Madrid, 10 mar (EFE).- La organización ecologista y pacifista Greenpeace desplegó este martes una gran lona en la Puerta del Sol de Madrid con el lema 'No a la guerra" para protestar contra la grave crisis bélica desencadenada por el ataque de Israel y EE.UU. contra Irán.
"Perdón si nuestras palabras son extremadamente polarizantes, quizá nos ha radicalizado la decencia más básica, pero creemos que la guerra está mal. NO A LA GUERRA", justificó en un mensaje en la red social Bluesky, donde publicó un vídeo de esta acción.
En las imágenes se ve cómo cuatro activistas se descuelgan por la fachada de uno de los edificios de la Puerta del Sol, unas de las plazas más emblemáticas del centro histórico de Madrid, ante la mirada de decenas de curiosos.
En un comunicado, Greenpeace explica que recupera el 'No a la guerra', el lema que movilizó en España a millones de personas contra la invasión de Irak por EE.UU. en 2003, para exigir "respeto al derecho internacional y el regreso a la diplomacia para frenar la escalada militar en Oriente Medio".
El lema se extendió rápidamente entre sectores diversos de la sociedad española cuando el presidente del Gobierno, el socialista Pedro Sánchez, lo pronunció el miércoles pasado para oponerse frontalmente a la operación militar contra Irán, pues considera que viola la legalidad internacional.
"Las bombas, los ataques militares y las invasiones nunca traen paz: desestabilizan regiones enteras, multiplican el sufrimiento, cuestan la vida de civiles inocentes y destruyen el planeta. Nada justifica bombardear escuelas, hospitales o viviendas", asegura Eva Saldaña, directora ejecutiva de Greenpeace en España y Portugal.
Según la dirigente ecologista, hacer creer que más bombas llevarán la estabilidad o los derechos que han sido negados al pueblo iraní durante decenios "es, sencillamente, ignorar las lecciones de la historia reciente", y "los Gobiernos y líderes del mundo tienen el deber moral de oponerse a este atropello contra el derecho internacional, la paz y la estabilidad del mundo".
"Esta atmósfera bélica es el resultado de un sistema que antepone el beneficio de unos pocos (la industria fósil y armamentística, entre otros) a la vida de la mayoría", manifestó.
Greenpeace recuerda, además, que las guerras no solo atentan contra la vida, también dejan profundas cicatrices en el planeta que perduran durante generaciones: arrasan los bosques y los campos de cultivo, degradan los suelos y envenenan las reservas de agua, destruyen ecosistemas, aceleran la crisis climática y la población más vulnerable es la que paga el precio más alto. EFE
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