SEÑOR DIRECTOR:
Mientras la inflación comienza a moderarse y las cifras de inversión evidencian una leve mejoría, el mercado laboral continúa siendo el principal punto débil de la economía. El alto desempleo supera el 9%, la informalidad sigue afectando a uno de cada cuatro trabajadores y la creación de empleo no logra absorber el aumento de la fuerza laboral.
Más que una emergencia coyuntural, enfrentamos un estancamiento laboral. Esto se arrastra desde hace varios años y refleja problemas estructurales: bajo crecimiento de la productividad, escasa inversión privada, débil dinamismo de las Pymes y una economía que crea menos empleos por cada punto de crecimiento.
El aumento del salario mínimo y la reducción gradual de la jornada a 40 horas representaron hitos importantes, pero aún discutibles porque requieren una economía más productiva para evitar efectos adversos sobre el empleo formal. Al mismo tiempo, la inteligencia artificial está acelerando la transformación del trabajo, desplazando tareas rutinarias. De aquí que la política pública necesita transformar esa inversión en empleos de mejor calidad (mejor educación y capacitación laboral). De lo contrario, la recuperación económica difícilmente llegará al mercado del trabajo, donde hoy se concentra la principal preocupación de los ciudadanos.
Francisco Castañeda
Profesor titular UCEN
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