Stanley Kubrick, uno de los directores más exigentes de la historia del cine, fue incapaz durante toda su vida de dejar de hablar de una película, hasta el punto de que "habló con entusiasmo de ella hasta poco antes de su muerte". No era un clásico absoluto del Hollywood clásico, ni uno de esos capítulos impepinables en los libros de historia del cine, sino la obra de un cineasta italiano prácticamente desconocido para el gran público.
Lo dice quien sabe. Anthony Frewin trabajó como asistente personal de Kubrick entre 1965 y 1999, salvo pequeñas interrupciones en algunos momentos de los setenta. Nadie conoció mejor que él los gustos cinematográficos del director, como demuestra en una entrevista donde afirma que Kubrick "estaba en general muy decepcionado con el cine de Hollywood". Lo que le interesaba era otra cosa: directores internacionales que cuestionaran las convenciones del medio y buscaran nuevas formas de expresión.
Su favorito. Entre todos esos filmes, uno ocupaba un lugar aparte. Según Frewin, a Kubrick le "entusiasmó" durante décadas 'La batalla de Argel', de Gillo Pontecorvo. La primera vez que este asistente empezó a trabajar para él Kubrick ya le comentó que era imposible entender lo que el cine podía hacer de verdad sin haber visto esa película. Y seguía diciéndolo hasta poco antes de morir, en 1999.
Qué es 'La batalla de Argel'. Ganadora del León de Oro en 1966 en el Festival de Venecia, recibió tres nominaciones al Oscar. Gillo Pontecorvo la rodó en blanco y negro, en las calles reales de la Casbah de Argel, con miles de extras locales y un puñado de actores no profesionales. El resultado fue tan convincente que los anuncios de la película avisaban de que las imágenes no procedían de archivos documentales. La película reconstruye los años más intensos del conflicto argelino contra la colonización francesa, entre 1954 y 1957. Pontecorvo la basó en las memorias del comandante del FLN Saadi Yacef, que además actuó en el propio film interpretando un personaje inspirado en sí mismo.
El director pasó un mes entero haciendo pruebas antes de rodar una sola escena, usó múltiples cámaras para que las multitudes parecieran más grandes y llegó a repetir algunas tomas más de veinte veces para conseguir que los actores quedaran exhaustos. La música, firmada por Ennio Morricone, coquetea con la percusión tradicional norteafricana y las marchas militares tradicionales. Y finalmente, la película destaca por su negativa a ofrecer una perspectiva moral clara: tanto los guerrilleros del FLN como los paracaidistas franceses cometen atrocidades, y nadie hace el papel de héroe inequívoco.
Qué le veía Kubrick. En una entrevista que recoge el mencionado artículo, Kubrick comentó que "todos los filmes son, en cierto sentido, falsos documentales. Uno trata de aproximarse a la realidad tanto como puede, pero no es la realidad. Hay personas que hacen cosas muy inteligentes que me han fascinado y engañado completamente. Por ejemplo, 'La batalla de Argel'. Es muy impresionante." Frewin añadió un detalle: el director llegó a decir que 'La batalla de Argel' y 'Danton' de Andrzej Wajda eran los dos únicos filmes que hubiera deseado haber dirigido.
Paralelismos con su cine. Sobre todo desde el punto de vista temático, la influencia de 'La batalla de Argel' en el cine de Kubrick es indiscutible: 'Senderos de gloria' examina la mecánica de la jerarquía militar y la corrupción que genera, y 'La chaqueta metálica' divide su relato en dos puntos de vista casi incompatibles para mostrar que la guerra no tiene una sola cara. En ninguna de esas películas hay un protagonista que triunfe moralmente, y en ese sentido, Pontecorvo y Kubrick compartían que el cine bélico no debe generar catarsis sino incomodidad.
En el Pentágono. La influencia de 'La batalla de Argel' excede el ámbito cinematográfico. En agosto de 2003, la Dirección de Operaciones Especiales del Pentágono organizó una proyección del film para altos cargos militares y civiles. El folleto de invitación decía: "Cómo ganar una batalla contra el terrorismo y perder la guerra de ideas. [...] Los franceses tienen un plan. Funciona tácticamente, pero fracasa estratégicamente." El trasfondo era la ocupación de Irak: el ejército estadounidense buscaba claves para entender por qué las victorias militares no se traducían en estabilidad política.
No fueron lo únicos: los Panteras Negras usaron el film como material de formación en los años sesenta. El IRA también lo estudió. La inteligencia argentina lo empleó en los setenta, con propósitos radicalmente distintos. Y hoy día, se proyecta regularmente en West Point, en la Naval War College y en el Centro de Combate al Terrorismo de la Academia. En el mundo del cine, Nolan lo citó como influencia cuando estrenó 'Dunkirk' y (2017) y 'El caballero oscuro: La leyenda renace'.
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La noticia
"Habló con entusiasmo de ella hasta poco antes de su muerte": Kubrick estaba obsesionado con esta obra maestra del cine bélico
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John Tones
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