Hijo del escultor Pietro Bernini, nació en 1598 y demostró talento desde pequeño. Fue autor de grupos escultóricos que siguen cortando la respiración como “Apolo y Dafne”, “El rapto de Proserpina”, “David”; y del majestuoso baldaquino de San Pedro, entre innumerables obras, sello de la capital italiana. Entendía la ciudad como un gran teatro que debía transmitir emoción y su destreza y sensibilidad para materializar sus ideas consolidaron su dominio sobre el espacio urbano
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