
Por Diego Cabanillas.
Va a cumplir 75 años en abril. Educadora de profesión, hoy dirige Londres 38 Espacio de Memorias, un lugar que para ella no es solo un sitio histórico, sino un territorio atravesado por su propia vida. Erika Hennings Cepeda no planificó dedicar su vida a la defensa de la verdad y los derechos humanos. Su proyecto inicial era político y social, como el de tantos jóvenes de su generación. Pero las circunstancias la empujaron hacia otro camino.
En julio de 1974 fue detenida en Londres 38 junto a su esposo, Alfonso Chanfreau, ambos militantes del MIR. Él permanece desaparecido hasta hoy. Ella, en cambio, fue expulsada a Francia y recién pudo regresar a Chile en 1983. Desde entonces, su vínculo con esa casa —donde estuvo privada de libertad— sigue presente. “Nunca me desvinculé de los del 38”, afirmó. No fue solo un recuerdo: fue una tarea pendiente asumida desde la persistencia, una forma de resistencia que muchas veces ha recaído, de manera silenciosa, en mujeres.
Con el tiempo, ese espacio comenzó a ser resignificado por sobrevivientes, familiares y organizaciones de derechos humanos. Lo que fue un centro de detención clandestino se transformó en un sitio de memoria. Erika estuvo allí, en los procesos judiciales, en las visitas con la jueza que investigaba, en la insistencia perseverante por recuperar el lugar. Hoy, desde la dirección, continúa una lucha que no eligió como destino, pero que asumió como responsabilidad.
¿Cómo evalúa el estado de la justicia y la búsqueda de la verdad en Chile?
— Dada esta lucha perseverante, comprometida de las agrupaciones, los colectivos, las personas sobrevivientes de estos lugares y la comunidad incluso, se han recuperado muchos sitios de memoria. Ha habido avance en ese sentido, pero creo que aún hay muchas falencias principalmente en lo que respecta al financiamiento de estos sitios. Para poder llevar a cabo un proyecto con la comunidad y con todo lo que implica un buen proyecto de memoria y derechos humanos conectado con el presente, se requieren profesionales, se requieren personas. No basta con el voluntariado.
Yo y otras personas no recibimos remuneración, pero trabajamos muchísimo. No basta con las voluntades. En ese sentido creo que falta algo y vamos a entrar en un periodo tal vez más difícil. Pero se han recuperado muchos sitios de memoria.
¿Qué importancia le da usted a los testimonios de los sobrevivientes en los procesos judiciales?
— Son clave, muy importantes. Ahí valoro el compromiso de las personas que fueron detenidas, que fueron torturadas, que son sobrevivientes de esos lugares y testigos de las detenciones y desapariciones de cientos de personas.
Les doy un rol muy importante. Gracias a esos testimonios es que se ha ido construyendo la memoria. Gracias a las propias investigaciones que han hecho incluso las personas que sobrevivieron de esos lugares. Han tenido un rol activo, comprometido más allá de la victimización, un rol de lucha por la memoria.
Han declarado hasta hoy. O sea, 40 o 50 años después siguen declarando en los procesos judiciales.
¿Cuáles son los principales obstáculos que han enfrentado en su búsqueda de justicia?
— Lo tardío que comenzaron en los procesos de verdad y justicia por un lado. O sea, el compromiso está. En el caso de los 38 tenemos un financiamiento, pero no sabemos lo que va a pasar. Recuperamos la casa, tenemos la concesión, tenemos un equipo que trabaja y otros sitios también, pero muchos sitios no tienen financiamiento.
Muchos testigos claves han fallecido. También ha pasado con los responsables de las desapariciones, de las torturas, de las detenciones. Eso es uno de los grandes obstáculos del tiempo pasado.
Por otro lado, sobre todo estos últimos años, hay un resurgimiento del negacionismo pero también de la valoración de la dictadura. Eso es muy grave. Pone obstáculos para avanzar.
Pero también valoro que si hay compromiso de parte de los colectivos y las organizaciones.

¿Cuál considera el rol de Londres 38 respecto de nuevas generaciones?
— Las nuevas generaciones son la tercera o cuarta generación de las personas directamente involucradas. Sus abuelos y abuelas fueron quienes vivieron la dictadura. Incluso sus bisabuelos. Pero todavía hay una línea que no se rompe respecto de la dictadura.
En ese sentido, creo que estas nuevas generaciones tienen el desafío o la posibilidad de aún conocer estos sitios de memoria. Conocer testimonios de personas directamente involucradas. Yo creo que Londres 38 hace un trabajo muy orientado a los colectivos, a las organizaciones del presente.
Tenemos mucho trabajo en los territorios. Tenemos convenios con algunas municipalidades. Esos trabajos se han enfocado principalmente a la gente de los territorios y muchos a los jóvenes. Va mucho estudiante a Londres 38.
¿Ha visto avances o retrocesos en las políticas de Estado respecto a la justicia y derechos humanos?
— Ha sido irregular. Ha habido mucho relato, discurso. Estuvo la Comisión Rettig en los ‘90, la Comisión Valech en los 2000. Fueron avances, pero insuficientes. De parte del Estado y del Poder Judicial, han tenido que llevar adelante una serie de juicios, cientos y cientos de juicios con bastante lentitud. Tal vez no sean suficientes los recursos para llevar adelante investigaciones tales.
Creo que en este gobierno estuvo el compromiso con el Plan Nacional de Búsqueda. Fue algo que valoramos, pero insuficiente. Y no sabemos qué va a pasar ahora.
Ha habido avances, pero muy insuficientes aún para la envergadura de lo que fue y lo que ha sido la violación de los derechos humanos en tiempos de dictadura. Incluso en tiempos de democracia, porque también tenemos personas desaparecidas.
¿Cree que hay compromiso de la futura administración de José Antonio Kast?
— Es difícil evaluar que tengan compromiso. Tengo más bien dudas respecto de su involucramiento con temas de derechos humanos y memoria.
Tengo confianza en que las organizaciones, los colectivos de derechos humanos y otros van a continuar con la lucha, como ha sido en todos los años de dictadura y posteriores.
Creo que el Plan Nacional de Búsqueda debería continuar. Ojalá no le quiten recursos porque ya son insuficientes. He visto señales en lo que ha sido el comportamiento, los dichos de la gente de Republicanos y del propio Kast, más bien negacionistas. No valoran el trabajo de la memoria y derechos humanos.
Nosotros estamos comprometidos a continuar con nuestro trabajo. Nuestro trabajo como comité es hacer un seguimiento a los avances o obstáculos que encuentre el Plan Nacional de Búsqueda.
¿Cómo Londres 38 enfrenta este negacionismo?
— Con compromiso. Con llevar adelante lo que es nuestro proyecto que está relacionado con la contribución a la memoria, a los derechos, al respeto de los derechos humanos en general, no solo como el derecho a la vida, sino que entendido como más amplio.
Yo creo que no nos queda más que continuar con nuestro compromiso y con nuestro trabajo.
Para Erika, la lucha por la memoria no puede separarse del rol que cumplieron las mujeres durante la dictadura y en los años posteriores.
¿Cómo definiría usted el rol que tuvieran las mujeres en la resistencia a la dictadura y en la búsqueda de verdad y justicia?
— Las personas que fueron detenidas fueron mucho más hombres que mujeres. Pero las mujeres debieron continuar con el rol de proveedora, porque sus maridos estaban presos, desaparecidos o cesantes.
Entonces ya empieza a haber un involucramiento mayor de las mujeres. Aquellas que estaban en sus casas debieron salir a organizarse para solicitar la libertad. Así fue cómo comenzó un empoderamiento mayor en su rol de mujeres luchadoras.
Fueron empoderándose cada vez más, entendiendo, conociendo y capacitándose para continuar la lucha por los derechos. Exigir el término de la dictadura, exigir la verdad respecto a sus familiares.
Hubo una motivación de vida en las mujeres, incluso las que no tenían un involucramiento militante con el feminismo.
¿Cuáles cree que son los desafíos específicos que enfrentan las mujeres víctimas de prisión política?
— Tenemos un tremendo desafío en este contexto que se viene. Existe el riesgo de perder derechos y eso es muy grave. Derechos para las nuevas generaciones referidas a su condición de mujeres, a decidir sobre su cuerpos, diversidad, de expresarse libremente. Tenemos muchos desafíos las mujeres. Somos quienes llevamos adelante también muchas luchas relacionadas con nuestro género.
¿Y el legado que han dejado las mujeres en la defensa de los derechos humanos en Chile?
— Ha sido fundamental, ejemplo de perseverancia y persistencia. Por lo tanto tengo una valoración importante sobre esas mujeres que lucharon y siguen luchando.
¿Cree que se les da un reconocimiento por ello?
— No se si suficiente. Creo que es un reconocimiento de las propias mujeres. Las nuevas generaciones luchadoras como las 8M y otras, reconocen la lucha de otras mujeres. Pero no sé si haya un reconocimiento transversal. Creo que estamos un poco al debe.
¿Qué mensaje le gustaría transmitir a las nuevas generaciones que participan en los movimientos sociales y en la defensa de los derechos humanos?
— Siempre digo que es difícil dar consejos a jóvenes. Les diría que haya amor, compromiso, empatía y ojalá que puedan continuar en un país que les permita la libertad, solidaridad. Pero me cuesta mucho dar consejos.
A meses de cumplir 75 años, Erika Hennings mantiene ese vínculo constante y perseverante con Londres 38. Un espacio que no formaba parte del proyecto inicial de su vida, pero que las circunstancias transformaron en compromiso permanente.
La entrada Especial 8M | Cuando ellas avanzan: Erika Hennings y la casa que nunca dejó atrás se publicó primero en El Periodista.
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