No es difícil concluir que el mayor daño mediático al gobierno de Gabriel Boric lo produjo el exministro Manuel Monsalve. De un plumazo quedó dañada la agenda de seguridad, la agenda feminista radical y hasta la “pureza” del presidente (ver Inocentes al poder, de Mansuy). Incluso, la imagen de los “adultos a cargo” del PS salió trasquilada.
Lo que resulta interesante es que la segunda mayoría en cuanto al poder destructivo se la lleve el también exministro Giorgio Jackson. Parecería exagerado crucificarlo de esa manera por el fracaso escandaloso del gas rosado de 2022 (cada cilindro de 15 kg de “gas a precio justo” le costó al Estado 117 mil pesos, precio ref. 23 mil, mientras Jackson prometía vender a 15 mil), y el robo de computadores y una caja fuerte realizado en 2023 por quienes se identificaron como sus “sobrinos” (¿Hugo, Paco y Luis?). Es verdad que el contexto del robo era altamente polémico (había reventado el caso Convenios, que involucraba tanto a Desarrollo Social como a Vivienda y Urbanismo, además de a Revolución Democrática), y que todos los elementos para elaborar teorías conspirativas involucrando a Jackson estaban sobre la mesa, pero nadie logró probar nada. Y cada vez que Jackson se defendió de acusaciones, salió airoso.
¿No merece, entonces, tanta culpa? Probablemente no por los casos mencionados. Al revés de lo que Jackson reconoce en su impostada “autocrítica” (ver el análisis de Guillermo Pickering al respecto, así como “Carta del apóstol Jackson”, de Josefina Araos), los dramas principales de este gobierno no nacieron tanto de su incapacidad de gestión (donde destacaron, en promedio, por una frívola mediocridad), sino de sus tesis políticas. Exactamente la posibilidad a la que el exministro no quiere siquiera asomarse, al ser uno de sus principales ideólogos.
¿Cuáles son esas tesis? Primero, la más importante, la excepcionalidad moral, y por ello política, del Frente Amplio. La falla de la Concertación fue, según ellos, moral: fueron tentados por el dinero y el poder. Cedieron a la materia. Se vendieron al Demiurgo. Segundo, derivado de la tesis anterior, el diseño de los círculos políticos concéntricos, según merecimiento moral: en su infinita compasión, el FA crearía una especie de purgatorio dentro del pacto de gobierno. Ahí irían los PS y los PPD arrepentidos. Shame, shame, shame. Tercero, la idea de que el gobierno debía jugar al todo o nada con el plebiscito constitucional del 4 de septiembre de 2022. Ese día sería una hoguera de las vanidades, el juramento en la cancha de tenis donde los buenos alzarían sus brazos y los impuros los cruzarían. Ah, pero si el plebiscito del 2020 fue como el Domingo de Ramos para Jackson y sus amigos “con cara de pesebre” (Alfredo Jocelyn-Holt), el de 2022 fue su Monte de los Olivos (u Oliva). Un desfile de demolición.
Detrás de todas estas ideas está la convicción profunda, misionera, geométrica, salvífica y maniquea de que él mismo y sus compañeros, pero sobre todo él, portan una pureza irrefrenable en sus corazones, que quiere derramarse sobre un mundo hostil y malvado, corrompido por la ambición y el lucro. El problema de Giorgio Jackson, y de muchos en nuestra izquierda, es su poscristianismo desquiciado. Ya lo decía Chesterton en Ortodoxia: “El mundo moderno está lleno de viejas virtudes cristianas que se volvieron locas…, porque se aislaron entre sí y vagan solitarias… Así, algunos científicos se preocupan por la verdad, y su verdad es despiadada. Así, algunos humanitarios se preocupan por la piedad, y su piedad (lamento decirlo) es a menudo mentirosa”.
La idea de una piedad mentirosa es fundamental para comprender tanto los abusos de todo tipo realizados por algunos miembros del clero, como los cometidos por algunos representantes políticos. Hay algo muy oscuro, gnóstico y rasputinesco en las monsergas sociales beatas, culposas y manipuladoras. Dostoievski captura la idea en el diálogo de “El gran inquisidor”, contenido en “Los hermanos Karamazov”.
¿Cómo se sana el supremacismo moral? Algunos padres de la Iglesia acudían al desierto. El mismo lugar al que muchos chilenos invitan a Jackson a residir, Dios sabe hasta cuándo.
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