Lara Malvesí
Barcelona, 29 ago (EFE).- Convertir la biografía del artista jienense Jimmy Millán en un menú degustación era el reto del chef francés afincado en Barcelona Gio Esteve, a los mandos junto a Rodrigo de la Calle del restaurante Virens, en el hotel Almanac.
El veterano cocinero pasó horas entendiendo la vida del artista para proponerle platos que se ajustaran a cada episodio vital. Y Jimmy Millán dejó al lado el pincel y los lienzos para sustituirlos por el torno y las vajillas, una colaboración dentro de la iniciativa 'Almanac Goes Art'.
"Le dije: Jimmy cuéntame tu vida y a partir de ahí, plato a plato, fuimos dando con el concepto y la propuesta gastronómica", ha explicado a EFE Esteve, que entre los muchos restaurantes en los que ha adquirido experiencias figura el icónico El Bulli.
Nacido en la pequeña ciudad de Saint-Émilion (Burdeos, Francia), el cocinero lleva más de dos décadas viviendo en la región mediterránea. Su talento combina la formación de un gran chef francés con una profunda apreciación de los matices de la tradición culinaria catalana.
Defensor del kilómetro cero -recuerda que fue el primer chef de la capital catalana en plantar un huerto para restaurante- ha querido priorizar la materia prima mediterránea a la hora de elaborar los platos, aunque ha tenido guiños para el periplo internacional del artista.
En el menú hay puerros, pescado de roca, guisantes del Maresme y hasta miel de Tarragona.
El resultado de la singular colaboración es un espectáculo de 'showcooking' en el que el dúo va presentando una por una las elaboraciones y que solo una decena de personas pueden disfrutar en Barcelona una vez al mes en el restaurante Virens.
El viaje por la vida del artista de Jaén lleva inevitablemente a su tierra, pero también a Londres y a Corea, donde es uno de los artistas españoles con más renombre.
Una mezcla de referentes geográficos que dan como fruto un menú de siete pases que arranca con un puerro con salsa coreana que simboliza la ruptura de Millán con una vida y una profesión que no le llenaban y sigue con una sopa de calabacín y alga que recuerda la primera exposición en la capital británica del artista.
El menú sigue hablando de su siguiente expansión internacional, Seúl, con un tártar de salmonetes y una lechuga a la plancha que en su día el maestro Ferran Adrià enseñó a Esteve.
El periplo biográfico sigue con un guiso de garbanzos y anguila ahumada que "huele" a consolidación artística, continúa con la intensidad del rabo de vaca vieja y finaliza con el postre, de chocolate y fruta de la pasión.
Pero el comensal aprende pronto que lo que se sirve es solo la mitad de la historia. En el plato, como recipiente con diseño artístico, también hay mucha información, cuenta Millán, que realizó a mano la vajilla que se sirve junto a unos maestros alfareros de su tierra, la de Alfonso Góngora.
De entre toda la loza, destaca la pequeña olla esmaltada en la que sirve un guiso, el clásico rostro de trazos de colores dibujado por Millán en el plato de postre o el cuenco redondo en cuya base roja "siempre se puede volver a ver la puesta de sol si uno come lo suficiente".
El pintor ha reconocido que nunca imaginó que se involucraría de este modo con el proceso de cocinado. "Yo era el de las latas, el del tupper de mamá. Pero ahora me ha entrado el gusanillo", confiesa.
"Sin duda, he aprendido del chef y su equipo su búsqueda de la perfección, el método y la disciplina con la que trabajan. Es inspirador", ha manifestado el artista. EFE
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