Desde hace años, España (Occidente, en general) tiene un problema con las bebidas energéticas. Según los datos de 2025, el 38,4% de estudiantes de 14 a 18 años declara haberlas consumido en los últimos 30 días. Y eso se nota en las ventas: el año pasado se vendieron 105 millones de litros; lo que supone un crecimiento de casi el 39% en los últimos cuatro años.
Y hoy, el Ministerio de Consumo acaba de anunciar que quiere tomar cartas en el asunto. Según ha explicado, prohibirá la venta de bebidas energéticas a menores de 16 años e impondrá hasta los 18 una restricción adicional para bebidas con más de 32 mg de cafeína (por 100 ml).
¿Tiene sentido? ¿Es un problema real? ¿La prohibición servirá de algo?
¿Qué quiere hacer el Ministerio? Para empezar, Consumo quiere trasladar al plano legal algo que ya estaba explícitamente indicado en las recomendaciones de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. Algo que, además ya se aplica en entornos concretos y zonas del país.
No obstante, la regulación tiene detalles que merecerán un análisis detallado. Por ejemplo, el umbral de 320 mg/L es llamativo en un contexto (el europeo) que fija avisos a partir de los 150. Sobre todo, porque se creará una zona gris de bebidas con etiquetado de "alto contenido en cafeína" que sí se podrán vender a menores de 18.
Habrá que leer el detalle de la norma para estudiar sus impicaciones, pero lo que sí parece cierto es que, con este paso, España va a simplificar de forma enorme uno de los grandes problemas que tenía su regulación en este tema: la disparidad de edades mínimas en todo el país. Y eso, esperemos, simplificará su abordaje desde las políticas sociales y la salud pública.
Pero ¿qué problema hay con todo esto? La imagen de chavales con latas enormes de 500 ml y colores chillones se ha vuelto en algo 'normal' y los crecimientos son enormes (en Reino Unido, donde tenemos series más largas, el consumo de estos productos aumentó un 155% entre 2006 y 2014).
Y como dice la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESAN), "el consumo de más de 60 miligramos de cafeína en adolescentes de 11 a 17 años (unos 200 mililitros de bebida energética con 32 mg de cafeína/100ml) puede provocar alteraciones del sueño". Y este es solo el principio de los problemas que puede ocasionar.
"A partir de 160 miligramos de cafeína (500 mililitros de una bebida energética con 32 mg de cafeína/100ml), [el consumo de estas bebidas] puede provocar efectos adversos generales para la salud: efectos psicológicos y alteraciones comportamentales y trastornos cardiovasculares”.
Un invisible problema de salud. Porque, como sabemos la falta de sueño está relacionada con problemas inmunológicos, metabólicos, cardiovasculares, emocionales y cognitivos; con trastornos como la diabetes o de la obesidad. Nos lleva a estar más cansados e irritables, eleva nuestros niveles de estrés y nos hace asumir más riesgos y equivocarnos más.
Nada de esto conlleva que vayamos a desarrollar una de estas enfermedades por consumir bebidas energéticas, pero está claro que nos pone en una situación complicada.
Sobre todo, porque coincide con lo que ya sabemos por otras vías. "El consumo de bebidas energéticas, incluso poco frecuente, se asoció con varios indicadores negativos para la salud. La notificación de varios comportamientos que comprometen la salud aumentó con la frecuencia del consumo de bebidas energéticas". Son las conclusiones de Maija Puupponen y su equipo de la Universidad de Jyväskylä.
Y, como explicaba Julio Basulto, de entrada, estas bebidas se correlacionan "con un aumento significativo en las probabilidades de insomnio, nerviosismo, ansiedad, depresión, impulsividad y bajo rendimiento académico, entre otros". Por si fuera poco, su consumo frecuente puede generar "hipertensión, pérdida de densidad ósea, osteoporosis, bajo bienestar psicológico, físico, educativo y general, entre otras consecuencias".
Pero el problema va más allá de la salud: es cultural. Y es que las bebidas energéticas se han convertido en una práctica cultural "de prestigio" entre los jóvenes que está vinculada a una enorme cantidad de conductas de riesgo. Nadie quiere compararlo con el tabaco, claro: pero lo cierto es que muchos de los mecanismos psicosociales implicados tienen todo que ver con el tabaco.
En algún momento había que plantear un debate nacional sobre esto y mejor antes que después.
Imagen | Diego Calabresa
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La noticia
España se prepara para pedir el DNI para comprar bebidas energéticas: el Ministerio de Consumo quiere prohibirlas para menores de 16 años
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
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