En conversación con RedGol, Franz "Otto" Arancibia recuerda su carrera. Sus inicios, el no de U. Católica, qué pasó en la Roja y más.
“Desde chico me encantó el fútbol“. Así empezó la aventura de Franz “Otto” Arancibia, exdelantero con pasos por clubes como Magallanes, U. de Chile, Deportes Temuco, y que hoy, en conversación con RedGol, recuerda su carrera.
Aunque amaba la pelotita, sus inicios en el deporte fueron en el atletismo. Ya destacaba por su velocidad. “En el Liceo Lastarria hay una vitrina grande a la entrada, yo creo que la mitad de esas copas son mías. Nunca me gustó, pero en 100 metros, hacía 10 segundos 57“, cuenta.
Quien más tarde sería llamado “Hijo del Viento“, se formó en U. Católica, aunque son recuerdos difíciles. “Quedé e hice tres años en cadetes. Pero pasaban los años y yo no crecía. Siempre del mismo porte, y don Alberto Fouillioux me puso ‘Papelucho’“, relata.
“En el tercer año me echaron, porque yo no crecía. Seguía chico“, cuenta. Se fue, triste, a jugar a Quinta Normal, donde después llegaron veedores de la misma Católica y se fijaron en él. “Mi papá me decía, ‘oye, flaco, están los de Católica”. “No, papá, no quiero nada con Católica“. “Pero escuchémoslos”. Ya, los escuchamos, y conté la misma historia. Me dicen, “sí, pero eran otros tiempos…”, y respondí “no, muchas gracias“, cuenta.

Fue en ese momento donde se le abrieron las puertas de Magallanes. “Entrenábamos allá en Vulco, llegaba todos los días a la casa a las 10 de la noche, porque en la mañana estudiaba en el Liceo Lastarria y de ahí me iba para allá. Pero feliz, feliz”, recuerda.
Ahí veía entrenar a jugadores de la talla de Ivo Basay, Adolfo Nef y Eduardo Vilches. Debutó en 1986 con 17 años. Sin embargo, un tiempo después recibió otro golpe: en 1989, no entró en los planes del entrenador Alfonso Lara y lo mandaron a préstamo.
“Llegué a San Luis de Quillota. En ese tiempo estaba el profe René Gatica. A mitad de año se va el profe, que lo mandan a las cadetes, y llega don Chamaco Valdés. Hicimos un año… Enfrentamos a Magallanes de Alfonso Lara, que me echó: 5-1 ganamos, tres goles míos y dos goles de Robinson Mora”.
En ese momento volvió en gloria y majestad a la Academia, donde estuvo cerca de subir a Primera División. Eso sí, sus mejores recuerdos están en Deportes Temuco, adonde llegó después de una temporada en U. de Chile (1991). “Ahí nació mi hijo, ya yo me había casado. Y la gente todavía allá se acuerda, me mandan cosas, camisetas… Tuve los mejores compañeros, dos años consecutivos peleando la liguilla de Copa Libertadores…”.
Fue ahí donde, además, recibió el llamado de la Roja. “Fueron casi dos meses preciosos que tuve y aprendí muchas cosas buenas como también cosas malas. En las selecciones hay cabrones, pitutos, no son leales con uno. En todos lados se portan mal, tanto como en los equipos como en la selección”, lamenta.

Aunque dice no tener muchos amigos, vive una vida feliz. A sus hermanos, entre los que figura el “Pollo” Arancibia, los ve poco por temas de trabajo. “Pude ahorrar. Tengo dos casas en Temuco y las tengo arrendadas. Y eso que no ganamos tanta plata como ahora”, dice.
Tiene dos hijos: Maximiliano, de 29 años, abogado; y Josefa, de 26, estudiante de Veterinaria y madre. “Ella me hizo abuelo, tengo una nieta de siete años“, celebra con emoción.
Su único lamento es que no pudo jugar afuera. “Me faltó un buen representante“, comenta. Pero estuvo cerca: “Estuve en Suiza, en el St. Gallen, pero de ahí no sé qué pasó. En ese tiempo estaba el presidente Ernesto Esquivel en Magallanes y no sé qué pasó, no quedamos. Estuvimos casi un año y la rompimos, y no sé qué pasó. Yo era cabro y quería puro jugar no más“.
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