La acumulación de grasa visceral y el desarrollo de obesidad no solo afectan el peso corporal, sino que pueden desencadenar cambios fisiológicos que impactan en la formación de cálculos en la vesícula y aumentan el riesgo de deterioro cerebral. Así lo explicó el cirujano Llener Castañeda de la clínica Qura durante una entrevista televisiva, donde analizó las consecuencias del exceso de tejido adiposo sobre distintas funciones del organismo.
El especialista detalló que la grasa visceral, a diferencia de la grasa subcutánea, se deposita dentro y alrededor de los órganos. Este tipo de grasa se asocia a procesos inflamatorios y metabólicos que afectan la salud a nivel sistémico. Castañeda subrayó que la repercusión de la obesidad va mucho más allá del aumento de peso: “El tejido graso acumulado en exceso puede incidir sobre el sistema nervioso y favorecer la aparición de enfermedades como los cálculos en la vesícula”.
La relación entre grasa corporal y litiasis vesicular tiene como nexo central al colesterol. De acuerdo con Castañeda, el colesterol es un componente fundamental tanto de los depósitos grasos como de la bilis, sustancia almacenada en la vesícula cuya función principal es facilitar la digestión de las grasas. Cuando existe un exceso de tejido adiposo, los niveles de colesterol en el cuerpo tienden a elevarse, lo que aumenta la posibilidad de que se formen cálculos en la vesícula.
El cirujano resaltó que la vesícula biliar no constituye una patología por sí misma, sino que es un órgano cuya tarea esencial es almacenar y liberar bilis cuando el sistema digestivo lo requiere. “El problema aparece cuando el contenido de colesterol en la bilis se incrementa, lo que favorece la solidificación y la formación de cálculos”, señaló el médico.
Además, Castañeda aclaró una idea frecuente en la población: los cálculos vesiculares no se deben a la ingesta de sal o condimentos, sino al sobrepeso y la obesidad. “Hoy existe evidencia que vincula el exceso de peso con una mayor frecuencia de litiasis vesicular, independiente de la cantidad de sal en la dieta”, explicó el especialista.

El vínculo entre obesidad y enfermedades neurológicas también fue abordado por el médico, quien puntualizó que existen genes asociados tanto a las alteraciones metabólicas como a los trastornos del sistema nervioso y la salud mental. Estos genes, presentes en la herencia familiar, pueden predisponer a desarrollar obesidad y complicaciones relacionadas, aunque su expresión depende de la interacción con factores ambientales.
“Los genes no determinan de manera ineludible el desarrollo de obesidad, pero sí incrementan el riesgo si se combinan con un entorno desfavorable”, sostuvo Castañeda. El ejemplo de la diabetes ilustra este fenómeno: la predisposición genética puede manifestarse solo cuando se suman hábitos como un mayor consumo de grasas, sedentarismo o escasa actividad física. Así, el ambiente actúa como un disparador para que los genes asociados a la obesidad y sus complicaciones, incluidas las enfermedades neurológicas, se expresen en el organismo.
El especialista remarcó que, aunque la alimentación saludable es relevante, existen pacientes con hábitos nutricionales adecuados que de todos modos desarrollan cálculos en la vesícula debido a una predisposición genética. Por ese motivo, el doctor Castañeda distinguió entre dieta y obesidad, reconociendo que, en el caso de la vesícula biliar, no existe un patrón alimentario único que explique la aparición de cálculos, pero sí una relación comprobada con el sobrepeso.

En cuanto a la prevención y el abordaje de estos problemas, se enfatizó la necesidad de analizar las características individuales de cada paciente. “La acumulación de calorías responde a un desbalance entre lo que se consume y lo que se gasta, pero cada persona necesita una evaluación propia para determinar cuántas calorías le corresponden según su rutina diaria”, afirmó el especialista de la clínica Qura.
El médico desestimó la existencia de una fórmula universal para la distribución y cantidad de calorías. Aseguró que cada individuo constituye un universo particular, por lo que la planificación nutricional debe adaptarse a las necesidades específicas y al nivel de actividad de cada uno. En este sentido, Castañeda subrayó que una alimentación saludable no necesariamente implica un mayor costo económico. “Opciones como las verduras y los huevos pueden ser accesibles y aportar los nutrientes necesarios para una dieta equilibrada”, indicó.
La recomendación central del cirujano consiste en sostener patrones saludables de alimentación y actividad física de forma permanente, más allá de metas puntuales de reducción de peso. “No se trata de bajar seis kilos en un año o tres kilos en seis meses, sino de mantener hábitos nutricionales adecuados a lo largo del tiempo”, concluyó el experto durante su intervención.

El nexo entre la obesidad, los cálculos en la vesícula y el deterioro cerebral se explica por el papel de la grasa visceral y las sustancias que produce, incluyendo el colesterol. Además del impacto en los órganos digestivos, la acumulación de grasa en el abdomen se relaciona con procesos inflamatorios de bajo grado que afectan la función cerebral y favorecen el deterioro cognitivo.
Investigaciones recientes han vinculado el exceso de grasa visceral con mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas y alteraciones en la salud mental. La recomendación de los especialistas, como la planteada por Castañeda, apunta a intervenir sobre los factores modificables, en especial los hábitos alimentarios y el nivel de actividad física, para reducir tanto la probabilidad de desarrollar cálculos en la vesícula como el riesgo de deterioro cerebral asociado a la obesidad.
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