Pedro Sánchez va a aterrizar en China esta semana por cuarta vez en tres años. Ningún otro líder occidental se le acerca.
Por qué es importante. Lo que parecía una excentricidad diplomática se ha convertido en una tendencia.
El contexto lo ha cambiado todo: la guerra de Irán, la volatilidad del gobierno de Trump y el arancel como arma política han empujado a Europa hacia donde España ya estaba.
El contexto. España ha atraído en los últimos años una constelación de empresas chinas mientras mantenía un discurso de acercamiento a China que el resto de la UE miraba con escepticismo, cuando no con suspicacias. El mapa de presencia china en el país ya es considerable:
El resultado de todo ese acercamiento se refleja también en los flujos de capital: la inversión china en España pasó de 149 millones de euros en 2024 a 643 millones en 2025, un incremento del 331% en un solo año. No obstante, ha hecho poco por reducir el abultado déficit comercial de España con el gigante asiática. El patrón es conocido: la inversión llega, pero las exportaciones españolas no crecen al mismo ritmo. La apertura tiene un precio.
Entre líneas. Barkin lo describe así: Pedro Sánchez se ha posicionado como el líder más abiertamente pro-China y crítico con Trump en Europa occidental. Eso otorga a España una posición tan singular como incómoda. Ser el interlocutor favorito de China en el continente implica asumir los costes diplomáticos de esa posición cuando la UE necesita mantener una voz común frente a China.
El contraste. Mientras España abre los brazos, el Parlamento Europeo reabre con cautela sus vínculos con China tras ocho años de distancia. Una delegación de eurodiputados ha visitado esta semana China en el primer viaje oficial desde 2018, con un mensaje claro, según la cobertura de Semafor China: el compromiso no significa concesión.
La Unión Europea negocia con una mano y blinda con la otra. España, en cambio, ha apostado por la mano extendida, prácticamente en solitario.
La gran pregunta. ¿Es España un pionero o una palanca?
Barkin advierte que España está siguiendo el modelo Orbán: dar la bienvenida a la inversión china sin los controles y contrapesos necesarios. La comparación puede ser injusta en sus matices, pero apunta a un riesgo muy real: que la estrategia de apertura española carezca de la reciprocidad que Europa necesita negociar como bloque.
Imagen destacada | ZQ Lee, Sam Williams
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La noticia
España lleva años construyendo un puente con China. Ahora es la Unión Europea quien necesita cruzarlo
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Lacort
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