Con tristeza tengo que reconocer que incluso en casa aparentábamos no ser quienes éramos, cuando probablemente nos parecíamos bastante. Pasamos todo nuestro matrimonio sin poder vernos como somos. Nos escondimos del otro creyendo que la persona que teníamos al lado nunca podría entendernos, o peor aún, que huiría si nos conocía de verdad
completa toda los campos para contáctarnos