Ann Russell Miller era una mujer de la alta sociedad estadounidense: tenía diez hijos, había cosechado infinidad de amigos, se codeaba con famosos y políticos, le gustaba bucear y vivía rodeada de lujos. El día de su cumpleaños número 61 se despidió de lo que había sido hasta entonces para convertirse en la hermana Mary Joseph. Sus últimos 32 años de vida los pasó en silencio, sin contacto físico y encerrada en un monasterio
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