Pamplona, 27 jun (EFE).- España cuenta ya con más de 100 proyectos de vivienda colaborativa, un modelo que los expertos en salud pública proponen incentivar por sus demostrados beneficios para el bolsillo y también para la salud: combaten la soledad no deseada, promueven el envejecimiento saludable y mejoran la convivencia y los cuidados.
Nacido en Dinamarca en los 70, el "cohousing" se basa "en una manera de vivir un poco diferente": cada persona tiene su casa pero comparte espacios comunes, como cocinas o lavanderías, con lo cual se optimizan costes y se fomentan las relaciones sociales.
Así lo explica a EFE Isabel Portillo, secretaria de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), que ha participado estos días en su XLIV reunión anual donde se ha reivindicado este formato como alternativa al tradicional, en un contexto en el que la vivienda constituye la principal preocupación para casi el 43 % de la población, según el CIS.
Nada tiene que ver con los "coliving" que están proliferando en los centros de las grandes ciudades y que suponen la "copia" especulativa: edificios comprados por grandes fondos que alquilan las estancias a precios desorbitados y que se han convertido en foco de gentrificación y motivo de expulsión de los vecinos.
En los "cohousing", las personas tampoco son las propietarias de los alojamientos, sino que se integran en una cooperativa, que regula las condiciones de pertenencia. Pueden ser senior, intergeneracionales o para jóvenes.
Pagan una renta no superior al 20 % de sus ingresos, de la que una parte se destina al mantenimiento de las infraestructuras y otra a devolver al banco el crédito solidario solicitado para levantar el proyecto. Normalmente, se hace sobre terreno cedido por los ayuntamientos, pero no siempre.
Cada uno dispone de su rincón privado, pero "están abiertos al barrio, a la comunidad, son espacios en los cuales las personas se desarrollan, viven, se ayudan, comparten conocimientos y experiencias".
"Aprendemos a no relacionarnos más que con el móvil, mejora la vida, disminuye el número de medicamentos que se toman. Cuando estás triste, alguien te va a acompañar. Si estás enfermo, alguien te va a cuidar. Si no sabes qué hacer con tus hijos porque tienes que irte a trabajar, alguien te los va a cuidar", resume Portillo.
Los alojamientos colaborativos persiguen "también una autosostenibilidad a nivel económico", porque "vives en un alojamiento que te puede permitir tu salario y si en un momento determinado tienes un problema, es la cooperativa la que te va a ayudar".
Aunque este modelo de autogestión "no está bien entendido" todavía, ha ido expandiéndose cada vez más por Estados Unidos, Canadá y Europa.
En España, hay más de 100 en distintas fases de implantación, de los cuales alrededor de 40 están habitados; pese a sus ventajas, la principal barrera que se topan es la de conseguir el terreno. "Es un tema de decisiones políticas", admite la experta.
Hay comunidades que están algo más avanzadas, la primera Cataluña, donde por ejemplo se han transformado hoteles en "cohousing", como el del barrio de Poble Nou de Barcelona. También hay proyectos en Madrid, Zaragoza, Andalucía, la Comunidad Valencia o Navarra, entre otras.
Maite Gaztelu se metió en 2018 en el proyecto senior Etxekonak bat para "prevenir la soledad" porque, a sus 68 años, tiene claro que no quiere "la vejez típica organizada" de las residencias. A sus hijos al principio "les extrañaba" el deseo de su madre, pero con el tiempo han acabado "entrando".
La cooperativa tiene 54 socios, 39 mujeres y 15 hombres. "Provenimos de muchos grupos con actividad social, que de repente te jubilas y te dices: '¿quién soy yo ahora?' ¡Si tengo un montón de saberes que me apetece compartir!", ilustra.
Para entrar, cada socio aporta de entrada 45.000 euros en tres tandas; a ello se suman las rentas mensuales, que incluyen todo, incluso una pequeña ayuda para cuidados, salvo la comida. Las mensualidades van de los 700-800 euros para personas solas a los 1.100-1.200 que aportan las parejas.
Ya tienen el solar y la licencia de obras, les falta salvar el escollo financiero para poder levantar las viviendas, que confían estén listas en 2028.
Hasta entonces, ya hacen muchas cosas juntos, salen de paseo al monte, tienen un grupo "buenos días" de WhatsApp con el que cada mañana confirman entre todos que están bien y otro para actividades culturales, hacen listas de voluntarios para cuidar cuando uno tiene problemas...
Cuando convivan, será incluso más fácil. "Tenemos muchas ganas porque ha sido un sueño que lo hemos ido creando con mucho trabajo, mucho esfuerzo y mucha ilusión. Nos queremos ver ahí ya", anhela. EFE
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