José Luis Córdova. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 15/6/2026. Décadas atrás los periodistas sólo se dedicaban a investigar e informar sobre los hechos y nunca habrían intentado reemplazar las labores de un reportero gráfico o de un locutor radial. Grandes del lente en diarios y revistas como Bibi De Vicenzi, Pancho Silvestre, Enrique «loco» Aracena, “Pichanga” Muga, Huguito Donoso jamás lo habrían permitido y a reporteros como Eugenio Lira, José Gómez López, “Negro” Jorquera nunca habrían planteado suplantar a Pepe Abad, Sergio Silva o Adolfo Yankelevich.
Asimismo, varios grandes periodistas de la prensa y la radiodifusión no consiguieron superar las vallas para pasar a la televisión, así como hoy “influencers” y figuras del Tik Tok, streaming, los reels y otras plataformas quedan en el camino entre los canales tradicionales y las actuales redes sociales.
Con los avances tecnológicos se fue imponiendo la polifuncionalidad, es decir, que los periodistas no sólo tenían que cubrir los hechos noticiosos, sino también captar las imágenes correspondientes, es decir, lisa y llanamente suplantar a los gráficos. Dos por uno.
Hoy en día la polifuncionalidad de los periodistas en televisión abarca desde el reporteo, la locución, la investigación, las entrevistas, el comentario y hasta la opinión sobre el acontecimiento del que informan. Es decir, traspasando géneros periodísticos y roles en la comunicación audiovisual contemporánea.
La amplia gama de capacidades y especializaciones que exigen estos roles -a menudo ejercidos simultáneamente- reducen las posibilidades de una cobertura a fondo, ecuánime y realmente eficaz comunicacionalmente. Hay periodistas buenos investigadores, otros buenos lectores de noticias, unos pocos comentaristas de fuste, pero no todos merecen la posibilidad de opinar sobre los hechos descritos o narrados en cámara.
Entre los más opinantes -algunos no periodistas profesionales, meros comunicadores- destacan Tomás Mosciatti, José Antonio Neme, Rodrigo Sepúlveda, Mónica Rincón, Julio César Rodríguez, Iván Núñez, Mónica Pérez, Iván Valenzuela, Constanza Santa María, Priscila Vargas, José Luis Repening y Carla Zunino a quienes más bien les corresponde entretener, animar en lugar de informar.
Mientras, entre los mejores lectores de noticias están Ramón Ulloa, Macarena Pizarro, Mauricio Bustamente, Juan Manuel Astorga, Patricia Venegas y Mónica Sanhueza. Someros y afables entrevistadores son Eduardo Fuentes, Carolina Urrejola, Andrea Aristegui, Fernando Paulsen, Soledad Onetto, Consuelo Saavedra y Daniel Matamala. Este último -curiosamente- tiene dos caras: sus columnas semanales en La Tercera son política e ideológicamente diferentes a sus posturas públicas a través del canal de televisión donde se desempeña.
Recordemos con nostalgia a personalidades que sed jugaron por la democracia desde las comunicaciones como Sergio Silva, Patricio Bañados, René Largo Farías y más tarde otros personajes claramente progresistas y democráticos como Ricarte Soto, Felipe Camiroaga, Mauricio Jurgensen y Rafael Cavada -que aparece sólo los fines de semana en cámara.
La polifuncionalidad podría llegar a ser una virtud, pero se convierte en un lastre si ninguna de las especialidades asumidas se hace con imparcialidad y criterios éticos. Hemos abordado anteriormente la tendencia a enfrentar, emplazar a los entrevistados por parte de algunos “rostros” de los canales. Asimismo, bromas, comentarios fuera de foco y otros gestos o frases revelan la falta de profesionalismo de estos.
Todo indica que la especialización será cada vez más exigente ante los desafíos de las redes sociales y plataformas digitales que desnudan las falencias profesionales de periodistas y comunicadores ante las cámaras de la televisión chilena.
La entrada HABLEMOS DE LA TELE. La polifuncionalidad se publicó primero en El Siglo.
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