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Europa temía un apocalipsis por Ormuz. Un cóctel de baterías, lluvias y reactores nos está salvando in extremis

Europa temía un apocalipsis por Ormuz. Un cóctel de baterías, lluvias y reactores nos está salvando in extremis

El mundo parece arder por los cuatro costados y la logística global ha entrado en pánico. Llevábamos semanas conteniendo la respiración ante la Tercera Guerra del Golfo, el miedo a una crisis idéntica a la de 2022 se ha materializado en desastres tangibles: las aerolíneas como Lufthansa han tenido que cancelar hasta 20.000 vuelos para este verano debido a la escasez y el encarecimiento extremo del combustible de aviación (jet fuel).

Sin embargo, en medio de este cataclismo petrolero, está ocurriendo algo contraintuitivo que desafía todos los pronósticos. Como señala agudamente el experto Javier Blas en su reciente columna de opinión para Bloomberg, "a pesar del choque petrolero por la guerra de Irán, los mercados eléctricos de Europa están en calma". Esta es la gran anomalía de 2026. 

Desgranando el fenómeno Para entender el milagro, primero hay que comprender la amenaza. En un escenario normal, el choque logístico que supone que no pueda pasar el 20% del petróleo y del gas natural licuado (GNL) de todo el planeta por el estrecho de Ormuz debería haber triturado las economías domésticas europeas.

El mecanismo de contagio tiene un claro culpable teórico: el sistema marginalista del mercado eléctrico. En este modelo, la tecnología más cara que entra para cubrir la demanda (históricamente, el gas) es la que marca el precio final de toda la electricidad. Por tanto, si los misiles en Qatar encarecen el gas global, la factura de la luz en Madrid, París o Berlín debería estar por las nubes. Pero, sorprendentemente, esta vez la correa de transmisión se ha roto.

El escudo invisible La columna vertebral de esta resistencia europea se centra en lo que el analista energético Javier Blas define como un error de cálculo: muchos siguen mirando el mercado "a través de un filtro centrado solo en el petróleo que pertenece a una era pasada", cuando hoy la electricidad es el verdadero pulso de la economía. El blindaje actual es el resultado de una conjunción de factores que actúan como una recuperación providencial.

En primer lugar, el rescate in extremis de la energía nuclear francesa. Si en 2022 el país galo tenía decenas de reactores parados por grietas y operaba a mínimos de 30 años (menos de 21 gigavatios), hoy está inyectando entre 45 y 55 GW, proporcionando una energía base vital no solo para Francia, sino para sus vecinos, incluida Alemania. A esto se suma el fin de la sequía. Las fuertes lluvias en el sur de Europa y las precipitaciones normales en el resto del continente han resucitado la energía hidroeléctrica, la cuarta mayor fuente de la UE.

Pero el verdadero protagonista es otro. La energía solar está batiendo récords, hundiendo los precios a corto plazo a niveles negativos los fines de semana en Alemania, o a escasos 18 céntimos en España. De hecho, el "escudo fiscal" del Gobierno español unido al despliegue récord de 30 GW solares y eólicos desde 2022 han logrado hundir el mercado mayorista a unos contenidos 41,5 €/MWh, permitiendo que la tarifa regulada baje casi un 5% interanual.

La pieza final de este puzzle la aporta un informe de la agencia IRENA: el milagro de las baterías. Su coste se ha desplomado un 93% desde 2010. Hoy, la combinación de parques solares y eólicos con baterías ya es capaz de ofrecer electricidad ininterrumpida a precios que compiten frontalmente con el carbón chino o las nuevas plantas de gas mundiales.

Las grietas del escudo. A pesar de este triunfalismo, la armadura europea no es de titanio; tiene fisuras importantes. Si bien Javier Blas subraya que las inversiones post-2022 en la red eléctrica están dando sus frutos, el sistema pende de un hilo cada día cuando el reloj marca las ocho de la tarde. Nuestro "escudo verde español" tiene un punto ciego: el atardecer. Al desaparecer el sol, y al carecer aún de un despliegue masivo de baterías a nivel nacional, los ciclos combinados de gas tienen que encenderse para sostener la red, devolviendo la tensión a los precios (con picos nocturnos que en marzo alcanzaron los 247 €/MWh). Además, los expertos coinciden en que el colchón hidroeléctrico se evaporará con los calores del inminente verano.

A esto hay que sumarle que el "milagro" nuclear francés esconde una letra pequeña preocupante. Francia ha batido su récord histórico exportando 92,3 TWh, pero lo ha hecho, en parte, porque su consumo interno está estancado y siguen enormemente rezagados en electrificación. Peor aún, en su afán por proteger la rentabilidad de su faraónica industria atómica, el Elíseo actúa como un muro protector: bloquea deliberadamente las interconexiones con la Península Ibérica para evitar que la energía solar hiperbarata española inunde Europa.

Por último, los problemas estructurales plagan a todo el continente. Según datos de la plataforma Earth, el 40% de las líneas de transmisión europeas tienen más de 40 años. Fueron diseñadas para grandes plantas fósiles, no para integrar millones de tejados solares. Sin una modernización urgente, la red podría convertirse en nuestro mayor talón de Aquiles.

La nueva doctrina de seguridad. Lo que deja claro esta Tercera Guerra del Golfo es que la transición ecológica ha mutado. Ya no es una mera cuestión de salvar al planeta; es una cuestión de supervivencia geopolítica. Las renovables se están redefiniendo explícitamente como "armas de seguridad energética". 

Las cifras hablan por sí solas: solo en las primeras semanas de la guerra en Irán, la flota solar europea ahorró más de 110 millones de euros diarios en costes de gas importado. Es por ello que el comisario climático europeo, Wopke Hoekstra, insiste en declaraciones a Euronews en que Europa debe ser "más radical". Esto pasa por acelerar la electrificación mediante bombas de calor y apostar por la geotermia profunda, capaz de sustituir hasta el 42% de la generación fósil actual funcionando las 24 horas.

La guerra como catalizador. Tal y como concluye la tesis central de Blas, Europa está resistiendo el que muchos llaman el peor shock energético de la historia con una entereza eléctrica impensable hace cuatro años. Sin embargo, los catalizadores por sí solos no garantizan resultados. La inflación y las subidas de tipos de interés derivadas de esta misma guerra amenazan con encarecer la financiación de las futuras infraestructuras limpias.

Queda claro que hemos comprado una valiosa tregua gracias a la lluvia, al esfuerzo de la nuclear francesa y al sudor de los paneles solares. Esta crisis nos ha grabado a fuego una lección definitiva: siempre será infinitamente preferible depender de China para importar un panel solar una vez cada 25 años, que depender de la volatilidad, la diplomacia y los bombardeos sobre el Golfo Pérsico todos los días. No obstante, el espejismo de la luz barata tiene fecha de caducidad. Mientras no seamos capaces de guardar de forma masiva en baterías el viento y el sol que nos sobran al mediodía, la verdadera y definitiva independencia energética de Europa seguirá siendo solo un sueño.

Imagen |Pexels y Magnific

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La noticia Europa temía un apocalipsis por Ormuz. Un cóctel de baterías, lluvias y reactores nos está salvando in extremis fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .

Mayo 9, 2026 • 1 hora atrás por: Xataka.com 55 visitas 2080215

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