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Fernando Eimbcke, cineasta: “El humor es la manera más digna de acercarse al dolor”

El Ciudadano

El director mexicano de «Temporada de Patos» y «Club Sándwich» reflexiona sobre su última película, «Moscas», rodada en blanco y negro y protagonizada por Teresita Sánchez, Bastián Escobar y Hugo Ramírez, cuenta la historia de Olga, una mujer solitaria cuyo destino cambia con la llegada de un nuevo huésped. Una película guardada por 20 años, que evoca humor, duelo, infancia y soledad, y que el 2 de julio llegará a los cine de Chile y luego a la plataforma MUBI.

¿Cómo describirías tu forma de hacer cine?

¿Te puedo decir algo? Me pasó que en el proceso de escritura con Vanessa Garnica, nos interesó mucho el humor. Creemos que el humor es la manera más digna de acercarse a una situación de dolor. Y digna también por el personaje, por la persona de la historia que estás contando. 

El humor siempre, siempre, siempre.  El humor tiene una dosis enorme de ternura.

El humor que no es el humor donde te burlas de alguien, ese donde hieres a alguien. El verdadero humor es como el de Chaplin, o el de Kiarostami en algunas cosas. Creo que a nosotros nos gusta mucho, es nuestro termómetro de si la historia funciona. Creo que esto fue más en esta película, fue un gran aprendizaje, adaptarse a lo que hay, a la realidad. Esta película yo creo que está mucho más influenciada por la mirada del neorrealismo italiano, o sea, de hablar de temas más sociales, aunque Temporada de Patos también tiene un tema social, es imposible hacer películas que no sean políticas, o que tengan una posición también social, pero sin querer mandar un mensaje. Moscas tenía una mirada más preocupada por lo que está pasando en la ciudad. Esto es Ciudad de México, pero puede ser una ciudad como Santiago, puede ser una ciudad como cualquiera. Yo creo que había algo que necesitaba también, como cineasta. Necesitaba también madurar. Por ejemplo, en Temporada de Patos, que es una película muy encerrada, o sea, es en cuatro paredes. Este Lake Tahoe es un personaje que va, pero siempre es muy solitario. Club Sándwich es una madre, un hijo en un hotel. Esto, Olmo, fue un gran aprendizaje. Fue una película que filmé en Estados Unidos, que tiene muchos exteriores, y Olmo me ayudó mucho a llegar a observar más. creo que así son: de mucha observación. 

¿Cuál fue el modelo de rodaje que ocupaste en Moscas?

Tuve la suerte de trabajar con María Secco, la fotógrafa, que nos ayudó a inspirarnos por lo que hay en la realidad. Yo me acuerdo que le decía a María muchas veces que poníamos la cámara muy atrás, pero resulta que allá sucedían cosas increíbles y maravillosas. Veías que la gente pasaba y le daba vida al cuadro. Y yo le agradecía mucho, le decía, «Y esto es gratis, no cuesta». No es que te robes la imagen y vayas, no, sino que siempre puede ocurrir algo con esta vida atrás. Por ejemplo, nunca parábamos a la gente que pasaba por ahí, las dejábamos pasar, porque uno no tiene el derecho de parar nada y porque finalmente es un recurso, una manera de hacer cine es también utilizar esos recursos que existen y que no necesariamente se financian a través de la producción. Pero es difícil porque hay un sistema que responde a eso. Entonces, si vas a hacer un plan de producción para financiamiento, ven el plan y te dicen pero cómo no tienes extras ni picture car, o  basecamp, no sé cómo se llama, o sea, hay todo un sistema que ya está construido y que es muy difícil a veces poder modificarlo, incluso los productores, la gente va a pedir. Por suerte, María es una fotógrafa que, me acuerdo, ella insistió muchísimo en que filmáramos, no dentro del hospital, obviamente, porque no se puede, pero sí ella insistió mucho en filmar en las calles de ahí. Entonces le preguntamos a la productora, a Dani Leiva, «Oye, ¿podemos filmar ahí?» y ella dice «Pues, no tenemos permiso. Si se los lleva la policía, ya sabrán ustedes» Y María y yo lo hacíamos, e íbamos como un crew muy chiquito, aún cuando la tendencia es que hubiera un crew grande. Yo me la pasaba diciendo, «No, por favor, no tienen que, sálganse, váyanse para la otra banqueta.» Tampoco éramos tan pocos, filmamos con una cámara normal de industria, una Arri, es decir, no era una película de guerrilla tampoco, porque es difícil sobre todo si hay un sistema que te obliga a filmar de una manera grande. 

En Chile también pasa. En los festivales de cine, por ejemplo, hay películas que tienen mucho presupuesto detrás y que se nota, pero también puede ser que estén dirigidas a otro público, no a uno chileno. Y  me parece que tu forma de hacer cine es todo lo contrario, porque claro, si bien es en Ciudad de México, se puede recibir como una historia chilena también…

Sí, Chile y México se parecen mucho en su forma de habitar la ciudad. Yo tuve la oportunidad de convivir con Pedro Peirano, fuimos asesores en un programa de talleres de guion en Jordania y él me decía, con un sentido del humor increíble, o sea, es una persona culta, simpatiquísima. Me decía, «Hacer comedia y que haya llanto, es como la cereza del pastel, es lo perfecto». Aprendí mucho de él y también de una manera de hacer cine, o sea… yo siempre me había sentido muy atraído por el melodrama, pero ese comentario fue el que me hizo decir «fuck», y en Moscas lo utilicé. Siempre me acuerdo de él, digo, qué hermoso es eso, cuando el público puede reír, y lo habíamos hecho en Temporada de Patos, pero qué hermoso es cuando puedes generar, a lo mejor no un llanto, pero esta sensación en una sala donde sabes que la gente está sintiendo esta tristeza, esta melancolía. Así que me acuerdo mucho de él y su frase, como una forma representativa igual de nuestras maneras de afrontar algo que nos duele, porque con el tiempo eso se transforma en algo humorístico y es una forma de recogernos también dentro de ese dolor.

¿Y la decisión de grabar en blanco y negro también está ligada a una manera específica de contar las cosas?

Ay, es que el blanco y negro, yo creo que hacía mucho, bueno, me gusta mucho fotografiar en blanco y negro, tengo una camarita, no es nada especial, chiquitita, y tomo fotos en blanco y negro, y siempre que veo la realidad y lo veo en la foto en blanco y negro, haya tomado lo que haya tomado, siempre digo, «quedó muy bonita». Entonces tengo una atracción por el blanco y negro, por las formas, por la geometría, hay una especie de abstracción en la realidad, pero todo eso es una cosa personal, aunque creo que hacía mucho sentido con el personaje de Olga, con la arquitectura, o sea, era regresar un poco a Temporada de Patos, con estos edificios, con las formas geométricas, pero aquí todavía tenía más sentido porque era el personaje, no quiero decir sin color porque sería como una especie de cliché, pero era el personaje moviéndose dentro de esta cuadradez, después María Secco, me decía, «es que yo estoy convencida de que la mejor manera de representar la infancia es con el blanco y negro», y me enseñaba. Hizo todo un análisis de las fotografías en blanco y negro, como si los niños habitaran un espacio más íntimo, con menos Disneylandia y menos Teletubbies. Ella tenía la convicción de que era mejor en blanco y negro, y había una fotógrafa mexicana que, por suerte, vive, Graciela Iturbide, que ha fotografiado algo de la infancia, y es divino. Esos eran dos motivos, y el tercero no lo encontré hasta el final, hasta que estaba editando la película. La transición entre el mundo real y el mundo de los videojuegos, que hace el niño, mejor no lo diré mucho para no espoilear, pero hubiera sido imposible en color. Yo me di cuenta cuando me mandaron un material para hacer unas correcciones el negativo estaba en color. De ahí dije, nunca hubiera sido posible haber hecho esa transición entre dos mundos. Y esa escena del niño no estaba en el guion original, o sea, yo sentía que el clímax no estaba funcionando. Se lo platiqué a María y le dije, «María, es una locura, no creo que funcione, pero ¿qué te parece esto?» y ella dijo, «vamos a hacerla». María fue encargada de que se hiciera todo el planteamiento de esa escena.

¿Quieres dejar un mensaje para quienes van a ver la película?

Nada, pues invitar a la gente a que vea esta película en cines, en la pantalla grande, a formar comunidad en una sala, a reunirnos alrededor de una película que está hecha con muchísimo cariño y que creemos que las películas no las hacen solo los cineastas, las hacemos también los espectadores. Entonces, que vayan y que la vivan. Yo, Fernando Eimbcke, estoy convencido de que les va a gustar.

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Junio 25, 2026 • 2 horas atrás por: ElCiudadano.cl 37 visitas 2233519

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