Estefanía Medina Manzano
Madrid, 1 may (EFE).- Los dramas familiares, las traiciones amorosas y las venganzas personales ya no son territorio exclusivo de los actores de carne y hueso; frutas y verduras generados por inteligencia artificial (IA) son los protagonistas de las 'frutinovelas', un nuevo formato audiovisual que parodia los culebrones clásicos y acumula millones de interacciones en redes.
En el vertiginoso ecosistema de TikTok e Instagram, el nuevo drama lo protagonizan plátanos musculosos, fresas despechadas y manzanas vengativas.
El galán e infiel Banana Negra contrasta con el personaje de 'La manzana', que representa a la esposa tradicional y conservadora. Conviven con otros como el melocotón Durazgela, una joven ingenua y muy atractiva, o Fresalina, la seductora 'rompehogares' por excelencia.
Las 'frutinovelas' son microdramas que demuestran que la IA está transformando la producción audiovisual. Formatos rápidos de uno a tres minutos de duración que, a pesar de su apariencia cómica y surrealista, replican los códigos del melodrama tradicional y los 'reality shows', acumulando millones de visualizaciones (algunos videos han llegado a los 300 millones).
"Tienen el cóctel perfecto para triunfar porque te enganchas haciendo cero esfuerzo y tapa emociones desagradables que hayamos tenido a lo largo del día" , explica la psicóloga Silvia Álava.
La gran paradoja: Retroceso social a golpe de IA
A pesar de su barniz humorístico, el fenómeno no ha estado exento de polémica. En una era que presume de haber avanzado en perspectiva de género, desterrando clichés y estereotipos que fomentan la desigualdad en las relaciones, las estructuras familiares y la sexualidad, el formato que hoy reina en redes rema exactamente en la dirección contraria.
Lejos de ofrecer modelos modernos, los personajes de las 'frutinovelas' contribuyen abiertamente a la hipersexualización y a los sesgos machistas más rancios.
Las 'frutas femeninas' quedan relegadas a dos arquetipos: la esposa abnegada, sufridora y sumisa (representada por una manzana tradicional) o la villana hipersexualizada, vengativa y 'rompehogares' (una fresa pasional, vestida de forma sugerente).
Por supuesto, los protagonistas masculinos, como el banano, perpetúan el rol de 'bad boy' rudo o el galán mujeriego, cuyas actitudes tóxicas son romantizadas o justificadas por la trama.
Celos extremos, venganzas despiadadas y control de pareja, empaquetados en un formato animado que relativiza su impacto y normaliza relaciones de poder desiguales.
El lado oscuro, un "cerebro frito"
Psicólogos y sociólogos alertan del lado oscuro de las 'frutinovelas' y encienden las alarmas sobre el contenido subyacente de estos vídeos, que vinculan con el fenómeno 'brain rot' (cerebro frito), expresión que se utiliza para aludir a contenidos de internet de baja calidad y al efecto que produce en las personas que los consumen.
Álava alerta de que este tipo de contenidos "hackean la atención del cerebro", crean "encefalograma plano, sin capacidad crítica" y hacen que "nos cueste mucho más concentrarnos en otras cosas o desarrollar una hipótesis de trabajo que implique un desarrollo más elaborado".
El creador del formato original que detonó el fenómeno es William Andrés Rico, un joven estudiante colombiano. Lo que comenzó como un ejercicio universitario para practicar la continuidad narrativa y de escenarios, derivó en el proyecto 'FrutyStory', la cuenta original, que acumula casi un millón de seguidores en Tiktok en apenas cinco semanas.
A diferencia de las millonarias producciones televisivas, el "estudio de grabación" de una 'frutinovela' cabe en un ordenador portátil.
El proceso, replicado ahora por miles de creadores, se basa en un flujo de trabajo con herramientas como ChatGPT, para crear la trama, y programas especializados en creación de avatares y que permiten sincronizar los labios de las frutas con audios generados por IA. EFE
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