SEÑOR DIRECTOR:
En estos tiempos de restricciones presupuestarias, quisiera destacar una interesante posibilidad de ahorro que quizás no ha sido suficientemente explorada, la subejecución presupuestaria.
Hay dos razones para la subejecución: la primera, es el no cumplimiento del gasto de algunos de los ítems del presupuesto y que toda repartición pública debería evitar. La segunda, es qué habiendo cumplido con todos los gastos se produjo un sobrante. ¿Razones? Los precios resultaron más bajos de lo previsto, programas discontinuados, mejor gestión, etc.
No obstante, existe la creencia que la repartición pública sobreestimó su presupuesto, por lo que en la próxima oportunidad será “castigada” con una menor asignación presupuestaria. Por ello se produce una suerte de “fiebre de gasto en diciembre”, para cumplir con los compromisos, pero también por gastar el eventual sobrante porque si no lo gastas lo pierdes. De acuerdo al Observatorio Fiscal en diciembre de cada año se gasta (“apurados”) del orden del 16% del presupuesto.
Mi propuesta a la Dipres es monitorear estos gastos y generar los incentivos adecuados para detener esta obsesión por gastar y así estos sobrantes retornen a la Dipres aumentando con ello los ahorros y la eficiencia del gasto. En una estimación conservadora, estos ahorros podrían ser del orden de US$200 millones de dólares anuales, que por cierto ayudaría a nuestras escuálidas arcas fiscales.
Gastón Concha
Profesor de Gerencia Pública
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