“Esta vez es diferente” es quizá la frase más peligrosa en finanzas y economía. Es lo que se dice justo antes de que la historia se repita, una y otra vez. En 18 años conduciendo Información Privilegiada en Radio Duna, hemos visto todas las crisis imaginables: La subprime, la del euro, el Brexit, el primer intento de suicidio económico de Chile con Bachelet 2 —parcialmente exitoso, aún no nos recuperamos—, el segundo, a partir del 18 de octubre, el Covid, la guerra en Ucrania, el estrecho de Ormuz.
Hemos visto, semana a semana, cómo cada crisis encuentra su cauce. El mercado se asusta, se ajusta y vuelve al equilibrio. Siempre.
Me temo, sin embargo, que en los próximos años enfrentaremos un tipo de crisis cuya magnitud y escala no hemos presenciado antes. Y me duele decirlo: creo que esta vez sí es diferente.
A mediados de 2025, el AI Lab Anthropic, con su producto Claude, inició una escalada que lo llevaría a pulverizar los niveles de crecimiento de su archirrival OpenAI, creadores de ChatGPT, la empresa de crecimiento más rápido de la historia. Esa escalada llevó a Anthropic de US$1.000 millones en ingresos anualizados (ARR) a inicios de ese año a US$30.000 millones en abril de 2026. Algo que le tomó a Salesforce, la empresa de software en la nube más exitosa del mundo, 22 años en lograr.
Entre noviembre de 2025 y abril de 2026, Anthropic sacó tres modelos que dejaron al mundo boquiabierto: Opus 4.5, 4.6 y 4.7 (que salió este miércoles) podían programar, revisar código y ejecutar operaciones con agentes con una velocidad nunca antes vista. Hacían en horas lo que un equipo de desarrollo de primer nivel tardaba semanas. La desintermediación tecnológica ocurría frente a nuestros ojos.
Lo que viene ahora, sin embargo, es lo que llamo “La Gran Desintermediación”. En febrero, Citrini Research lo denominó “The Global Intelligence Crisis”.
Claude es capaz de hacer lo mismo con contratos y análisis legales, con modelos financieros y valoraciones de empresas, con diagnósticos médicos. Puede automatizar lo que antes hacían departamentos enteros: procesos contables que se hacían con 15 personas ahora pueden hacerse con dos. Equipos de administración son capaces de procesar facturas, conciliar bancos y generar reportes casi sin intervención humana. Se pueden armar presentaciones completas desde datos dispersos, negociar contratos siguiendo parámetros legales y auditar empresas en segundos.
Y lo más increíble: todo operado por personas comunes y corrientes con algún conocimiento de los procesos, en lenguaje natural. Invadiendo todos los rincones del quehacer humano. Aumentando exponencialmente la productividad. Multiplicando la capacidad de trabajo primero, amenazando con reemplazarlo después. Desplazando a los especialistas.
Las cosas avanzan a una velocidad asombrosa. Anthropic ha lanzado, apenas dos meses después de Opus 4.6, el modelo Mythos, que según la misma empresa representa “un cambio de escala en capacidades”. Tan potente que ha decidido no lanzarlo públicamente porque, entre otras cosas, puede explotar vulnerabilidades en sistemas de software con velocidad y precisión sin precedentes. Encontró miles de “bugs” de alta severidad de sistemas que habían sobrevivido décadas de revisión humana y millones de pruebas automatizadas. La Fed y el Departamento del Tesoro se reunieron de emergencia con los grandes bancos para analizar la situación. La CMF en Chile se declaró hace una semana en alerta, al igual que el Bank of England y otros reguladores, que expresaron preocupación por el riesgo sistémico.
Incluso en ausencia de un evento cataclísmico, la pregunta es cuándo y cómo los efectos de esta revolución, que está ocurriendo frente a nuestros ojos, nos golpearán.
Siendo creyente ferviente en las bondades de la destrucción creativa schumpeteriana, me declaro, sin embargo, esta vez, en modalidad de profunda duda.
La escala y velocidad de la disrupción de la IA no se había visto nunca antes. Invadirá todo y ya se nota en las estadísticas. Legiones de especialistas educados y competentes quedarán obsoletos. Los modelos educacionales como los conocemos dejarán de tener sentido. El desempleo estructural e irreconvertible se transformará en un problema global.
El mundo tiene un PIB hoy de poco más de US$100 trillones. Aproximadamente la mitad de ese producto es trabajo humano. Una fracción significativa de ese trabajo —programación, análisis financiero, trabajo legal de rutina, diseño, investigación— está ahora al alcance de Claude. Anthropic, OpenAI, Google y todos sus competidores van por eso. Se transformarán en las compañías más grandes de la historia, sí. Pero el costo probable será la madre de todas las desigualdades. El más grande desvío de trabajo a capital del que el mundo haya sido testigo.
Cuando la Revolución Industrial desplazó trabajadores agrícolas, creó fábricas. Cuando la automatización desplazó trabajadores de fábrica, creó servicios. ¿Qué crea la IA cuando desplaza el trabajo cognitivo? Aún no lo sabemos. Y esa incertidumbre debería quitarnos el sueño.
La pregunta no es si Anthropic y OpenAI se transformarán en las compañías más grandes de la historia. La pregunta es qué hacemos con millones de profesionales educados y competentes que podrían quedar obsoletos. Una pregunta para la que no hay respuestas. Ni siquiera teóricas.
Ojalá me equivoque. Pero creo que tal vez esta vez sí es diferente.
*El autor de la columna es emprendedor y panelista de Información Privilegiada de radio Duna
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