Fuimos al país «patrocinador del terrorismo»

El Ciudadano

Por Dani Neira

El impacto del bloqueo lo empezamos a sentir sin siquiera haber puesto un pie en Cuba.

En el marco de las Brigadas Solidarias —grupos de activistas que desde 1960 viajan a la isla para solidarizarse con el pueblo cubano— y con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo, emprendimos viaje a Cuba el 11 de febrero en pleno recrudecimiento del bloqueo de los Estados Unidos que inició el 29 de enero de 2026.

El objetivo de Trump era evitar que entrara siquiera una gota de combustible, lo que produjo la cancelación de nuestros vuelos. Al bloqueo energético se le sumó un paro de nuestra aerolínea alemana, por lo que tuvimos que reorganizarlo nuevamente.

Cuento corto: luego de 3 días de viaje llegamos a Cuba desde México, cuyo gobierno nos dio facilidades para poder entrar con mayor tranquilidad y rapidez con los insumos médicos y escolares que estaba llevando nuestra brigada.

Al llegar, rápidamente nos topamos con el panorama: calles con pocos autos, largas colas para adquirir combustible o para subirse al poco transporte público que operaba, el incremento de apagones, universidades en modo semipresencial y aún menos turismo del que ya había.

La asfixia estadounidense era visible. La falta de combustible, como en cualquier país del mundo, afectaba de manera drástica al funcionamiento de la sociedad; de eso no hay duda.

Aun así, no se trataba del escenario apocalíptico y catastrófico que los medios occidentales intentan implantar al repetir siempre las mismas imágenes de la basura acumulada en el sector de La Habana Vieja. La gente sigue haciendo su vida, las cosas siguen «funcionando» en la medida de lo posible en esa eterna adaptación de los cubanos a situaciones adversas.

La acumulación de basura sin duda es un problema para los cubanos y a su vez es el gran fetiche mediático de la prensa occidental; la cual, una vez más, aparece con su coreografiada cobertura usando imágenes de las mismas esquinas con basura y con las mismas frases en sus notas.

En dichas coberturas se habla de «escasez de combustible» sin más, como si el combustible haya decidido desaparecer por arte de magia, y explican que la basura se acumula porque: los recolectores no pasan. Es un periodismo brillante.

El bloqueo se muestra como un aspecto secundario; es más, diversos textos reportan que el gobierno le «atribuiría» el problema de la incapacidad de los recolectores de operar por la falta de combustible al bloqueo. «Le atribuiría», como si el bloqueo y las propias frases de Trump en relación a la asfixia energética fueran una especie de rumor o capricho oficialista.

Las palabras importan y los medios de «incomunicación», como diría Eduardo Galeano, saben eso muy bien. No sorprende la sincronía de los medios hegemónicos en empezar a preocuparse por la basura acumulada en Cuba. En muchas favelas de Brasil (país que no sufre bloqueo), donde la acumulación de basura es también un problema serio, también están esperando esa empatía occidental.

Una amenaza a la seguridad de los EE.UU.

En el país clasificado como «patrocinador del terrorismo» por el país que se presenta al mundo como patrocinador de la democracia, nos encontramos con personas que combatieron en Angola y Namibia por la independencia de ambos países y en contra de las fuerzas del apartheid sudafricano; conocimos a los médicos cubanos, conocidos por sus misiones en el combate al Ébola, al COVID-19 en Italia, por programas como la «Operación Milagro», que le devolvió la vista a 4 millones de personas, o que ayudaron a decenas de miles de niños afectados tras el accidente nuclear de Chernóbil. Todo eso de manera absolutamente gratuita para los pacientes.

En este país «patrocinador del terrorismo» también conocimos el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), en donde el biólogo Manuel Raíces Pérez Castañeda nos habló acerca de la importancia de entender la salud de las personas como bien sagrado, siempre por encima de las lógicas de mercado.

«Los que te están asfixiando son los que luego te dicen que tu sistema de salud no está funcionando», nos decía Pérez Castañeda, quien trabajó toda su vida en circunstancias sumamente adversas debido a un bloqueo que les impide importar materia prima para los medicamentos. Un bloqueo que amenaza a todo aquel que use sus productos cubanos, o que incluso se refleja en cosas tan simples como la dificultad de acceder a papers científicos, entre otras cosas.

Un ejemplo que ilustra claramente las dificultades a las que Cuba ha sido sometida durante 64 años es el de las vacunas de COVID-19, de las cuales el país creó 5, pero tuvo problemas para vacunar a la población porque el bloqueo le dificultaba el acceso a agujas.

Podría dar muchísimos ejemplos de lo que presenciamos en este país, forjado en valores internacionalistas. Un país que nunca dudó en ofrecer ayuda a los más diversos rincones del planeta, sin esperar ningún interés a cambio. Incluso a los propios Estados Unidos, después de huracanes como el Katrina en 2005, Cuba ofreció 1.610 médicos, una oferta que fue rechazada por los estadounidenses.

La soberanía no está en debate

Hablamos de un país latinoamericano pobre y pequeño, marcado por siglos de colonialismo y que luego fue convertido en la práctica en un casino y un prostíbulo de las mafias estadounidenses, gobernado por tiranos serviles al neocolonialismo estadounidense, como Fulgencio Batista.

Lo que mucha gente parece no entender (o no querer entender) es que la soberanía de Cuba se inserta en este contexto. La soberanía es innegociable, independientemente de las opiniones que se tengan sobre el gobierno. Ese mismo entendimiento es el que constatamos entre la mayoría de los cubanos con los que tuvimos contacto en La Habana.

Fuera de ese plano, nos encontramos con todo tipo de respuestas: personas que hablaban pestes del gobierno actual y de Díaz-Canel; otras que se mostraban empáticas ante la mala suerte del gobierno, después de tantos huracanes y ciclones de gran intensidad, la pandemia y el recrudecimiento del bloqueo; y quienes seguían apoyándolo firmemente.

De la misma manera, pudimos presenciar el extendido apego a la figura de Fidel, incluso entre personas que aborrecían al gobierno y a su líder Díaz-Canel. Las reacciones al preguntar por el líder revolucionario eran llamativas, casi siempre alegres, como si estuvieran recordando a un pariente querido. Esto también nos mostró que existen claras brechas entre lo que representa la Revolución y lo que significa el gobierno.

«¿Ves? El socialismo no funciona»

Cuba es un país en guerra. En Cuba no hay normalidad porque en Cuba no puede haber normalidad: el funcionamiento y la prosperidad de la isla son un riesgo para los Estados Unidos. Por lo mismo, desde el triunfo de la Revolución la mayor potencia militar y económica del planeta y de la historia de la humanidad ha hecho todo lo posible para evitar el desarrollo normal de un proyecto alternativo.

Desde la Revolución hasta hoy, Cuba ha sufrido cientos de ataques terroristas, atentados en hoteles, secuestros de aviones y quema de cosechas, entre otros. Es más, el 25 de febrero, mientras estábamos en la isla, una lancha proveniente de EE. UU. con diez personas armadas ingresó en aguas cubanas disparando, lo que dejó cuatro muertos de la lancha agresora y seis capturados, así como armamento militar incautado.

Hacer un diagnóstico sobre el funcionamiento del socialismo en Cuba en estas condiciones es imposible desde esta óptica de agresión y asedio imperialista constante. Ningún país del mundo podría desarrollarse con normalidad bajo un estrangulamiento similar, menos aún un pequeño país pobre en el Caribe.

No obstante, sigo pensando en las palabras de la economista Gladys Hernández, quien le brindó una charla de economía a nuestra brigada. Ante la pregunta acerca del funcionamiento del socialismo cubano en circunstancias tan adversas, respondió: «El hecho de que hayamos resistido los ataques y el bloqueo de la mayor potencia del planeta durante tanto tiempo nos muestra que ha funcionado».

El bloqueo no es mera retórica, sino que impacta directamente el día a día de las personas de manera cruel y humillante: es la mujer sin toalla menstrual, el hospital sin insumos médicos y el joven estudiando a oscuras con una linterna. Es estar en un grupo con gente de 60 y de 18 años y que alguien diga: «Todos nosotros no conocemos la vida sin bloqueo».

Ya son 33 las veces que la Asamblea General de la ONU ha votado contra el bloqueo, con abrumadora mayoría, con la excepción, por supuesto, de los Estados Unidos.

Estados Unidos quiere que veamos a Cuba frágil, inestable, pobre, deteriorada y sucia. Incluso pienso en que, más que intervenirla, quieren mantenerla así. Para que nuestra asociación con el socialismo sea esa: las calles con basura, los edificios deteriorados, la escasez. Y no esa Cuba potencia olímpica, esa Cuba con derechos universales, esa Cuba internacionalista y esa Cuba que exporta médicos, que desarrolla vacunas contra el cáncer, que alfabetiza, que tiene una de las esperanzas de vida más altas del mundo.

Menos aún que veamos en el socialismo una posibilidad de prosperidad: por eso a China o la esconden o la tildan de capitalista.

Solo deseamos que Cuba deje de ser un ejemplo de socialismo de resistencia para pasar a ser un ejemplo de socialismo de prosperidad. Por eso hoy y siempre: fin al bloqueo.

Dani Neira
Foto Portada: Estefania Henriquez Cubillos.-

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Marzo 3, 2026 • 2 horas atrás por: ElCiudadano.cl 33 visitas 1845595

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