La soberanía digital en Europa ha pasado de ser un concepto teórico a algo cada vez más tangible y deseable respecto a la tecnología que consumimos. Ya no es solo una tendencia que cada vez más personas individuales están intentando, sino que también se ha convertido en objeto de deseo de administraciones y empresas. El camino para independizarse de las big tech de Estados Unidos no es fácil y mientras que hay startups como Mistral que se forra en el proceso, hay un estado que ha decidido dar un valiente paso al frente: Francia.
En un entorno global donde los datos y la infraestructura son armas geopolíticas, el Gobierno francés a través de la Dirección Interministerial de lo Digital (DINUM), ha lanzado una agresiva hoja de ruta para recuperar el control sobre sus sistemas de información reduciendo así la hegemonía de soluciones tecnológicas extracomunitarias. Y ha empezado por Windows.
La decisión. En un seminario interministerial de alto nivel, la DINUM junto a la ANSSI, la Dirección de Compras del Estado y la DGE formalizaron el compromiso más ambicioso de soberanía digital adoptado hasta la fecha por una potencia europea occidental. O lo que es lo mismo: Francia quiere salir del ecosistema tecnológico estadounidense de forma sistemática, planificada y con plazos concretos. No es un experimento, es política de estado.
La directriz es clara: mapear y reducir la dependencia de proveedores tecnológicos de fuera de la UE. La medida no es un veto sino una transición obligatoria hacia un modelo donde la administración pública debe priorizar soluciones locales o de código abierto, especialmente en servicios críticos y tratamiento de datos sensibles. Como ha declarado el Ministro de Acción y Cuentas Públicas David Amiel: " Ya no podemos aceptar que nuestros datos, nuestra infraestructura y nuestras decisiones estratégicas dependan de soluciones cuyas reglas, precios, evolución y riesgos no controlamos."
Por qué es importante. Desde un punto de ingeniería de sistemas y ciberseguridad, la medida es vital por cuestiones como protegerse frente a la Cloud Act de Estados Unidos, la ley que permite a sus autoridades acceder a datos almacenados en empresas estadounidenses independientemente de dónde estén los servidores. Por otro lado, garantiza que el estado mantenga sus capacidades técnicas necesarias para operar su propia infraestructura sin depender de "cajas negras" propietarias y curarse en salud en caso de cambio de condiciones u otra problemática ajena.
Pero esta migración escalonada es mucho más que un cambio de SO: implica desmantelar todo el ecosistema asociado, certificados y aplicaciones diseñadas para Windows. Supone reconstruir desde la raíz los cimientos digitales del estado para que funcionen con autonomía total y sin piezas extranjeras, sin que la ciudadanía note el cambio en la superficie.
Contexto. Nuestro día a día personal, profesional y burocrático vive en un ecosistema gobernado por hyperscalers, esas empresas tecnológicas como Microsoft, Google o Amazon que dominan el almacenamiento y la computación en la nube. Esta mención no es azarosa: ellas solitas se comen más del 60% del pastel de la nube, como recoge Statista. El aumento de las ciberamenazas y el monopolio tecnológico estadounidense en Occidente y su viraje cada vez más invasivo con la privacidad ajena han hecho el resto.
Francia lleva años madurando la doctrina "Cloud au Centre". Mientras la ANSSI auditaba las dependencias en infraestructuras críticas, su nube soberana se fraguaba como una alternativa real. Además, el marco normativo europeo, con la directiva NIS2 o la ley de ciberresiliencia, ha creado el caldo de cultivo ideal. Con herramientas como Tchap, Visio, FranceTransfert y Socle Numérique (alternativas a WhatsApp, Teams, WeTransfer o Microsoft 365, respectivamente) Francia ya no solo tiene un plan, sino una base operativa real sobre la que escalar.
El plan hacia la soberanía. Ni es un brindis al sol ni tiene medidas vagas y difusas ni fechas lejanas, sino movimientos concretos, tangibles y que o está implementando ya o tiene previsto concluir antes de fin de año:
Sí, pero. Francia dispone de un esqueleto de base y un marco legal, además de coaliciones público-privadas para agilizar la transición a través de unos compromisos públicos concretos y medibles. Pero no será fácil. Salir de Windows implica desmontar Active Directory y lo que lleva detrás, algo que cuesta mucho tiempo y dinero. Y migrar 80.000 agentes a nuevas herramientas no es tanto un problema de tecnología sino de implementar una nueva gestión.
Además, salir a dónde. Muchas soluciones europeas aún no alcanzan la integración, facilidad de uso y capacidad (especialmente en IA) de las big tech estadounidenses, lo que lleva implícito un paso atrás en términos de calidad. Pero aunque fuera posible, salir de una infraestructura propietaria para pasar a una soberana implica una inversión enorme en tiempo, formación de personal y migración de datos. Finalmente, mantener y evolucionar infraestructuras propias requiere de personal especializado y con experiencia en un mercado donde el talento es escaso y caro.
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Portada | Clint Patterson y Arno Senoner
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La noticia
Francia ha empezado a jubilar Windows de su administración. Es el inicio de su divorcio de Microsoft, Google y Amazon
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Eva R. de Luis
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