Madrid, 2 jul (EFE).- Solo un 41 % de la población española tiene un saldo fiscal neto positivo, es decir, paga más en impuestos de lo que recibe en prestaciones y servicios públicos, según el cálculo del Centro de Políticas Económicas de Esade (EsadeEcPol).
EsadeEcPol ha publicado este jueves el informe 'Las transferencias intergeneracionales y el reto demográfico', en el que analiza la evolución de las aportaciones tributarias a lo largo del ciclo vital y las tensiones que se podrían producir como consecuencia del envejecimiento de la población.
De acuerdo a este análisis, tras una infancia y juventud en el que los individuos son perceptores netos -reciben en forma de educación o sanidad más de lo que aportan-, a medida que se incorporan al mercado laboral empiezan a ser contribuyentes netos, un saldo positivo que alcanza su máximo en torno a los 50 años, con alrededor de 11.000 euros anuales.
A partir de los sesenta años, "el perfil se invierte" al dejar de aportar vía actividad laboral y empezar a percibir la pensión de jubilación, lo que genera un déficit de unos 16.000 euros anuales a los 70 años.
De acuerdo a estos cálculos, una persona nacida hoy acabaría recibiendo del sector público unos 140.000 euros más de lo que aportaría a lo largo de su vida.
Un análisis más detallado revela que solo el 41 % de la población es aportador neto, frente a un 59 % receptor neto, con grandes diferencias por edades: más de la mitad de los españoles de entre 25 y 64 años registran saldo positivo, con una aportación que alcanza su máximo en los grupos de entre 35 y 44 años (75 %) y 45 y 54 años (74 %).
Más allá de la edad, este saldo fiscal se ve afectado por el nivel educativo, ya que en el grupo de entre 30 y 54 años puede oscilar entre los 15.900 euros de quienes tienen estudios superiores a los 2.500 euros de quienes no superan la educación secundaria obligatoria (ESO).
EsadeEcPol también realiza proyecciones a futuro del saldo fiscal asignable por edad, que mide la diferencia entre los impuestos pagados y las prestaciones y servicios recibidas, pero no otros ingresos públicos no tributarios ni gastos no asignables individualmente, como la inversión pública o el coste de la deuda.
De acuerdo a sus cálculos, si se mantuvieran los actuales perfiles de edad, el déficit fiscal asignable a la edad pasaría del 1,9 % del PIB en 2024 al 9,1 % del PIB en 2050 como "consecuencia directa" del envejecimiento de la población.
Sin embargo, el estudio matiza que estas proyecciones podrían verse afectadas por el hecho de que las nuevas generaciones tengan más estudios y, sobre todo, por la migración, que reduciría el saldo al 7,4 % del PIB en un escenario moderado en el que llegan 330.000 inmigrantes anuales y al 6,7 % en un escenario en el que llegan 550.000 inmigrantes anuales.
Para resolver este déficit fiscal, el informe analiza varias alternativas, entre ellas aumentar la participación laboral en edades avanzadas -por ejemplo, con una revisión del subsidio para mayores de 52 años-, ya que el déficit que genera un desempleado de entre 55 y 64 años (19.000 euros anuales) es muy superior al de uno de entre 25 y 34 años (9.000 euros).
A esto añade la posibilidad de ligar la edad de jubilación a la esperanza de vida, aunque teniendo en cuenta que ciertas ocupaciones tienen tasas de mortalidad más altas, o la implementación las denominadas cuentas nocionales, por las que cada trabajador tiene una cuenta en la que registra sus cotizaciones. EFE
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