Estados Unidos-Irán: un acuerdo precario, pero positivo

El Ciudadano

Por Carlos Gutiérrez P.

Podría decirse que la diplomacia sirve para tres cosas: prevenir y/o detener un conflicto armado como razón principal; llegar a un acuerdo precario que detenga la crisis momentáneamente, pero que solo consigue postergar la resolución definitiva; y, por último, a través de una conveniente retórica y acuerdo testimonial ocultar una derrota de proporciones.

Tengo la sensación de que para el caso de la agresión israelí-estadounidense contra Irán estamos en presencia de una mezcla de las dos últimas posibilidades. El memorando de acuerdo firmado el 17 de junio entre ambos estados fijó 14 puntos esenciales para iniciar un diálogo que pueda conducir a un acuerdo definitivo de paz.

Estos puntos son los siguientes:

1. La República Islámica de Irán y Estados Unidos, así como sus aliados en la guerra actual, declaran, desde la firma del presente protocolo de acuerdo, el fin inmediato y definitivo de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano, y se comprometen a no emprender en lo sucesivo ninguna acción hostil entre sí, así como a abstenerse de la amenaza o el uso de la fuerza entre sí. El acuerdo definitivo confirmará las disposiciones del presente artículo y de los demás artículos.

2. La República Islámica de Irán y Estados Unidos se comprometen a respetar la soberanía y la integridad territorial de cada uno, y a abstenerse de cualquier injerencia en los asuntos internos del otro.

3. La República Islámica de Irán y Estados Unidos se comprometen a negociar y alcanzar un acuerdo definitivo en un plazo máximo de 60 días, prorrogable de común acuerdo

4. Inmediatamente tras la firma del presente protocolo de acuerdo, Estados Unidos levantará el bloqueo naval e impedirá cualquier interferencia u obstrucción contra la República Islámica de Irán, y restablecerá el tráfico, en un plazo máximo de 30 días, a su plena capacidad; el tráfico marítimo será proporcional al volumen de tráfico anterior a la guerra por parte de la República Islámica de Irán. Estados Unidos se compromete asimismo a retirar sus fuerzas de las zonas circundantes en los 30 días siguientes al acuerdo definitivo.

5. Desde la firma del presente protocolo de acuerdo, la República Islámica de Irán adoptará de inmediato medidas para garantizar que la circulación de buques mercantes desde el Golfo Pérsico hacia el mar de Omán, y viceversa, se restablezca en un plazo de 30 días al volumen anterior a la guerra, teniendo en cuenta la necesidad de que Irán elimine los obstáculos técnicos y neutralice las minas.

Estados Unidos se compromete, junto con sus socios regionales, a elaborar un plan global acordado por ambas partes para la rehabilitación y el desarrollo económico de la República Islámica de Irán, garantizando al mismo tiempo una financiación de al menos 300 mil millones de dólares.

6. Estados Unidos se compromete, junto con sus socios regionales, a elaborar un plan global acordado por ambas partes para la rehabilitación y el desarrollo económico de la República Islámica de Irán, garantizando al mismo tiempo una financiación de al menos 300 mil millones de dólares. El mecanismo de aplicación de este plan, en el marco del acuerdo definitivo, se definirá en un plazo de 60 días.

7. Estados Unidos se compromete a poner fin, según un calendario que se acordará en el marco del acuerdo definitivo, a todo tipo de sanciones a las que se enfrenta actualmente la República Islámica de Irán, incluidas las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y del Consejo de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), así como todas las sanciones unilaterales estadounidenses, tanto primarias como secundarias.

8. La República Islámica de Irán reafirma que nunca fabricará armas nucleares. La República Islámica de Irán y los Estados Unidos han acordado que el destino del material enriquecido y el de todas las demás cuestiones relacionadas con el ámbito nuclear acordadas mutuamente, incluidas las necesidades nucleares de Irán, se abordarán adecuadamente en un acuerdo definitivo; el acuerdo definitivo confirmará las disposiciones del presente artículo.

9. La República Islámica de Irán y Estados Unidos acuerdan que, a la espera de un acuerdo definitivo, mantendrán el statu quo: Irán mantendrá el statu quo en lo que respecta a su programa nuclear, y Estados Unidos no impondrá nuevas sanciones a Irán ni reforzará sus fuerzas en la región.

10. Estados Unidos se compromete a que, inmediatamente después de la firma del presente memorando de entendimiento y hasta la fecha en que se levanten las sanciones, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos conceda exenciones para las exportaciones de petróleo crudo iraní, productos petroquímicos y sus derivados, así como para todos los servicios relacionados, incluidos los bancarios, de seguros, de transporte y similares.

11. Estados Unidos se compromete a que, a la luz del avance de las negociaciones hacia un acuerdo definitivo, los fondos y activos congelados o sujetos a restricciones de la República Islámica de Irán se desbloqueen y queden plenamente disponibles. Dichos fondos, ya se mantengan en la cuenta principal o se hayan transferido, se utilizarán para cualquier pago al beneficiario final designado por el Banco Central de la República Islámica de Irán y estarán plenamente disponibles para su uso. Estados Unidos se compromete a expedir todas las autorizaciones y licencias necesarias sobre esta base.

12. La República Islámica de Irán y Estados Unidos acuerdan que se establecerá un mecanismo de aplicación para supervisar la correcta ejecución del acuerdo definitivo y el cumplimiento futuro del mismo.

Después del gobierno de Isaac Rabin no ha habido alternativa progresista que pudiera detener a la ola ultraderechista que se ha hecho de los gobiernos y que ha levantado la tesis teleológica del proyecto del Gran Israel.

13. Tras la firma del presente memorando de entendimiento, y tan pronto como se reciban garantías sobre el inicio de la aplicación de los artículos 4, 5, 10 y 11 del presente memorando de entendimiento, así como sobre la continuación de la aplicación de dichas medidas, la República Islámica de Irán y los Estados Unidos entablarán negociaciones con vistas a alcanzar un acuerdo definitivo que se refiera únicamente a los artículos restantes.

14. El acuerdo definitivo se aprobará mediante una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

La reunión llevada a cabo en Suiza el día 20 de junio entre liderazgos de alto rango concluyó con avances localizados que abren posibilidades para continuar en su consolidación. Pero este diálogo enfrentará dos grandes problemas permanentemente, uno más superficial y otro esencial. El superficial está remitido a la personalidad política del presidente estadounidense, que usa permanentemente sus descuidadas declaraciones para exigir, descalificar y amenazar, además de vivir constantemente en vaivenes decisionales que generan con razón desconfianza en los términos de negociaciones. Incluso en esa reunión, la delegación iraní abandonó temporalmente las conversaciones justamente denunciando la actitud de Donald Trump que violaba el punto 2 del memorando.

El problema esencial es la política sionista del liderazgo de Israel. Después del gobierno de Isaac Rabin no ha habido alternativa progresista que pudiera detener a la ola ultraderechista que se ha hecho de los gobiernos y que ha levantado la tesis teleológica del proyecto del Gran Israel. Los actuales conflictos que Israel mantiene con las fuerzas de Hezbollá y el Líbano, con la región sureña de Siria, y el genocidio cometido en la franja de Gaza y la Cisjordania son constitutivos de su aspiración territorial. Netanyahu ha declarado que no retirará sus fuerzas del sur del Líbano y que “Creamos una zona de seguridad en Gaza. Creamos una zona de seguridad en Siria. Creamos una zona de seguridad en el Líbano, y la mantendremos durante todo el tiempo que sea necesario”.

En ese marco, la guerra con Irán es fundamental porque este se ha transformado en una fuerza real que se opone a tales objetivos sionistas, siendo una potencia regional con capacidades estratégicas.

Mientras Israel no vuelva al redil razonable para una solución política de la legítima demanda palestina, no hay posibilidades de una estabilidad permanente en la región. Para avanzar en eso se requiere una nueva capacidad partidaria progresista al interior de Israel, junto a una nueva correlación de estas fuerzas al interior de la elite estadounidense. Ambas realidades se ven lejanas.

Si bien hoy día los efectos que esta guerra ha tenido al interior de Estados Unidos han generado un cierto discurso crítico sobre la dependencia del lobby israelí, los intereses mutuos siguen siendo demasiado relevantes para una ruptura. Y esto se transformará en un alto costo para la presidencia de Trump, ya que un punto esencial para consolidar un acuerdo de paz pasa por frenar la ofensiva beligerante de Israel, hoy día concentrado en los ataques al Líbano.

Políticos y medios de derecha israelí han criticado públicamente al presidente estadounidense, calificando su memorando como un “acuerdo de capitulación”, y que será recordado como el Jefe de Estado que llevó a Estados Unidos a la humillación.

Políticos y medios de derecha israelí han criticado públicamente al presidente estadounidense, calificando su memorando como un “acuerdo de capitulación”, y que será recordado como el Jefe de Estado que llevó a Estados Unidos a la humillación.

Por otra parte, es poco usual que un presidente estadounidense se refiriera tan bruscamente a un primer ministro israelí, como lo registrado en las últimas semanas. Ha sido Trump quien lo ha criticado por sus bombardeos al Líbano; el vicepresidente Vance es quien ha planteado que Israel deje de criticar al único país poderoso que le queda de aliado y el que le ha entregado dos tercios de las armas defensivas que han protegido su patria. Y fue aún más categórico al referirse al psicopático ministro de seguridad Ben Gvir, diciendo que “No se puede simplemente matar para salir del paso y resolver todos los problemas de seguridad nacional que se tienen”.

El permanente compromiso de Irán con el pueblo palestino y otros pueblos de la región amenazados por Israel, hoy día han adquirido una relevancia diplomática tras la inteligente exigencia instalada en el punto 1 de poner fin a la invasión del Líbano, lo que traslada la tensión a las relaciones entre Estados Unidos e Israel. Es una maniobra genial para dividir a los enemigos y exponer cada día más al desnudo la nula disposición israelí de llegar a acuerdos de paz y seguir optando por la guerra, las invasiones y el asesinato de civiles.

Por lo tanto, mientras no se resuelva lo que ahora podríamos denominar “el problema israelí”, no habrá una paz asegurada ni permanente, y como ha pasado en ocasiones anteriores será una nueva postergación de la resolución definitiva, que considerando la evolución político-estratégica de la región podría ser más catastrófica.

Y esta conclusión no es tan descontextualizada si tomamos en cuenta los resultados de la agresión que Israel y Estados Unidos llevaron a cabo contra Irán. Es indudable que este memorando y principios de acuerdo se explican en la medida de la derrota estadounidense, que, en su proyección, quizás sería equivalente a la derrota en Vietnam.

El objetivo fundamental de la agresión era el cambio de régimen, ya que este se constituía en el centro de gravedad de la estrategia, asumiendo que la eliminación del liderazgo iraní traería nuevos dirigentes con los cuales acordar los otros objetivos: fin a los planes nucleares, al potencial misilístico, a la guardia revolucionaria, al carácter del estado (una modalidad a la venezolana).

Pero aquello no ocurrió, y, por el contrario, hoy se puede apreciar un régimen más consolidado con cambios acotados en el campo político, oficiales más jóvenes en las estructuras militares, reforzamiento de la legitimidad de la Guardia Revolucionaria, eliminación de las redes de espionaje creadas por Israel, capacidades militares probadas y una sociedad que se ha reafirmado en torno a la defensa de su civilización que se vio amenazada existencialmente.

Irán está saliendo de este conflicto más poderoso, ha resistido con éxito a la mayor potencia militar del mundo y a la regional, basado en sus propias capacidades y en una relación global que se consolida con Rusia y China.

La realidad material producida tras esta agresión, y que se ve reflejado en el memorando de acuerdo, nos muestra el cambio que se está produciendo en el contexto geopolítico de la región. Estados Unidos e Israel no lograron su objetivo fundamental de cambio de régimen, la cuestión del arma nuclear ya había sido aclarado por Irán renunciando a poseerla, pero sin dejar de lado su programa nuclear pacífico, y la apertura del estrecho de Ormuz es volver al estado inicial a la guerra.

En cambio, los logros iraníes tras el conflicto son fundamentales, especialmente en el terreno económico, que significan el fin del bloqueo, la continuidad de las exportaciones petroleras, desbloqueo de activos retenidos en el extranjero y la creación del fondo de reconstrucción como inversión directa por 300.000 millones de dólares (es una forma novedosa de cobrar indemnizaciones por daños de guerra).

En el campo militar no se abordó el programa armamentista de Irán, particularmente su tan exitosa capacidad misilística, ni su apoyo a los grupos armados de la región. El mero hecho de que estos dos temas hayan sido retirados de la lista de temas de debate supone una victoria estratégica para Teherán.

Sin embargo, el cambio geopolítico pasa a ser lo más determinante. Irán está saliendo de este conflicto más poderoso, ha resistido con éxito a la mayor potencia militar del mundo y a la regional, basado en sus propias capacidades y en una relación global que se consolida con Rusia y China. El escenario regional ha cambiado en tres aspectos: a pesar de la continuidad de la agresividad de Israel, ha perdido influencia política y militar; las monarquías del Golfo han apreciado las debilidades de su seguridad basada en el paraguas estadounidense; la presencia de fuerzas extra regionales, estadounidenses y europeas, ya no gozan de impunidad.

Irán ha puesto en la discusión político-estratégica dos cuestiones claves, tanto para sí como para la subregión: el primero de ellos es la relevancia estratégica del Estrecho de Ormuz, que pasó a ser un activo económico-político-militar de primer nivel y que demostró que puede cambiar el rumbo global de un conflicto. Es indudable que la variable “energética” jugó un papel clave en la disposición de la Casa Blanca para iniciar negociaciones, cuando los organismos pertinentes acusaron la peligrosa criticidad de los inventarios de petróleo de Estados Unidos.

El segundo, es la concepción de una seguridad regional administrada por sus propios actores que limita la presencia de actores extraterritoriales y que debe basarse en una noción de seguridad indivisible, pertinente y de confianza para todos.

El acuerdo para llegar a una paz definitiva en la región es precario, y la existencia de fuerzas que se ven derrotadas pueden activar el conflicto, pero ya ha quedado claro que las condiciones no serían las mismas, producto que se ha consolidado una potencia regional, que trae nuevas visiones para la realidad regional. Si quieren activar nuevamente la guerra contra Irán el factor tiempo está en contra de Trump, que tendrá elecciones claves en el mes de noviembre; Israel, que sigue desgastándose en el sur del Líbano y ante la comunidad internacional, mientras Irán podrá gozar de tiempo para recuperarse y desarrollar su estrategia diplomática.

Por Carlos Gutiérrez P.

Carta Geopolítica 98 – 23/06/2026


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