En 1996, Homer Simpson contaba a su familia cómo se hizo mundialmente famoso gracias a su cuarteto vocal (junto a Apu, Barney y Skinner), los Sol-Fa-Mi-Das. Como sabemos, su canción estrella fue 'Bebé a bordo', pero justo antes de componerla, sentado al piano, el patriarca de la familia cantaba "La caja de Al Capone estaba vacía pero la culpa no era de su tía". Durante años, los fans de 'Los Simpson' hemos cantado la tonadilla una y otra vez, sin saber que, realmente, el chiste no venía de la rima fácil sino de la referencia a un programa de 1986 que aún hoy está considerado uno de los mayores desastres de la historia de la televisión.
Quizá todo se explique mejor si tenemos en cuenta que en su versión original, Homer canta "There was nothing in Al Capone's vault, but it wasn't Geraldo's fault" ("No había nada en la bóveda de Al Capone, pero no fue culpa de Geraldo"). Claro, en España no tenemos ni idea de que realmente se refiere a Geraldo Rivera, un presentador televisivo que a mediados de los 80 se hizo conocido gracias a varios programas informativos de ABC como '20/20' o 'Good Night America', donde hablaba de temas controvertidos en la sociedad estadounidense. De hecho, tiene el mérito de ser la primera persona en pronunciar la palabra "SIDA" en televisión, allá por 1983.
Rivera tenía prestigio televisivo, pero le acababan de echar de ABC y estaba desesperado por encontrar un nuevo puesto de trabajo. Eso, sumado al morbo, hizo que 30 millones de personas vieran el 21 de abril de 1986 su búsqueda del tesoro de Al Capone en el programa especial 'The Mystery of Al Capone's vaults', que durante dos horas en riguroso directo se metió en el sótano del Hotel Lexington, de Chicago, que en su día era propiedad del rey de la mafia, Al Capone. Nadie sabía lo que había dentro, pero se esperaba encontrar una bóveda hueca y recuperar ahí el tesoro perdido de Capone, que por aquel entonces llevaba 40 años muerto.
Al fin y al cabo había rumores de que existían túneles que iban del Hotel Lexington al Hotel Metropole, con escaleras secretas y bóvedas secretas tapiadas de las que salían cables eléctricos. ¿Por qué va a haber cables si no se esconde algo? Tesoros, vino, cuerpos, ¡cualquier cosa valía para hacer buena televisión! Rivera cobró 50.000 dólares por hacer la emisión en directo, sabiendo que podía salir un churro. "Lo que pase con la bóveda, que pase", afirmó después en una increíble historia oral para Mental Floss. Y vaya que si pasó.
Para llegar hasta la misteriosa bóveda usaron rayos X, sónar, cualquier tipo de tecnología para no perderse por el camino y descubrir qué había dentro de aquel lugar. Incluso la familia de Capone insistió en ir en persona para ver qué escondía. La tensión era máxima, y en las semanas previas el público habló sobre lo que esperaba ver en directo. Dinero, joyas, armas, muertos, secretos... La expectación era máxima, pero muy pocos apostaron por lo que se vería realmente al tirar la pared abajo.
Tras dos horas de programa (parte de él grabado, para que los anunciantes pudieran verlo, y parte en directo), todos estaban preparados. Forenses, por si había muertos; cámaras, dispuestos a grabarlo todo; gente vendiendo camisetas en las que se leía "Yo estuve en la bóveda de Al Capone"; gente de Hacienda para contar el dinero; y, por supuesto, Rivera, que aunque al principio pensaba que era todo una falsedad acabó dejándose llevar por la emoción. Y entonces llegó el momento de tirar la bóveda abajo y encontrar... absolutamente nada.
Apenas un par de botellas baratas de licor a medio beber de 1948, probablemente de trabajadores que montaron los túneles, y mucha, muchísima suciedad. Al final de la retransmisión, Rivera afirmó "No encontramos los espacios huecos que creíamos que estaban aquí. Perdón". Y entonces, durante el último minuto y medio, se puso a cantar, convencido de que su carrera se había terminado para siempre. Nada más lejos de la realidad: al ver la audiencia, Tribune, que produjo el evento, le contrató para un talk show diario, y por el que se hizo famoso a lo largo de todo Estados Unidos.
El público yanqui lo recuerda como uno de los mayores fiascos de la historia de la televisión, y aunque todo el mundo se rió de él consiguió un 70% de share en Chicago, una cifra que a día de hoy sigue sin ser superada. Al fin y al cabo, Homer tenía razón: la caja de Al Capone estaba vacía, pero la culpa no era de su tía. O de Geraldo Rivera.
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La noticia
Este chiste de 'Los Simpson' que no entendí jamás esconde una increíble historia sobre la mayor decepción televisiva de la historia: el tesoro de Al Capone
fue publicada originalmente en
Espinof
por
Randy Meeks
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