Reconozco que, cuando en 1995 Forrest Gump se llevó el Óscar a mejores efectos especiales, no entendía absolutamente nada. Al fin y al cabo, yo tenía once años y viendo lo espectaculares que eran La Máscara y Mentiras Arriesgadas, sus dos rivales, creía que debían ser las justas vencedoras.…
Artículo original publicado en SensaCine
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