIB, el gasto mundial aumentó de un promedio del 1,89% hasta el 2,01%. 

Según el informe del FMI, “Estos aumentos pueden estimular la actividad económica a corto plazo, pero también pueden elevar la inflación temporalmente y plantear graves dificultades a mediano plazo. Los déficits fiscales empeoran unos 2,6 puntos porcentuales del PIB, la deuda pública aumenta alrededor de siete puntos porcentuales en tres años y la posición externa se deteriora. La expansión del gasto en defensa resulta especialmente costosa, ya que la deuda pública se dispara en unos 14 puntos porcentuales y el gasto social se reduce. Los multiplicadores del gasto en defensa se aproximan a 1 en promedio, pero varían considerablemente en función de cómo se mantenga, financie y asigne ese gasto, y de la cantidad de equipamiento que se importe”.

5.- La deuda pública

La deuda total de las economías desarrolladas ha alcanzado el 110 % del PIB. Los gastos para su servicio se incrementan rápidamente, pero aun así siguen salvando sus presupuestos a través del déficit. El caso europeo es muy dramático, porque la mayoría de sus grandes economías tienen deudas por sobre el 100 % del PIB, pero aun así siguen realizando enormes transferencias monetarias al barril sin fondo que es Ucrania, y que terminan aumentando los grados de corrupción del sistema.

La deuda pública, como toda deuda, no es mala en sí misma, pero si se administra mal se puede transformar en un problema mayúsculo. Un sobre endeudamiento parasitario, que aumenta permanentemente el costo de su servicio (los casos de Estados Unidos, Japón y Reino Unido tienen un rendimiento de los bonos a 30 años en récord históricos) y que está en medio de un mundo cada vez más incierto debido a crisis geopolíticas, además de factores estructurales como población envejecida, mayores demandas en salud y educación pueden llevar a caminos de ahorro estricto en las áreas de derechos sociales o simplemente el impago.

Estados Unidos tiene una deuda pública de 39 billones de dólares, y con la agresión a Irán esta aumenta a 1.000 millones diarios, lo que representa alrededor del 120 % de su PIB.

La fuerte deuda pública y el deterioro de los márgenes de maniobra para la aplicación de políticas agravan la vulnerabilidad. Toda deuda tiene que ser pagada por alguien, y lo que estamos viendo es que una vez más será traspasada a la población trabajadora, ya sea en forma directa en sus ingresos o a través del deterioro de las políticas públicas en las áreas de salud, educación, bienestar social, protección social, etc.

6.- Las disputas al interior de grupos económicos

En esta coyuntura aparecen tres grandes grupos económicos que se enfrentan de diversa forma ante las exigencias actuales.

Los grandes conglomerados ligados a la producción petrolera, especialmente los estadounidenses, ejercen una presión importante ante la actual administración de la Casa Blanca, teniendo en cuenta la importancia clave de esta materia prima para el funcionamiento del mundo y la disputa global por su dominio. Parte de estos intereses estuvieron detrás de la agresión a Venezuela, hoy lo están en la guerra en Medio Oriente, y también se perfilan en un conflicto más soterrado con Rusia, y en el largo plazo por el bloqueo a China. Es indudable, que, con la concentración de la producción y el comercio en sus manos, las sanciones a Rusia e Irán, y los actuales precios altos, son ellos ganadores netos en este momento.

Está creciendo apresuradamente el complejo militar-industrial, nuevamente en la vanguardia los conglomerados estadounidenses, aunque asumiendo cada vez más un rol gravitante los europeos.

Está creciendo apresuradamente el complejo militar-industrial, nuevamente en la vanguardia los conglomerados estadounidenses, aunque asumiendo cada vez más un rol gravitante los europeos. Con los actuales conflictos en acción, que, si bien los más grandes son los de Ucrania y Medio Oriente, pero hay muchísimos otros más pequeños y menos mediáticos, ya la industria armamentística ha entrado en fases de amplio crecimiento. A esto se debe sumar la producción para reemplazar los arsenales vacíos, y proyectar el consumo para conflictos de larga duración, que está siendo la nueva tendencia de las guerras, que han vuelto al carácter estatal, después de las lógicas de las guerras contra el terrorismo y/o grupos insurgentes que demandaban sistemas de armas menos complejos.

Ya venía de hace pocos años la arremetida con fuerza de la economía en base a la inteligencia artificial, que prometía ser la nueva potencia del aumento de la productividad, y por lo tanto un nuevo salto cualitativo del capitalismo, pero que se ha ido enredando en una transición accidentada, con impactos en los mercados del trabajo y en los propios efectos en políticas públicas. Junto con la automatización, están surgiendo nuevos roles, así como otros desaparecen, se están creando nuevas habilidades, nuevas tareas y ocupaciones completamente inéditas. Para los trabajadores, encontrar o conservar un empleo dependerá cada vez más de la capacidad de actualizar sus habilidades o adquirir otras nuevas, una de cada diez ofertas de trabajo en economías avanzadas y una de cada veinte en economías emergentes ahora requieren al menos una nueva habilidad (pero en Chile se cierran programas de Sence y la política de capacitación para trabajadores).

Este año se han vivido shocks bursátiles de las empresas tecnológicas de la información, con altibajos importantes en la rentabilidad de sus acciones, y han proliferado voces de alerta sobre una burbuja en este sector, así también una preocupación comparada con la experiencia de las empresas puntocom a fines de la década de los 90.

Estos tres grupos se están disputando el centro de atención de políticas generadas desde los estados, y por lo tanto del gasto público. Los dos primeros son intensivos en mano de obra y vinculaciones en grandes cadenas globales, horizontales y verticales. Además, más vistosamente vinculadas a intereses geopolíticos y la disputa por el diseño del nuevo escenario de poder global.

A las grandes empresas petroleras estadounidenses se les abren nuevas posibilidades de negocios, como está ocurriendo en territorio venezolano, y en el propio suelo estadounidense, con nuevos permisos de explotación que hasta hace poco sufrían de restricciones medioambientales.

Asimismo, las grandes empresas militares como BAE System británica, Rheinmetall alemana, Dassault francesa, Saab sueca, Airbus Defense, Lockheed Martin, Raytheon, Boeing, General Dynamics estadounidenses, tienen una larga historia de lobby político y de una frontera muy porosa entre líderes políticos ya cesados que pasan a ser directores de estas industrias.

Ya cada vez son más las voces que siguen avizorando una fase económica recesiva con alta inflación, y aumento del desempleo (estanflación), en medio de crisis geopolíticas más recurrentes, y con un alto grado de retórica belicista. Un menú bastante peligroso que hacen más verosímiles conflictos de mayor envergadura, en calidad y cantidad.

Por Carlos Gutiérrez P.

Carta Geopolítica 89 – 21/04/2026


Las expresiones emitidas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente las opiniones de El Ciudadano.

Sigue leyendo:

La entrada Es la economía… es la economía se publicó primero en El Ciudadano.

Abril 21, 2026 • 3 horas atrás por: ElCiudadano.cl 78 visitas 2015380

🔥 Ver noticia completa en ElCiudadano.cl 🔥

Comentarios

Comentar

Noticias destacadas


Contáctanos

completa toda los campos para contáctarnos

Todos los datos son necesarios
Banner tips.cl